De un aproximado de 26 mil jóvenes que habitan Tonacatepeque, cinco son delegados por sus comunidades para que se formen en prevención, para que enfrenten uno de los municipios más peligrosos de San Salvador con manualidades y escuelas deportivas. La gran pregunta es: ¿podrán cinco jóvenes acabar con la violencia de “Tonaca”?
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Ángel estaba ansioso. En el salón todo estaba listo para su exposición. Proyector, plumones, fichas. Todo. Pero no lo utilizaría. Entonces, le dijeron que era su turno. Se colocó frente al público, aclaró la garganta y explicó su plan de crear una fábrica de reciclaje y separación de desechos para generar empleo y cuidar el medio ambiente. La idea gustó. “Ese es mi proyecto de prevención para mi comunidad: el Distrito Italia”, concluyó.
Ángel Torres, de 26 años, regresó a su asiento. En aquel edificio con paredes de vidrio, imaginar las actividades necesarias para un Tonacatepeque libre de violencia es posible. Al menos para él y para Alejandra, Juan, Eduardo y José Luis. Ellos, al igual que Ángel, fueron seleccionados por la Alcaldía de Tonacatepeque debido a su liderazgo en sus comunidades, para participar de una beca en prevención.
Iniciaron el curso en 2011, en el marco del Proyecto de Prevención Social de la Violencia con Participación Juvenil (PROJOVENES II), un programa de formación en prevención que impulsa el ahora Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE). Dicho proyecto se desarrolla en 14 municipios de San Salvador, de donde también se capacitan a otros jóvenes en el Edificio Valencia, en la colonia Santa Elena, de Antiguo Cuscatlán.
Los cinco elegidos han encontrado muchas similitudes entre ellos, más allá de la cercanía de sus comunidades: todos han tenido experiencias por su trabajo en prevención, con las pandillas y los militares. Desde Alejandra, quien vive en la Comunidad Santa María, en la que, a la fecha, no se han registrado homicidios; hasta Ángel, del Distrito Italia, donde a veces no hay reportes oficiales de asesinatos, pero sí especulaciones sobre violaciones, pozos de enterramientos, secuestros, extorsiones y desapariciones. Ellos saben que viven en un territorio dominado por las pandillas, CON TODO LO QUE ESO REPRESENTA.
Ángel es el que más tiempo lleva en el trabajo de prevención de violencia, porque comenzó sin apoyo de instituciones en 2009, junto a otros amigos. Su primer proyecto fue la creación de un grupo de danza moderna. Enseguida se ganó la confianza de muchos jóvenes en los centros escolares del Distrito Italia. Y, dos veces por semana, cuando el reloj marcaba las cuatro de la tarde, salía de su casa y comenzaba el ensayo al ritmo de reggaetón, bachata y rap.
Al mismo tiempo, los militares marchaban a los alrededores, lanzando miradas furtivas a través de la reja que separa la cancha de la calle desolada del Distrito. Meses después, Ángel gestionó tambores con PROJOVENES II, para que se pudiera hacer una batucada y ensayar junto al grupo de danza que ya tenían.
A mediados de 2011, la Fuerza de Tarea Cronos, nombre oficial del batallón de 400 soldados en el Distrito Italia, se topó con el grupo de Ángel. Los vigilaron de cerca.
“Todos esos que tocan en la batucada son mareros. Hasta ese pelón (refiriéndose a Ángel), pero ya le vamos a descubrir algo y lo vamos a encerrar”, recuerda Ángel que dijo uno de los militares, mientras registraba a una de las integrantes del grupo de danza moderna.
Otro día, mientras tenían un toque de batucada que atrajo a la multitud, se interrumpió la sesión.
“Quitate la camisa” le dijo uno de los militares a Ángel. Segundos después, todos los que estaban ahí estaban pecho desnudo contra la pared de la cancha del Centro Escolar Distrito Italia, donde ensayaban.
Nadie decía nada y registraron todo: los tambores, sacudiéndolos para comprobar que no tenían droga, las bolsas de los pantalones, los calcetines y los calzoncillos. “Lo que he escuchado es que ellos dicen que los que estamos en estas actividades de danza y batucada somos pandilleros disfrazados, y, por lo menos dicen que están esperando que yo la riegue para agarrarme y encerrarme”, asegura Ángel, con un dejo de rabia que se le cuela en la cara cuando recuerda esas escenas.
La presencia militar comenzó en 2009, después de la firma del Decreto Ejecutivo 70, cuando Tonacatepeque se convertiría, junto a Soyapango, en los primeros municipios con intervención de la Fuerza Armada. Desde entonces, el batallón registra a los hombres que llegan de su trabajo, niños que no asisten a centros escolares, y hasta a los mismos jóvenes que trabajan en prevención de violencia.
