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Viernes, 1. Aug 2014
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Museos, la riqueza olvidada de la cultura

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La realidad de los museos en El Salvador enfrenta serios problemas que van desde el limitado presupuesto asignado al rubro cultural hasta el poco interés de los docentes en mostrar la historia y la identidad nacional.

SalaCon una apariencia elegante y una infraestructura amplia en tonalidad café, el Museo del sitio arqueológico Joya de Cerén, en el departamento de La Libertad, lucía un pequeño letrero que advertía a los visitantes: “Temporalmente, el museo se encuentra cerrado por motivos de remodelación”. Vitrinas polvorientas y estantes olvidados yacen en el interior del edificio, en espera de la reincorporación de las piezas arqueológicas.

Desde septiembre de 2008, las instalaciones fueron cerradas al público, debido a la ampliación y mejoramiento de la estructura anterior, con el fin de ofrecer espacios adecuados a los turistas para una mayor interacción con los elementos históricos. Joya de Cerén, hasta la fecha, es el único asentamiento habitacional en el contexto mesoamericano, por lo que es necesario proporcionarle un mantenimiento adecuado y la valoración que merece.

Según la guía del sitio arqueológico, Roselia Duarte, quien labora en el lugar desde su inauguración en 1993, la cantidad de turistas que asisten oscila entre 3 mil a 5 mil al mes. “El público se categoriza en 40% extranjeros y 60% nacionales; la mayoría escuelas públicas, universidades y colegios privados”, puntualiza.

Sin embargo, el museo ha pasado un año un mes en el abandono. Esto ha provocado un descenso en el número de personas que visitan el lugar. Para la comerciante de réplicas de las piezas museológicas, Olimpia Calderón, maestra jubilada, de 64 años de edad, el cierre afectó la afluencia  de la población y, por ende, el negocio: “la venta se ha venido en un 60% para abajo”.

La coordinadora general de la Red Centroamericana de Museos (RED CAMUS), Sandra Alarcón, indica que los museos se han mantenido y desarrollado, pero con limitaciones. Por el contrario, la coordinadora de Museos Nacionales, Lilly Lemus de Baños, señala que en los últimos años los museos han tenido un auge bastante considerable, que el número de museos ha incrementado, aún cuando son pequeñas salas de exhibición, siempre van enfocadas a la conservación de un patrimonio.

En el país, se cuenta con un aproximado de 36 a 40 museos; no obstante, no existe una cifra concreta. “Nosotros tenemos el directorio de museos, aunque estamos actualizando. No aparece ahí museos como el de la escultura, de la Constancia. Hay otros tres museos que no están identificados. Formulamos esa investigación de la identificación de los museos en el país, pero todavía hay otros que están surgiendo”, considera De Baños.  

Los museos de El Salvador se tipifican en cuatro grupos: estatales, privados, comunitarios y municipales. Según el Manual de organización, operación y funcionamiento, de la Coordinación de Museos Nacionales y la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural, los nueve museos de dependencia estatal se dividen en: regionales, sitios arqueológicos y citadinos. 

Una de las principales funciones de los museos es proteger los bienes culturales de la nación,  conservarlos, darles mantenimiento, prevenir daños, almacenarlos de forma apropiada para ponerlos a favor de la población. A pesar de la importancia cultural que poseen las entidades museológicas, el presupuesto destinado a su administración es muy bajo.

En el contexto de la crisis económica mundial, los fondos del país se han visto afectados, en especial el área cultural que funciona con recursos limitados, debido a que el Gobierno da prioridad al ámbito de la salud y educación. “No hay fondos aceptables para que nuestras autoridades puedan hacer más. El presupuesto de cultura es poco, la mayoría se va en salarios”, relata Sonia Abigail Buendía, coordinadora del Museo Regional de Occidente desde hace 12 años.

Los museos estatales trabajan con los recursos materiales que les proporcionan las instituciones, no poseen fondos monetarios propios. Todo es tramitado a la Coordinación de museos y luego a la Secretaría de Cultura, que es ahora el ente decisivo y regidor de la cultura en el país. Cada coordinador debe solicitar, mediante una carta, las herramientas e instrumentos necesarios para montar las exposiciones.

