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Viernes, 17. Mayo 2013
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Portada Ambiente Tesoro entre la peste

Tesoro entre la peste

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La vida cerca de un relleno sanitario significa luchar por la supervivencia en un ambiente hostil e inhóspito, donde el pobre pisotea al pobre porque tiene hambre. Entre el lucro de unos y la subsistencia de otros, el clavo es la sanidad en riesgo de cientos de pobladores.

Por: Gabriela Meléndez

Niños externos a la zona buscan residuos reciclables en bolsas que bajaron de los camiones en tránsito, en la calle frente a Las Américas IV el 22 de noviembre a las 4:00 de la tarde. Karla Hernández -de blusa blanca y falda- tampoco detiene su búsqueda. Por los conos, retenes pagados por MIDES bloquean el paso a cualquier pepenador.

Entre el ruido del tránsito de camiones, cabezales y otros transportes que rebalsan de basura, más el nauseabundo y fétido olor que dejan a su paso, José Delgado despierta todos los días a las 6:30 de la mañana, prepara el desayuno de su familia, se alista para ir al trabajo y despide a sus dos hijos en el vehículo privado que los lleva a la escuela, en Quezaltepeque. Uno de esos tantos días, cuando está a punto de salir de su casa, para ir a la entrada de la calle de acceso al relleno sanitario de MIDES y dejar a sus niños en el microbús, siente que la pestilencia aumenta. Él ya sabe qué pasa. En la calle, encuentra dispersas entre charcos de sangre putrefacta, vísceras de res; moscas forman pequeñas nubes y comienzan a invadir los hogares. José apresura a sus hijos hacia su punto de salida. Los camiones continúan transitando, destripando las vísceras. En treinta minutos, los únicos 650 metros de calle pavimentada parecen el escenario posterior a una carnicería, con la centena de cadáveres descuartizados retirados. El hedor perduraría por dos semanas.

El relleno sanitario de Nejapa se construyó en 1997, en la segunda gestión de René Canjura. Como todo vertedero de este tipo, en este, los residuos comunes –con más del 50% de basura orgánica- se depositan en un gran pozo donde se cubren con tierra para acelerar su descomposición. MIDES (acrónimo de Manejo Integral de Desechos Sólidos) es la entidad administradora. Al principio, solo diez alcaldías eran los clientes; hoy, son casi 200, entre municipalidades, empresas, industrias y hospitales. En la vía de acceso, el desfile de transportes recolectores de todo tipo de desperdicios, incluyendo los bio-infecciosos, ocurre las 24/7: todos los días de la semana, todo el tiempo.

Mientras José regresa a su casa, vecinos y más vecinos salen y discuten sobre la situación, lanzan insultos contra los pepenadores “desconsiderados”, “maleducados”, “irrespetuosos”, que “no pueden tener el cuidado de abrir las bolsas en los camiones sino que avientan a diestra y siniestra lo que no se quieren llevar” –expresa Ronald Guerra, habitante de Las Américas IV, entre enojo y hastío-. La junta directiva se organiza con los miembros de las comunidades para iniciar la limpieza. Desde las 8:30 de la mañana hasta las 2:00 de la tarde, Las Américas III y IV sacaron bolsas, escobas y palas, para limpiar la “regazón” que pronto se sustituiría por otros desperdicios: los de siempre. Estas son las colonias quienes se han ganado el repudio de muchos salvadoreños por bloquear el acceso de los que transportan los desechos sólidos al relleno sanitario,  porque están cansados del ruido, de la hedentina, de lidiar con los desperdicios de gran parte del país y apenas contar con el apoyo de la alcaldía para realizar uno que otro aseo de “las gracias” de los susodichos que viven de la basura de los demás.

