El modelo de Escuelas Inclusivas de Tiempo Pleno pretenden lograr una educación distinta a la tradicional, pasar a un modelo donde todos sean parte del proceso educativo.

Foto: Alyson Hernández

Desde el 2008 se inició lo que hoy se conoce como Escuela Inclusiva de Tiempo Pleno (EITP). Han pasado tres gobiernos presidenciales y la apuesta sigue siendo ampliar el programa a más escuelas.

Las Escuelas Inclusivas de Tiempo Pleno son una propuesta de innovación educativa que busca, como expresa el documento de sistematización de las EITP,  “transformar el estilo de aprendizaje de los estudiantes, ya que el aprendizaje mismo se basa en experiencias y reflexiones identificadas en el contexto”.

El programa pretende desarrollar las competencias necesarias para emitir juicios, esto significa generar conciencia crítica que integre valores y los comprometa con la realidad de donde viven. Es importante destacar que el término “tiempo pleno” nace con la intención de extender la jornada escolar de 25 a 40 horas semanales.

Los fundamentos de las EITP están en varios documentos elaborados desde el Gobierno Central. En primer lugar, el Plan Social Educativo “Vamos a la escuela”, presentado durante la gestión 2009-2014, hizo el primer esbozo del programa y sus aspiraciones.

Lo anterior, de acuerdo a Francisco Quintanilla, del Ministerio de Educación (MINED), surgió de la mezcla de la experiencia obtenida por la Cooperación Italiana en el Centro Escolar República de Haití, con la experiencia observada por técnicos del MINED en Argentina y Uruguay.

Según los ejes estratégicos del Plan Nacional de Educación 2014-2019, las EITP pretenden lograr “una sociedad educada que tenga claridad meridiana de aquellos saberes y capacidades que son fundamentales para su (de los estudiantes) desarrollo intelectual, político y productivo”. Es decir, procura un acceso universal a la escuela, dejando de lado cualquier distinción.

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A finales de 2016 se presentó un documento de sistematización sobre las EITP en el país. Establece medidas claras a seguir para su implementación y responden a las necesidades y carencias del actual modelo de escuela regular: profesionalización docente, educación desde la primera infancia, sistema nacional de evaluación educativa, ambientes escolares agradables, equidad e inclusión de género, dinamización del currículo, creación de conocimiento e innovación, educación para adultos y una reforma institucional y de la legislación vigente.

Óscar Picardo Joao, director del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia (ICTI-UFG) dice que el programa es un modelo bueno, es el mismo que emplean las escuelas bilingües, con un horario ampliado. “Una cosa es que el modelo funcione en Italia o en Europa, pero acá tenemos problemas muy serios”, asegura.

El año 2016 cerró con una matrícula de un millón 46 mil 946 estudiantes. El 86% de estos en el sistema público, repartidos en 5 mil 212 escuelas a nivel nacional. Solamente 213 centros escolares tienen financiamiento para aplicar el modelo, el resto no.

Picardo señala que los problemas del sistema educativo salvadoreño que chocan con el modelo de EITP son tres: el sistema está fragmentado en turnos, los docentes no están capacitados en materias especiales (artística, educación física, etc.) y la alimentación. Quintanilla agrega que hacen falta modificaciones de infraestructura en los centros educativos.

Para Quintanilla, las EITP resultan “una experiencia interesante pero insostenible para el país”, sólo en la escuela República de Haití se invirtieron más de dos millones de dólares en infraestructura e implementación de talleres. Un gasto imposible para todo el sistema, teniendo en cuenta la disminución del presupuesto que este año sufrió el MINED.

Si calculamos con base en las 5 mil 212 escuelas públicas a nivel nacional, se necesitan 10 mil 424 millones de dólares sólo para este proyecto, cuando el presupuesto de educación para 2017 ronda apenas los 942 millones de dólares.