Y como los recursos siempre hacen falta, los dirigentes de los museos ponen en marcha la función de autogestión. “Si tenemos que trasladar una exposición, gestionamos que alguien nos facilite el medio de transporte para llevar esa exposición. O si vamos a desarrollar una actividad, gestionamos que alguien nos imprima invitaciones, un brochure”, explica el coordinador del Museo Regional de Oriente, Saúl Cerritos.

El problema financiero no es exclusivo de las instituciones que dependen del Estado. El Museo de Arte (MARTE) es una institución privada y, por ende, no recibe ninguna ayuda económica del Gobierno. Aunque tiene más libertad de decisión sobre los recursos económicos, la directora de Mercadeo y Desarrollo del Museo, Mélida de Arrieta, asegura que la institución funciona a base de donaciones de gente altruista y de la empresa privada, del patrocinio de las exposiciones o del alquiler de alguna sala para eventos, con el fin de generar ingresos.

Arrieta contabiliza que, desde el 18 de mayo de 2008 hasta el domingo 27 de septiembre de este año, el museo ha recibido, sólo los domingos, a más de 10 mil personas. La entrada al museo equivale a la cantidad de 1.50 de dólar, si se multiplican por el número de visitantes, se obtiene un total de 15 mil dólares, en ese período de tiempo. Ingreso que han dejado de percibir porque prefieren que la población entre gratis los domingos y visite el museo.

El factor económico se vuelve muy decisivo en el mantenimiento de una exhibición cultural. El Museo de la ciudad de Santa Tecla, en La Libertad, una entidad privada, tuvo un cierre temporal al cierre de 2009, debido al alto costo del alquiler del local y a que todas las ganancias que obtenían se utilizaban en salarios. “Nosotros gastábamos fácilmente 70 mil dólares al año en el museo y era un espacio reducido”, comenta el director del Distrito Cultural del Municipio de Santa Tecla y ex director del Museo de La Ciudad, Carlos Mejía.

La falta de difusión es una de las dificultades que se atribuye al elemento financiero. Los museos no cuentan con una base monetaria que les permita promocionar su trabajo y, además, no hay medios de comunicación que se preocupen por mostrar las actividades que realizan. “El bajo presupuesto que manejan para esta dependencia o para la Secretaría de la Cultura no da para hacer propaganda, no aparecemos, a lo sumo en Canal 10, que es parte de la misma, pero de ahí en otros canales televisivos de más afluencia no se pasa”, indica el colector y encargado del activo fijo del Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán” (MUNA),  José Aragón. Aquí radica la causa de la poca asistencia de la población a las actividades que realizan los museos, aún cuando son eventos gratuitos.

Ante la poca proyección que se le da a las galerías culturales, la Coordinación de Museos Nacionales crea alternativas para promoverlas en instituciones, no sólo educativas, de forma  práctica y económica. “Estamos trabajando en la realización de pequeños afiches de tamaño carta, porque muchas veces ni en la misma región saben que tienen un museo, porque no ha habido interés y tampoco una promoción ni difusión de nuestra parte”, explica de Baños.

El poco interés de la población y la falta de apoyo de las instituciones es otro de los grandes retos a superar que tienen los depositarios de bienes patrimoniales en el país. No existe el hábito de visita  de museos en la población ni la valoración de la identidad cultural propia que se expone, es decir, que no hay comprensión del legado artístico que hay en las salas.

Aunque asiste un gran número de visitantes a los museos, la mayoría de ellos son extranjeros, lo que significa que el salvadoreño no se siente identificado ni valora los elementos de la cultura nacional. De 100 personas que visitan el MUNA, 80 son extranjeros. El 20%, que equivale a los salvadoreños, no quedan satisfechos con lo que ven en las salas de exhibición.  “Un extranjero viene y se queda todo el día, pide guía y todavía nos pasan diciendo ´mire, ¡qué bonito!,  ¿hay más actividades?´, se interesa. En cambio, los salvadoreños dicen ´mire, ¿y sólo eso es, no hay más?´”, cuenta Aragón.

