En El Salvador el alto índice de violencia genera descontento en la población, la cual, por no ver resueltas sus problemáticas, decide actuar de forma independiente. La seguridad está en manos de la ciudadanía.
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Eran las 7:00 de la mañana del 2006 y, como de costumbre, María (nombre ficticio por cuestiones de seguridad) regaba las plantas del patio de su casa. Ya estaba terminando. Cerró el chorro, recogió la manguera y empezó a enrollarla. Su esposo Darío (nombre ficticio) que se encontraba en la habitación, terminando de arreglarse para ir a trabajar, se sentía tranquilo y confiado de la pasividad de la colonia, ubicada en Ciudad Delgado. Sus dos hijos siempre salían a la calle a jugar con los demás niños y nunca se preocupó demasiado por la seguridad de su familia.
Cuando María se disponía a entrar a su casa, dos hombres vestidos de jeans y camisetas se aproximaron a ella y, como por arte de magia, sacaron dos armas. El primer individuo, de apariencia más joven, cargaba una pequeña cuchilla y el otro llevaba una pistola que puso en la espalda de la mujer, mientras la sostenía por un brazo. María entró en pánico. No sabía qué hacer.
-No haga ruido- le susurró al oído el hombre.
María respiró hondo y decidió obedecer. Daba gracias a Dios de que el microbús escolar ya había pasado por sus hijos para llevarlos al colegio y que más tarde ambos se quedarían en la casa de su madre, quien vivía en Santa Tecla. Estaba helada y temblando.
-¡Dios mío, ayúdame!- Intentó rezar, pero la sensación de miedo no la dejaba pensar.
En la Colonia Acolhuatán, en Ciudad Delgado, existe un aproximado de 150 casas. Después de conocer la historia de María y Darío, algunos vecinos decidieron reunirse para ver qué solución podrían dar a la problemática de la delincuencia que se hacía más frecuente en ese sector.
| Más seguridad |
| En Antiguo Cuscatlán varias colonias decidieron poner portones de seguridad para disminuir la delincuencia: |
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| Fuente: Raimundo Díaz, director del CAM. |
Faustino Menéndez, habitante del área, ya había conocido otros hechos similares; sin embargo, nunca le tomó mucha importancia porque ocurrieron en zonas lejanas. Cuando le pasó a su vecina, quien vive a cuatro casas después de la suya, se alarmó y decidió actuar.
“Hicimos, en el 2006, la convocatoria a todos los ciudadanos para conformar una junta directiva para ver los problemas de la comunidad, de forma principal la delincuencia. De todos los que llegaron, diez nos encargamos de dirigir las negociaciones con los demás vecinos para conseguir ideas y recaudar fondos a fin de contratar a gente que nos hiciera la seguridad de la colonia”, contó Menéndez.
Al mismo tiempo, afirmó que en un principio la mayoría de habitantes del lugar estaban de acuerdo en colaborar. Contrataron a cuatro vigilantes para realizar la guardia: dos en el día y dos en la noche. “Al comienzo pasábamos por las casas y casi todo el mundo pagaba los diez dólares requeridos para la seguridad. Pero, más o menos seis meses después, la gente fue dejando de pagar y los que quedaron tenían que dar más dinero para velar por la seguridad de sus seres queridos”, compartió.
El drama de Darío y su esposa a manos de los malhechores continuaba. Los hombres, empujando a María, ingresaron a la casa y fueron hasta la habitación donde se encontraba Darío, quien, al ver a su mujer siendo amenazada, decidió reaccionar. Sin embargo, el joven que sostenía la cuchilla actuó más rápido y, con toda la fuerza, se arrojó sobre Darío y lo golpeó.
Luego, uno de los individuos le ordenó al otro que consiguiera algo para amarrar a la pareja. Minutos después, ambos se encontraban atados. Fueron encerrados en uno de los cuartos.
-Si intentan hacer algo, los mato. Así que no se atrevan a salir de aquí ni a hacer nada estúpido- dijo el ladrón.
El matrimonio estaba estupefacto. Tenían el teléfono a su lado, pero ninguno se atrevió a tomarlo para llamar a la Policía. Sabían que aquellos sujetos eran peligrosos y no querían arriesgar sus vidas. No lo podían hacer.
Falta de comunicación
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Según el jefe de la subdelegación de la Policía Nacional Civil (PNC) de Ciudad Delgado, Jaime Rivas, en la actualidad hay mayor disponibilidad policiaca en las calles para salvaguardar la vida de los ciudadanos. Sin embargo, es importante que la población denuncie los hechos para que ellos puedan actuar.
“Nosotros damos el mayor apoyo posible, pero es importante que la gente nos avise de los problemas que están pasando. Infelizmente no tenemos la cantidad suficiente de agentes para cada ciudadano. No podemos estar en cada esquina”, aseguró Rivas.
De la misma manera, agregó que el índice delincuencial se ha mantenido en comparación a la misma época del 2009. “Hay alrededor de diez a 11 homicidios mensuales. Con el régimen de disponibilidad que inició hace más o menos dos meses, existe mayor presencia policial en horas de mayor delincuencia y en las áreas más peligrosas; sin embargo, también necesitamos del apoyo de la población”, indicó.