 ***

Desde las 6:00 de la mañana, Karla Hernández y su hija, María Elena, comienzan la persecución cotidiana que le da el sustento diario a ellas y a los dos niños de María Elena. Salen de su casa, en Las Américas IV. Se apresuran hasta la calle. Llegan en cinco minutos. Esperan atentas, impacientes. Pasan dos, tres minutos. Entonces, se aproxima un camión con tres niños que hurgan la basura sobre esta, y la arrojan a la calle sin escrúpulos luego de extraer su mina de oro: desechos reciclables. Las mujeres corren hacia los montones de basura y buscan con rapidez las joyas que los infantes ignoraron: alguna botella plástica, otro tipo de plástico, latas, papel, cobre… Según Karla, un pepenador de los trenes de aseo, en la ruta hacia el relleno de MIDES, puede llegar a ganar a diario de 25 a 30 dólares por lo que recogen para reciclaje; si tiene suerte y recolecta bastante material, de 40 a 50 dólares. Al no tener oportunidades de un empleo digno, estas madres ven en el “reciclaje” -como ellas denominan su labor-  la dicha de su subsistencia.

-Si no fuera porque tenemos cerca el relleno, no podríamos salir adelante. Y además, ya no nos enfermamos, ya nos acostumbramos a esta vida, -expresa María Elena en tono de resignación.

-Nosotras sabemos darnos buenas comidas. El día que más esperamos es cuando viene el camión de los embutidos; así, sacamos salchichas, las lavamos con limón para quitarles “la chuquilla”, las freímos y ¡bien rico comemos! –dice Karla con determinación, mientras una sonrisa y un aire de consolación se dibujaban en su rostro enrojecido y quemado de tanta exposición al sol.

Según estadísticas del año 2010, del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), el relleno sanitario de Nejapa es el que recibe más toneladas diarias de basura entre los 14 rellenos de todo el país: mil 500 toneladas, y tiene capacidad para 2000. El 85% de la basura de todo el país va a parar a este único sitio. Y, según lo que José Delgado conoce por las reuniones que ha tenido con representantes de MIDES, cada tonelada de desperdicios que la empresa recibe, representa 26 dólares percibidos. Por ello, organizaciones ambientalistas como la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) y Amigos de la Tierra El Salvador (CESTA), acusan a MIDES de tener un monopolio lucrativo en el mercado del tratamiento de desechos sólidos. Karla y María Elena están molestas porque desde la primera semana de noviembre la gran empresa colocó vigilancia privada –con conos anaranjados- en la frontera entre el primer tramo de calle pavimentada y los cuatro kilómetros aproximados de camino polvoso hacia el relleno, para impedir el paso de los pepenadores. “¡Ya tenemos ocho años de andar reciclando, y por qué hasta ahora está resultando esto!” -grita Karla, exaltada, entre el ruido  de un cabezal de MIDES que pasa al lado.

***

Roberto Chavarría, habitante del Cantón El Llano, agricultor de subsistencia, miembro de la cooperativa azucarera “El Ángel”, y nativo de esas tierras, vive en la primera casa que está a la salida del relleno. En una tarde en la que prepara su carreta para continuar con la recolección de los frutos de su milpa al día siguiente, su mirada extraviada en un punto cualquiera, en el silencio, lo dice todo sobre la situación que allí vive.  Entre lapsos de la conversación, abre la ventana al dolor, la tristeza profunda y la resignación… la cruda y fría resignación que lo acompaña todos los días, desde que se dio cuenta que luchar contra el Goliat del manejo de desechos era una batalla perdida, mientras no haya un David que pueda desafiarlo.

Las manos de Roberto son el testimonio de décadas de trabajo en la tierra; su piel color canela, dura, maltratada por el sol, tiene indicios, en los brazos y los pies, de una vida de combate por la supervivencia, de la lucha diaria, intensa, por llevar el pan de cada día a su familia. Su cabello plateado y las líneas del tiempo en su rostro son la memoria de su angustia y padecimientos. Roberto ha pagado con su salud y la de quienes ama el precio por no dejar el suelo de su sangre, a  pesar del riesgo sanitario al que están expuestos desde que comenzó a funcionar el relleno sanitario, en 1999.

-¡Ay! ¿Y de qué no hemos padecido nosotros? –ríe, entre nervioso y sarcástico- …de los bronquios, gripes, alergias… En la piel nos salen ronchas, nos da como salpullido… ¡Y con el gran mosquero que se hace aquí en la entrada, por la basura tirada, cómo nos enfermamos del estómago! Hay días en los que no puede ni comer, uno. ¡En las noches es lo peor!, cuando entran todas las “rastras” [cabezales y góndolas], porque estas traen la basura más hedionda. Hoy ya nos acostumbramos, pero pasamos bastante tiempo que no podíamos dormir del vómito que nos daba. Todavía hay días que nos cuesta pegar los ojos –sentado en una silla plástica, baja la mirada, agacha la cabeza y se queda pensativo-.