Un hecho parecido sucede en el Museo Dr. Stanley H. Boogs, del Sitio Arqueológico el Tazumal, departamento de Santa Ana, en el que el promedio de turistas extranjeros que lo visitan varía entre los 3 mil a 5 mil mensuales, mucho mayor a la cantidad de salvadoreños.

Por otro lado se encuentra la falta de apoyo de parte de las instituciones hacia las entidades culturales. Según la encargada de la Casa de la Cultura de Santa Tecla, Marta Alicia Guerra, las instituciones educativas se muestran apáticas a formar parte de las actividades culturales a las que se les invitan, lo que impide que el alumno y la alumna se motiven a participar de ellas.

Por eso, el Estado debería estar obligado a propiciar, promover y generar las condiciones para que las instituciones museológicas se desarrollen bien, que puedan tener sus espacios, de tal manera que permitan su plena funcionalidad.

Sin embargo, un caso excepcional ocurre en el Museo Regional de Oriente, en San Miguel. Ha logrado motivar a la comunidad a recobrar y conservar los elementos patrimoniales de la región que se perdieron y consolidó un enlace sólido con las instituciones que lo posicionó como figura educativa y formadora para la población del oriente del país. “El apoyo de la población de San Miguel ha sido, hasta este momento, en un 100%. Nadie nos ha rechazado nada. Hemos hecho acuerdos con la Iglesia Católica, y hemos tenido un apoyo enorme en facilitarnos colecciones”, narra Cerritos.

Al ser generadores de la educación informal, los museos contribuyen a fortalecer las habilidades y conocimientos del ámbito educativo. La importancia de los depositarios de la historia nacional es la creación de ejes transversales que permitan brindar información que en la academia o en las instituciones educativas formales no son abordadas en forma adecuada.

No obstante, a pesar del grado de importancia, para Mejía, existe un problema en la valorización de los museos, que radica en la formación de los docentes: “No son totalmente instruidos y no entienden que el museo es una herramienta que les puede ayudar a complementar los conocimientos que pueden generar interacción”. Desde ese punto de vista, se diría que el problema de los museos tiene su raíz estructural en la educación de los mismos formadores.

La falta de motivación y transmisión de los espacios museológicos viene del desinterés de los maestros. El interés es creado. El estudiante, público cautivo de los museos, por naturaleza propia no le dará importancia a algo que no conoce. Los museos recogen una cantidad de elementos, se debe aprender, conocer y generar una atracción y simpatía por conocer el patrimonio cultural. “Pero el problema es que el maestro también se ha vuelto apático a ese tipo de visitas, a ese tipo de experiencias. Entonces, buscamos lo más fácil, buscamos la historia que está en el libro, pero no hacemos vivencial esa experiencia”, opina la docente de Lenguaje y Literatura, Lorena Larios, de 45 años de edad, del departamento de La Unión.

Por lo tanto, es necesario capacitar o contar con generadores educativos que conozcan el área cultural. Profesionales que tengan la motivación suficiente para hacer un trabajo que implique acciones verdaderas. Se le debe inculcar, al estudiante, el deseo de conocer sobre sus raíces, su identidad, su pasado.

Mejía profundiza más en el tema y considera que los educadores que se están formando deben tener una visión crítica de las cosas y, en base a esto, poder opinar, poder generar debates en las universidades para tener profesionales que puedan servir a los intereses del país.

La escuela va a ser un factor influyente en la medida que se presten las condiciones de la realidad, del contexto social donde los jóvenes se desenvuelven, donde los docentes experimenten. Si eso pasa, se tendrían elementos suficientes para crear un clima cultural desde las escuelas; pero si no hay un cambio actitudinal del docente, no hay un cambio programático, no hay un acomodamiento flexible a los contenidos,  no se lograría.