Por otra parte, en Antiguo Cuscatlán, otra zona en donde los moradores se unieron para mejorar la calidad de su seguridad, de acuerdo con el sargento de la PNC, Galdámez Pacheco, además de patrullar de manera constante, ellos cuentan con la colaboración de los ciudadanos, quienes siempre les llaman para hacer denuncias o pedir socorro.
“Trabajamos en conjunto con el Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM), desde hace cinco años. Nos coordinamos para brindar mayor seguridad a 43 mil habitantes. La incidencia delincuencial ha disminuido. En enero tuvimos 57 actos y en el último mes, 35”, aseveró Pacheco.
Asimismo, el director del CAM, Raimundo Díaz, alegó que en comparación con el 2009, la delincuencia ha bajado un aproximado de 20%. “Antes habían muchos robos en La Ceiba de Guadalupe, frente al POP’S, que está en la peatonal de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), por el Palo de Hule y cerca de los centros comerciales Multiplaza, La Gran Vía e Hiper Mall Las Cascadas; ahora es poco”, confirmó.
Por otro lado, Silvia de Guzmán, habitante de la Urbanización Jardines de Guadalupe, en Antiguo Cuscatlán, relató que en el tiempo que tiene de vivir allí (desde hace tres meses), se siente insegura de que sus hijas caminen solas por las calles a cualquier hora del día, ya que todo es muy solo y su colonia no tiene portón de seguridad que garantice un poco de sosiego.
"Una vez por el palo de hule que está a la vuelta de mi casa, intentaron secuestrar a una muchacha. Otro día yo venía caminando para mi hogar y vi a un hombre atrás de un árbol, que tenía cara sospechosa. Me crucé la calle como pude y me fui donde estaban unos vecinos. Ya no podemos estar tranquilos”, expresó de Guzmán.
Del mismo modo, mencionó que últimamente no ha visto que pasen con frecuencia los agentes del CAM por su casa y que le gustaría hacer algo, reunirse con los demás vecinos para mejorar la seguridad de su pasaje. “Hace como un mes pasó una señora que dijo que iba a ver si se podía poner portón aquí, con permiso de la Alcaldía, pero hasta ahora no he visto movimiento”, manifestó.
Mientras Darío y María estaban atados, los ladrones saquearon la casa, pusieron los objetos de valor en el vehículo de la familia y huyeron. La pareja tardó en reaccionar. Cuando se aseguraron de que los malhechores se habían ido, se soltaron. Emocionados, se abrazaron e inmediatamente salieron a realizar la denuncia en la delegación policial que queda cerca de su casa. No podían creer lo que habían vivido. Necesitaban mayor protección.
Meses después arrancó la iniciativa de poner seguridad en su colonia. Por lo menos ellos y sus demás vecinos podrían vivir un poco más tranquilos. Apoyaron las decisiones de la directiva; sin embargo, por la falta de interés de algunas personas en el pago y amenazas que uno de los vigilantes recibió por parte de un joven de una comunidad próxima, los vigilantes decidieron renunciar al trabajo.
Un problema de educación
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Faustino Menéndez, habitante de la Colonia Acolhuatán, contó que el primer vigilante que renunció, lo hizo porque fue amenazado por un muchacho, de aproximadamente 20 años, al que sorprendió queriendo entrar en una residencia.
“El cipote le dijo al vigilante que no se atreviera a hacer nada, ni a decir nada porque si no lo iba a matar”, narró Menéndez; quien cree que el factor principal de la delincuencia en El Salvador es por la falta de atención que los padres les dan a sus hijos.
Asimismo, el jefe de la subdelegación de Ciudad Delgado, Jaime Rivas, sumó que la seguridad es importante; no obstante, la educación que los padres de familia les den a sus hijos y los valores que les inculquen son fundamentales para disminuir el índice de violencia. “Si un menor vive en un ambiente de desintegración familiar, de violencia, etc. corre mayor riesgo de perderse en el mundo del crimen”, concluyó Rivas.
Cuatro años después del robo y privación de libertad de Darío y María, la junta directiva de la Colonia Acolhuatán se desintegró y desapareció. Cada habitante del lugar debe velar por su propia seguridad. La mayoría de las casas tienen portones altos, perros, rejas eléctricas y alarmas. Para los que no se conforman con eso, contrataron a un vigilante que está desde el 1 ° de mayo y trabaja de 6:00 de la tarde a 6:00 de la mañana.
“La iniciativa fue tomada por María, quien no quiere que le vuelva a suceder nada malo. Yo y otras 24 familias más estamos colaborando para que el guardia también cuide nuestras casas. Si no tenemos seguridad pública, debemos rebuscarnos para vivir con un poco más de tranquilidad”, finalizó Menéndez.
Son las 7:00 de la mañana del 2010. María termina de regar las plantas de su patio. La puerta de su casa está cerrada. Darío se prepara para ir a trabajar. Los niños, ahora un poco más grandes, ya están camino al colegio. María siempre está alerta. De repente, ve que Luztein Melara, el vigilante, viene subiendo la cuesta que se encuentra cerca de su casa.
-¡Buenos días, don Luztein! ¿Todo tranquilo?
-Sí, todo bien.
María expresa una sonrisa de alivio. Termina de recoger la manguera y entra a su casa más tranquila. Mientras ingresa, piensa en sus hijos y en el buen futuro que desea para ellos.








