¿Qué historia puedo contar de las pandillas en El Salvador si todo está escrito, filmado u oído? La respuesta la encontramos en el documental “La vida loca” de Christian Poveda, periodista de nacionalidad española y francesa. En 90 minutos condensó un trabajo de años que buscaba mostrar cómo son en realidad los y las pandilleras de la Mara 18 en La Campanera, Soyapango, San Salvador.
Antes de filmar, Poveda se tomó el tiempo que necesitaba para documentarse del problema, leyó, entrevistó a las personas que estaban involucradas con las pandillas y, finalmente, pensó qué deseaba contar. Ordenó la información y escribió el guión, el cual sería fundamental a la hora de conseguir las fuentes de financiamiento.
Resuelto el tema del dinero, llegó el momento de filmar. No hizo una sola entrevista, simplemente estuvo ahí en La Campanera, viviendo con la pandilla y rodando cuando la historia lo exigía.
Él mismo confiesa que pasó hasta 16 días sin filmar nada, sin embargo era el tiempo de comprender, observar y esperar … la riñas en la panadería, el momento de tatuarse, las fiestas, las citas en el hospital, el operativo policial, las capturas, la cárcel, los juicios, la muerte, el funeral, el entierro, el dolor ante la pérdida del ser querido.
Todo fue filmado. Poveda enseña cómo se debe mirar y pensar la realidad de la violencia en El Salvador, donde a través de las historias de los protagonistas se conocen las trampas de la estructura de la sociedad. El sistema se revela con la pandilla en su diario vivir. Su verdad golpea, más cuando llega cruda sin el filtro del sensacionalismo y las versiones oficiales.
Para el o la periodista que ha escrito sobre las pandillas en El Salvador, luego de ver el documental hay un antes y un después. La cobertura de estos sucesos será diferente o por lo menos, cuando dejé de ser profesional, le remorderá la conciencia.
Poveda recorre el país mostrando, sin cobrar, el documental. Habla de la experiencia, mientras el público escucha con respeto, porque está ante un periodista que se jugó el pellejo por contar, sin compasión, la realidad.