 Era martes. El lunes llegó el presidente de la República, Mauricio Funes, a inaugurar la nueva planta de energía eléctrica instalada en el interior del relleno sanitario, la cual produce energía del gas metano que generan los desechos sólidos descompuestos.  Roberto explica que si no fuera por ese evento la empresa no hubiera limpiado toda la vía de acceso. “Es lo más limpia que va a ver esta calle” -asegura con una sonrisa irónica. En un día común y corriente, él, que vive al lado de la calle –el otro tramo de 600 metros aproximados pavimentados-, tiene que recoger la basura frente a su casa temprano, para luego quemarla. De hecho, todas las comunidades aledañas a la ruta de acceso al relleno queman su basura; no hay camión que la recoja. “Para que los de MIDES hagan aseo, tiene que pasar una semana, hasta que se haga una alfombra que estorbe a los camiones”-se queja, Roberto.  Ese día, ya estaban la vigilancia privada y los conos anaranjados al final de la vía de acceso que corresponde a Las Américas IV.

***

José Delgado tiene 15 años de vivir en Las Américas IV y desde hace poco más de cuatro meses es el presidente de la junta directiva de las dos comunidades del cantón Galera Quemada, que dan la bienvenida a los que se dirigen al relleno sanitario. Él se arrepiente del día en el cual dio su firma para respaldar el inicio del millonario proyecto que hoy le perjudica.

- Yo recuerdo que hace unos 15 años, recién venido acá, pasaron a cada lado dos personas con un folleto bonito, en donde estaba una carretera pavimentada, iluminada, arborizada a ambos lados. Nos dijeron: ‘esta va a ser la carretera que conducirá al relleno sanitario’, en donde van a haber escuelas, unidades de salud, clínicas, casas comunales. Habría un beneficio (social) para cada comunidad. Y claro, cualquiera se entusiasma al ver una obra tan bonita como esa –dice José, con melancolía.

Una de las luchas que han ganado es que las pipas de MIDES ya no rieguen la calle con los lixiviados para bajar el polvo que hacía el paso de los camiones. Ahora, cuando riegan, se supone que usan un agua más limpia.

El lixiviado es una sopa tóxica que se obtiene de la mezcla de los jugos que los desperdicios segregan, los cuales se mezclan cada vez con una receta distinta, por la gran cantidad de sustancias químicas y orgánicas que se pueden combinar de incontables maneras posibles. Su color negro, a veces rojo; su olor particular, inconfundible, penetrante y vomitivo, han quedado imborrables en la memoria de los habitantes de las comunidades aledañas a la vía.

Estos líquidos venenosos  y otras aguas residuales del relleno también han afectado de otra forma el medio ambiente de los pobladores aledaños. El río, que abastecía a los habitantes de El Llano y otros cantones, al que iban a bañarse; de donde sacaban agua con cántaros, para cocinar y beber, donde llevaban al ganado a tomar agua; ese, ahora está totalmente contaminado, se ha convertido en un río de muerte desde que comenzó a funcionar el relleno sanitario. “Hace diez años, más o menos, un vecino llevó a sus vacas a beber agua al río; al día siguiente amanecieron muertas” –cuenta con tristeza, Roberto Chavarría, quien estuvo en varias protestas para tener la calle de acceso pavimentada y acabar con el riego de lixiviado.

El pozo del relleno sanitario, donde se depositan los desechos no bio-infecciosos, tiene una membrana que impermeabiliza el suelo para proteger las aguas subterráneas de los lixiviados. Si el subsuelo se contamina, mantos acuíferos, riachuelos y ríos corren el mismo riesgo, así como la vegetación y, a la larga, todo un entorno o ecosistema. La geomembrana -explicó la directora ejecutiva del CESTA, Silvia Quiroa- no garantiza que micro-partículas de contaminantes la traspasen (así como un preservativo no asegura que una mujer no quede embarazada), sobre todo, si a diario se recibe un volumen de residuos mayor al soportado. Cada año, en El Salvador, se genera mucha más basura, porque el consumismo crece; esto reduce a la mitad la vida útil de los rellenos sanitarios –advierte la ecologista-.

