Santa Ana y su calvicie
Por
Rodrigo Godoy
Periodista
Santa Ana se expande. No en manera de conquista, sino en grandes colonias que se afincan en los alrededores para cubrir las necesidades habitacionales de la población. Pero al no tener un crecimiento controlado que sea sostenible con el medio ambiente, disminuyen las zonas verdes por completo.
|
Foto: Rodrigo Godoy |
Las fincas de café dieron paso a las áreas con calles y comunidades. |
|
Rebeca de López tiene siete años de vivir en Santa Ana Norte, urbanización en el km.70, camino a Metapán. Decidieron, junto con su esposo, vivir en las afueras del casco urbano santaneco por el presupuesto. “Cuando se comienza un hogar no es fácil económicamente”, relata, mientras se abanica y termina de acomodar una silla giratoria frente a una computadora en el garaje, donde tienen tres máquinas que funcionan como ciber café. La casa carece de jardín. En el patio construyeron un tercer cuarto para su hijo mayor que, por sus 16 años, piensan que necesita privacidad.
Al igual que los López, muchas familias optan, por razones económicas, a viviendas de interés social que tienen solo lo necesario para vivir y con acceso a los servicios básicos: agua potable, electricidad y aguas negras. Se pagan cuotas de 70 dólares hasta 200, al sumarle todos los gastos básicos del hogar. Pero a 15 años plazo con los bancos ó 25 con el Fondo Nacional para la Vivienda Popular, FONAVIPO.
Adquirir un hogar en estas colonias también conlleva la aceptación del medio ambiente de la colonia. Parques, zonas verdes, escuelas cercanas y seguridad forman parte del paquete.
La urbanización Santa Ana Norte, construida por CONSTRUFISA hace 11 años, posee tres parques. Dos se encuentran con columpios llenos de óxido y cadenas rotas, bancas de madera consumidas por la humedad y tableros sin tablas en la cancha de básquetbol. Y el tercero es una cancha de fútbol, tamaño semiprofesional, con graderías a un costado y la planta de tratamiento de aguas negras al otro. “Yo no le llamo parque a esos lugares”, sentenció de López. “Porque se supone que vos vas al parque a pasear con tu familia, y aquí no se puede.”
El mantenimiento
La concepción de zonas verdes dentro de una urbanización se refiere no solamente a las zonas internas y externas de la casa, sino también a la parte que, según la Ley de Urbanismo y Construcción vigente desde 1998 en Santa Ana, debe ser como mínimo del 10% del área total del terreno para desarrollar en ella jardines y parques públicos. La constructora debe respetar ese margen y entregarlo en donación a la municipalidad, y así se le pueda entregar el permiso para habitar a la constructora.
|
Foto: Rodrigo Godoy |
Uno de los árboles que sobrevivió a la tala para edificar Villareal. |
|
En todo el proceso de urbanización, las instituciones involucradas en dar el aval a las constructoras son: el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, con el estudio de impacto ambiental; el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano, con la aprobación del permiso de parcelación; pero es la Alcaldía Municipal de Santa Ana quien lleva la batuta, con tres de sus departamentos: Ingeniería, Medio Ambiente y Catastro.
Dentro de la Alcaldía, se dividen las funciones: Departamento de Ingeniería, aprueba todo el proyecto de construcción y verifica el cumplimiento de todas las normativas de construcción, incluyendo la del espacio de zonas verdes; el Departamento de Catastro y el Departamento de Medio Ambiente, encargado de velar por la protección de los recursos naturales y forestales dentro del municipio.
Del Departamento de Medio Ambiente depende tanto el mantenimiento de ornato y parques (no son más de 40) y la verificación de la Ordenanza sobre la siembra, poda y tala de árboles en la zona urbana. Esta tarea, por el crecimiento de la población y las urbanizaciones, cada día va adquiriendo más terreno que no alcanza a cubrir Luis Zamora, ingeniero en jefe de dicha sección de la Alcaldía. Solo cuenta con la secretaria y su persona para el trabajo administrativo.
La situación de irrespeto, según Zamora, se da cuando las empresas constructoras quieren aprovechar al máximo el espacio disponible. Sin embargo por cuestiones de tiempo y personal no puede supervisar todo el municipio. “Por las dimensiones de la ciudad, necesitamos reforzarlo (Departamento de Medio Ambiente), por lo menos dos personas más”, acotó el Ingeniero. Desde la perspectiva de José Farfán, síndico del Concejo Municipal, la alcaldía tampoco tiene un control directo para velar por el medio ambiente. “Si hay Departamento de Medio Ambiente, pero no es un control directamente externo, no hay personal y ni están los medios”.
Parques privados en Paraíso
Nalda de Salazar y familia optaron por gestionar una hogar propio con el Fondo Social para Vivienda. Tomaron la decisión de adquirir una vivienda en Ciudad Paraíso 1, en el kilómetro 75 Carretera a Santiago de la Frontera. Este asentamiento cuenta con un mínimo de mil viviendas.
