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Lo impresionante y privado de El Salvador

Por Karla Argueta
Colaboradora

Cuando escucho los típicos comentarios de que El Salvador es un destino turístico con lugares bellos y extraordinarios, lo creo…a veces. Debo confesar que las imágenes lucen paradisíacas, en ocasiones, aunque también sé que casi cualquier cosa puede lucir hermosa con una buena técnica fotográfica. Lo que no creo es que todos los salvadoreños tengan el mismo acceso a esos sitios de los que habla el Ministerio de Turismo y los medios de comunicación. Como si el Patrimonio Nacional fuera un par de lentes Gucci o un perfume Lacoste, algunos lugares turísticos solo pueden costearlo quienes tienen un presupuesto familiar holgado.

El Lago de Coatepeque, ubicado al sur del departamento de Santa Ana, tiene de público lo que de limpio tiene San Salvador. El 80% de sus riberas son privadas, según un estudio del Ministerio del Medio Ambiente. Los restaurantes, que no son muchos, y las villas de recreo -conocidas como ranchos-, más de 500, no solo bordean el lago, sino que impiden el acceso a la playa a cualquiera que no sea dueño de alguna propiedad. Así, cualquier familia que decida emprender camino hacia el lago, porque hizo caso al consejo del Ministerio de Turismo de que El Salvador es impresionante, se topará con la sorpresa de que si no tiene o no rentó un rancho habrá gastado gasolina o pasaje de bus en vano.

Pero un momento, ¿y los restaurantes? Esos no hay que rentarlos, solo hay que consumir en ellos, y de paso “tendrá el lago bajo sus pies”, como dice en su página web uno de los hoteles y restaurantes más famosos en Coatepeque. Sin embargo, hay que ser muy ingenuo para pensar que los establecimientos privados de comida representan una solución para las familias que ganan el salario mínimo: $158.

Si una familia de cinco miembros decidiera darse el lujo de comer en alguno de los restaurantes que bordea el lago, gastaría por una comida “modesta”, con los platillos y bebidas más baratas de la carta, un tercio del salio mínimo. Pero no todo es tan triste, esos $50 aproximadamente, que corresponden a los gastos de una semana, le dan el derecho a la familia de darse un chapuzón en las piscinas del lugar y de tomar un bronceado en las instalaciones.

¿Alguien sigue pensando que en el lago de Coatepeque el turismo es para todos? En él, ni la playa, que es por Constitución propiedad del Estado, es un destino turístico. Sí es cierto que hay algunos pasajes por los que se puede llegar hasta la orilla del lago, pero por ahí los caminos ya no lucen tan bonitos como en la televisión y en la prensa, y al final del camino la playa es limitada por un muro de la propiedad vecina. Los salvadoreños pueden “disfrutar” de esos pequeños espacios públicos mientras alguien no compre por una cifra jugosa el terreno.

El otro lugar “público” para el deleite de los salvadoreños es el viejo Centro Obrero, administrado por el Ministerio de Trabajo. Pero para ir a ese, hay que pedir permiso primero. ¿Qué de público tiene el lugar entonces?

En fin, mientras unos cuantos disfrutan y se lucran de un patrimonio de más de cinco millones de salvadoreños, los demás deben asistir a los turicentros de siempre, donde tener un rancho y más $50 en el bolsillo no es un requisito. Definitivamente, El Salvador es impresionante.