Por ello, solo crear más rellenos  sanitarios no es la solución más efectiva a la problemática ambiental de la basura –explica Quiroa, en relación a las acciones que en la actualidad ejecuta el Ministerio de Medio Ambiente-, porque con lo pequeño que es el país, podría llegar un momento en el que ya no habría lugar para otro vertedero, so riesgo de amenazar la calidad de vida de muchos salvadoreños.  También,  el reciclaje no debe ser más que la tercera opción, después de la reducción y el re-uso, porque en el proceso intervienen químicos que, a mediano o largo plazo, son contaminantes.

 ***

 El 22 de noviembre, José Delgado tuvo que regresar temprano de su trabajo, en la morgue del Hospital Rosales, a su comunidad. ¿La razón? Los pepenadores locales y extranjeros (de Apopa y otros lugares de alrededor) habían dejado la calle tan cubierta de basura, que un habitante tuvo que llamar a la Policía Rural para que mediara en la situación. A las 2:00 de la tarde el escenario era caótico: la vía era un basurero, los perros regaban aún más los desperdicios; niños, adolescentes, hombres jóvenes y mujeres continuaban en su oficio de interceptar camiones; algunos habitantes alterados pedían con desesperación que los responsables del desastre lo limpiaran… A esa hora llegó la policía con pick ups y motocicletas. Minutos más tarde, llegó José. Se entabló un diálogo y, como resultado, todos los pepenadores tuvieron que empezar el aseo. Karla y María Elena Hernández estaban presentes. “¡Nosotras sí recogemos lo que no ocupamos! No nos pueden acusar” –argumentó Karla, aguerrida. No obstante, se necesitaron dos horas para que el pavimento fuera totalmente visible.

A partir del problema con los pepenadores, MIDES se desligó de toda responsabilidad sobre el tramo de vía que corresponde a Las Américas III y IV. En la última de las reuniones que representantes de la empresa tuvieron con la junta directiva de estas comunidades y con la alcaldesa de Nejapa –relató José-, argumentaron que como esa parte de la calle de acceso pertenecía a dichas comunidades, ellas debían hacerse cargo de las dificultades y conflictos que ahí sucedieran por las acciones de los pepenadores. No hubo consenso favorable para los pobladores.

Ante esta situación, la junta directiva piensa discutir con la comunidad sobre la posibilidad de cobrarle una tarifa a los camiones recolectores que vayan descubiertos, para así, recoger fondos que financien los gastos que implica limpiar la calle todos los días; considerando que varios habitantes interrumpen sus actividades laborales para ayudar. Por lo pronto, y de seguro por un largo tiempo, el panorama para estas comunidades no vislumbra un aspecto distinto, mientras las autoridades municipales y centrales no hagan prevalecer el peso de la ley, a favor del derecho que tienen como seres humanos a una vida digna en un ambiente saludable.

En el otro extremo de la calle, Roberto teme que, a largo plazo, las comunidades agrícolas que lindan con el relleno de MIDES lleguen a sufrir consecuencias ambientales y sanitarias similares a las del Sitio del Niño (cantón ahora inhabitable, debido a la contaminación por plomo); le preocupa que, con el tiempo, el suelo que cultivan sea envenenado por tóxicos generados en el relleno sanitario. Mas, Roberto sabe que cualquier temor tendrá que quedar guardado en las gavetas del tiempo que se congela con la zozobra de la espera de otro mañana más. Otro día en el que –por la época- tendrá que levantarse, agarrar su machete, enyugar un buey a su carreta; partir a la milpa que está a una hora de camino colina arriba, para cosechar el sustento de un año, y contemplar en toda su inmensidad al monstruo que le quitó la tranquilidad hace 12 años.

 Mientras exista el gigante que devora, a diario, más de tres cuartos de los desperdicios de todo el país, existirán piratas que busquen los tesoros que nadie quiso, para lograr pasar un día más en una tierra con tan pocas oportunidades laborales. Y en ojo del huracán, muchas personas seguirán sufriendo problemas de salud, sin más remedio que la impotencia y la resignación. 

Actualizado ( Viernes, 17 de Febrero de 2012 09:26 )  

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