Ella, por cuidar a sus hijas, Marcela y Julisa, de 5 años y 2 años, decidió renunciar a su trabajo en la maquila hace cuatro meses. Con ellas sale a pasear por toda la residencial. En total, existen dos zonas verdes, una piscina y una cancha de fútbol. El parque principal, donde se encuentra la piscina y los jardines, está cercado con malla ciclón.
El cerco lo hizo la empresa Salazar Romero, constructora que brinda a la comunidad el servicio de vigilancia, agua potable, jardinería y mantenimiento de las zonas verdes y parques. Según Mario Melgar, jefe de la agencia de Salazar Romero en Plaza Real, la administración de los parques les ha sido concedida por la junta directiva de vecinos de dicha colonia. “Es por la misma necesidad que tienen los residentes”, afirmó.Por lo cual no es la alcaldía la que presta ese servicio, que por ley tendría que cumplir.
Para muchos, el servicio es bueno, pero no satisfactorio. Les entregan a todos los propietarios que tengan casa en Ciudad Real, con solo llevar las escrituras de la casa, dos carnés de identificación para entrar al parque principal. Así no accede cualquiera.
En menos de un año, más de 20 manzanas de cafetal y árboles de la Finca San Rafael, en el cantón Chupadero, han dado paso a la nueva residencial de Salazar Romero: Villareal, sobre la prolongación de la Avenida Fray Felipe de Jesús Moraga. Se tiene previsto la construcción de una segunda fase sobre otras dos manzanas para colindar con la carretera Panamericana. La tala trae consecuencias graves para todas las personas que habitan alrededor de ella. “Si antes, en la madrugada, teníamos que usar suéter”, menciona con tono de añoranza Mauricio Mayen, con 22 años de residir en Altos del Palmar. Él, como vicepresidente de la Junta Directiva de Altos del Palmar, ha estado activo debido a que su colonia es impactada por la tala del cafetal, al colindar con la parte sur con el proyecto de Villareal.
Desde la parte oeste, en los días lluviosos, desciende el agua llovida arrastrando la tierra y el lodo que encuentra a su paso. Baja sobre la Avenida Luis Gonzaga, inundando las cunetas y aceras, deformando la avenida que está hecha de tierra solamente.
Mayen alega ignorancia sobre el artículo 25 de la Ley de Medio Ambiente que obliga a hacer una consulta pública para ver si alguien se considera afectado. “Nunca a nadie se le preguntó nada”, responde tajante.
Leyes o aplicación
Cuando el medio ambiente en Santa Ana se ve diezmado, los ecologistas preguntan acerca de la efectividad de la ley. Inclusive, si no está ya desfasada.
Luis Peraza, abogado y catedrático de la Facultad Multidisciplinaria de Occidente, FMO, de la Universidad de El Salvador, opina que la “legislación ambiental en El Salvador es buena para lograr un buen manejo del Medio Ambiente, la cuestión es cómo se lleva a la práctica”. Según el profesional, los entes reguladores se limitan a actuar, muchas veces, por demanda y poco por oficio. Quiere decir que instituciones como el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Fiscalía General de la República deben actuar no solo porque interponen una demanda, sino cuando ellos vean que se están violando las leyes.
Igual opinión tiene Alex Zaldaña, biólogo de la FMO-UES, al considerar que la Ley de Medio Ambiente es de las mejores en Centroamérica, pero se queda corta en la aplicación. También la información que presentan llega con vacíos de información, referidos a los levantamientos topográficos y estudios de impacto ambiental.
La Ciudad Morena crece y los sistemas de compensación que las compañías constructoras tienen son insuficientes para resarcir el daño al medio ambiente. La autoridad local se ve desbordada por la falta de recursos. Entonces: ¿quién defenderá el derecho social a tener un medio ambiente propicio para habitar? Por hoy, las zonas verdes y los parques de Santa Ana pierden la batalla verde. |
|
 |
| El impacto ambiental a gran escala |
|
| |
| Alex Zaldaña, biólogo de la Facultad Multidisciplinaria de Occidente, de la Universidad de El Salvador (FMO-UES), sostiene que hay muchos impactos que giran en torno a la construcción de grandes colonias y la degradación del medio ambiente. |
| |
Impacto durante la etapa de construcción: la talaárboles y arbustos. Elimina casi toda la flora y le quita a la fauna su refugio.
Impacto finalizado la etapa de construcción: las viviendas comienzan a ser habitadas. El ser humano necesita agua potable y al mismo tiempo desecha todo tipo de basura. Esto impacta el medio ambiente aledaño.
Afectación del microclima: con la tala y construcción de viviendas, se afecta el pequeño clima que ayudaba a formar esa zona verde. Y el impacto es para toda las zonas cercanas.
Zona de captación de agua: por muy pequeña que sea, cada vez que se coloca algún tipo de material sobre el suelo, esta pierde la capacidad de captar agua.
Suelo dañado: el suelo que está debajo de las construcciones pierde su uso normal, entrando a fases de degradación irreversibles.
|
| |
|
| |
|
|
| |
| |
| |
| |
| |
| |
| |
|