Por otro lado, el arquitecto y licenciado en Diseño Gráfico, Ricardo López, catedrático de la Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC), en su visita al Sitio Arqueológico Joya de Cerén,  junto a sus alumnos, expresó su decepción ante la falta de motivación en los guías y la información tan básica que dan, sin profundizar en elementos importantes. “El tiempo es muy corto para poder venir y poderse enriquecer. Yo vengo con mis alumnos a querer sacar información y nos sacaron en 20 minutos. En realidad, eso no es enriquecedor  para ellos”.

El alumno de la Universidad Nacional de El Salvador, de la carrera de ingeniería civil, Manuel  Guzmán López agrega que el único interés que tienen los estudiantes es relacionado con las tareas, debido a que no encuentran otro estímulo que una buena calificación. “Nos han dejado la tarea de investigar la historia del sitio, las tradiciones que hay aquí, la costumbres que tienen, algunas anécdotas y también para que nos sirva como cultura para estar enterado de lo que hay en el país”, menciona.

A partir del papel que juega el sistema educativo, se generan ciertas expectativas ante el cambio de lineamientos que va a establecer el Ministerio de Educación (MINED), tal como lo expresa el director del Instituto Tecnológico de Comercio, de La Unión, Roger Garay:  “Todas las instituciones educativas van a sufrir cambios en su línea de trabajo. Los retos van a depender de cómo el Ministerio, allá en sus ejes curriculares, plantee la necesidad de fomentar el valor al patrimonio cultural”.

Uno de los proyectos que la Coordinación Nacional de Museos ha empezado a estudiar en su plan de trabajo 2010, al no poder cambiar la currícula escolar, es el acercamiento a los asesores pedagógicos, de quienes dependen los maestros a nivel de ciertas regiones. ¿Qué se quiere lograr? Que los docentes sepan valorar la importancia de contar con los museos como recursos didácticos y de interacción con sus alumnos. Además, otorgarle un papel protagónico al educador, que conozca, se involucre y sirva de ente referente para sus estudiantes.

Otro de los factores que impiden el desarrollo formativo de los museos es el tema de la educación en el área museológica. En la Coordinación de Museos Nacionales se cuenta sólo con cuatro arquitectos, mientras que en la Fundación Arqueológica de El Salvador con tres arqueólogos. En el país no existe una escuela especializada en el contenido museográfico. Es decir, al estar viendo la complejidad de los Museos, el Estado debería de propiciar la formación de profesionales que puedan desempeñarse en las distintas áreas culturales. A nivel centroamericano, sólo Guatemala y Costa Rica cuentan con carreras enfocadas al quehacer museístico.

Las expectativas que tienen las entidades museológicas, culturales y la población sobre el trabajo que desarrollará la Secretaría de Cultura de la Presidencia son muchas. Es necesario crear una valoración de la población hacia los agentes identitarios que constituyen las raíces, mayor énfasis e importancia en la educación de la juventud para que descubran la relevancia de los sitios y las salas de exposición, abrir más espacios culturales y conceptualizar a los museos como áreas de dinamismo. En general, se espera que el ente regidor de cultura del actual gobierno le brinde a la cultura un nuevo rostro y que se empiecen a estructurar ciertos cambios.

Según De Baños, uno de los  mayores retos que tienen los museos en el país es lograr que el alumnado de básica y media conozca su propia identidad cultural, que conciba a las instituciones dedicadas a la conservación de los bienes patrimoniales como espacios de reflexión y aprendizaje, y no como lugares aburridos, pero, sobre todo, lograr impactar en el joven para que motive a los demás a ir. Además, para lograr el incremento de público y darle un enfoque más social a los museos, una de las áreas en que deberán trabajar más es en la capacitación del poco personal con el que se cuenta.

¿Qué medidas hay que tomar para cultivar el deseo del niño o la niña por conocer su historia nacional? ¿Es necesario hacer un cambio drástico en la currícula escolar? ¿Se debe dar un mayor presupuesto a la parte cultural para motivar la visita a los museos? Sí, es importante llevar a cabo esas acciones, pero es más fundamental el papel que juega el núcleo familiar en la educación cultural y en la inserción del joven al conocimiento de su pasado.

Actualizado ( Jueves, 04 de Marzo de 2010 15:39 )