Escuela popular, escuela integral y escuela inclusiva

Foto: Alyson Hernández.
El centro escolar público de San José las Flores, Chalatenango, cuenta con infraestructura construida a través del trabajo de la Escuela Popular, y en el proceso educativo y de recreación incluye a todos los estudiantes por igual. Foto: Alyson Hernández.

El centro escolar de San José las Flores nació en 1986 con la repoblación del municipio. No fue fundado por el MINED sino por la misma comunidad, respondiendo a la necesidad de brindar educación a los niños; aquí nació la escuela popular con sus maestros populares.

Al finalizar el conflicto armado en 1992, la Escuela Popular sobrevivió hasta 1997 con maestros populares que no estaban debidamente acreditados. Fue a partir de 1998 que dichos maestros terminaron de cursar tercer ciclo, bachillerato y carreras universitarias. Nelson Orellana, director del centro escolar de San José Las Flores recuerda que el MINED los absorvió después de descubrirlos, pues el gobierno asumía que en ese municipio no había escuela.

Desde el año 2000 pasaron al sistema de Educación con Participación de la Comunidad,  EDUCO, diseñado para descentralizar la administración de la educación, pues bajo ese modelo, la comunidad se encargaba de la contratación de maestros.

La escuela de San José las Flores cuenta con una planta de 14 docentes. 13 de ellos provienen de la histórica escuela popular y son originarios del repoblado municipio. Sólo uno proviene de Guarjila, una comunidad también repoblada, lo que hace que compartan visiones y objetivos para encaminar el trabajo que realizan.

Tanto Nelson Orellana como Salvador Serrano, otro profesor proveniente de Guarjila, comparten la idea de que la escuela siempre ha sido inclusiva, ya que desde el momento de su fundación enseñaban a todos los niños, teniendo en cuenta las diferentes procedencias al ser una comunidad repoblada; sin hacer distinciones, tal y como ambos lo dicen, “la escuela se debe a la comunidad y la comunidad a la escuela”.

Desde que empezó a funcionar como escuela popular, poseían características de una escuela de tiempo pleno, puesto que desarrollaban talleres y clases de refuerzo y trabajaban con un horario extendido.

En 2011 llegó el programa formal de EITP a San José las Flores. Tras consultarlo entre ellos, todos aceptaron ser parte de las escuelas del departamento de Chalatenango que implementarían en un primer momento las EITP. Participaron en foros donde se les prometió mejoramiento de la infraestructura, aumento salarial, capacitaciones, centros de cómputo y almuerzos para los estudiantes. Seis años después, manifiestan que sólo fueron promesas.

La escuela ha mejorado su infraestructura, implementado talleres y obtenido equipo con apoyo de la Cooperación Internacional y la comunidad. Durante estos seis años han trabajado ad-honorem y manifiestan que lo hacen porque se deben a su comunidad. “Nuestra filosofía de educación popular se mantiene”, afirma Nelson Orellana, “nosotros nos debemos a nuestros niños porque son parte de nuestra familia, porque la escuela es nuestra otra casa”, agregó Salvador Serrano.

Durante estos años han impartido diversos talleres, muchos de ellos sin una capacitación previa, pero sí con la voluntad de formar a los niños integralmente. Los talleres que mayor éxito han tenido son los de: huerto escolar (este comprende una granja, un estanque de cultivo de tilapias y la siembra de vegetales), artes plásticas (es el taller encargado del mural), jardinería y refuerzos académico. 

Pese a las dificultades que plantea sostener una escuela que implementa el modelo inclusivo de tiempo pleno, casi sin apoyo del MINED, este equipo se ve enfrentado a la desilusión y el cansancio o a la frustración de no ser compensados económicamente por su trabajo extra. Sin embargo, su compromiso está presente: ser una escuela de educación popular que no deje de lado su historia repoblada y que brinde a los estudiantes las mejores herramientas posibles para desarrollar sus competencias.

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