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Esa tarde del 18 de abril de 2012, la facilitadora del programa agrupó a Ángel, y a los otros cuatro muchachos, en equipos de trabajo que analizarían el estado de sus municipios. La tarea consistió en ofrecer propuestas para mejorarlo. Ellos se entretuvieron. Ahí no importó si habría o no presupuesto, o disposición de la gente, o permiso de los militares o pandilleros.
Alejandra Díaz dice que el trabajo que ella quiere realizar por su comunidad está en los niños. Por lo que trata de organizar, con regularidad, talleres de dibujo y pintura, además de convivios familiares, como el que gestionó para mayo, por el día de la madre.
– Para estos eventos necesitamos papeles de colores para las manualidades, refrigerios, piñatas, dulces y quizás un pastel para los niños- explica Alejandra.
– ¿Y adónde lo va a pedir? – pregunta la periodista.
– Pues PREPAZ nos da lo material y a veces refrigerios.
Desde que Tonacatepeque fue creciendo como uno de los lugares más violentos de San Salvador, se incrementaron los discursos gubernamentales a favor de la prevención, que venían de instituciones como la Subsecretaría de Desarrollo Territorial y Descentralización, de la Dirección de Centros Penales, hasta de la Presidencia de la República. Lo cual, en la práctica, se tradujo a la creación, en 2010, de un organismo perteneciente al Ministerio de Justicia y Seguridad Social llamado Prevención de la Violencia Social y Cultura de Paz (PREPAZ).
Roberto López, coordinador de PREPAZ en San Salvador, profundiza en que el proyecto busca fortalecer la capacidad organizativa de cada municipio, brindando desde utilería para las actividades que realicen las comunidades, hasta capacitaciones en prevención, las cuales realizan “varias veces por año, pero ahorita no tenemos el dato”, se excusa.
Ni Alejandra ni Ángel, que habitan en comunidades beneficiadas por el proyecto, conocían de lo segundo. Para ellos, PREPAZ es la institución que da jugos, refrigerios, y a quienes tienen que llevar cartas firmadas -hasta por el párroco de la comunidad- para obtener refrigerios, papelería, trofeos o uniformes.
Los procesos para conseguir recursos toman tiempo. Una vez, Ángel pidió a PROJOVENES II el equipo para la batucada. Al momento solo dedicaba tiempo a la danza, porque no tenía pelotas para hacer prácticas de fútbol con los niños que, desesperados, querían involucrase en otra actividad. Entre ellos había uno de 11 años, que usualmente camina en el Distrito Italia I.
Una mañana, Mercy Urbano, facilitadora de PROJOVENES II en Tonacatepeque, empezó a tomar fotografías de la casa comunal. En esas estaba, cuando el niño apareció, de repente, por detrás. Llevaba a su hermano menor, de cuatro años, aproximadamente. Entonces, Urbano volvió su cabeza, y vio cómo dos jóvenes tatuados se alejaban en sus bicicletas.
–Y, ¿qué estás haciendo? - le preguntó el niño.
–Tomando unas fotos para mi trabajo, ¿por qué, vos? –respondió ella.
–Es que nunca venís a tomar fotos –replicó el niño.
–Y vos, ¿qué andás haciendo? ¿No tenés clases?
–No. Ya no voy, ya me aburrí de estar ahí.
–¿Y tu hermanito?
–Tampoco, va, porque aquí, lo cuido yo, va.
–¿Y qué hacés ahorita? ¿Estás trabajando?
El niño apuntó con su dedo hacia el norte de la comunidad. Ahí donde se encuentra una zapatería.
–¿En la zapatería trabajás?-preguntó Mercy.
–Sí, ahí voy –cerró el niño, mientras arrojaba la botella plástica que estaba mordiendo.
A Ángel, ese niño le decía que quería formar parte de la batucada, pero como los instrumentos se retrasaron, al niño lo vieron meses después, en una zapatería, junto a otros pandilleros tatuados de la Mara Salvatrucha (MS).
En esa zapatería, según los habitantes del Distrito, se elabora calzado para las escuelas. Parece fábrica, con poca luz, material de cuero por todos lados. El clamor popular lo señala como uno de los grandes centros de concentración de pandilleros, debido a la relación familiar con los dueños de la misma. El niño ahora sirve de “poste”. Iniciado en la pandilla, encargado de alertar cuando ve algo sospechoso en la zona.
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Después de los talleres en Santa Elena, cada joven, en especial los de Tonacatepeque, aplica sus conocimientos mientras trabaja en prevención durante la semana, destacando entre sus actividades: talleres de dibujo y pintura, convivios familiares y escuelas deportivas. Esto según el monitoreo que realiza INJUVE de lo que se hace en cada municipio. Sin embargo, Ángel dejó de realizar actividades deportivas hace dos meses.
Un día de noviembre de 2011, mientras caminaba hacia su casa, Ángel vio que dos jóvenes se acercaban. Uno se quedó en la entrada del pasaje, y el otro avanzó hacia él, con un celular en la mano. Ambos, al igual que los demás pandilleros del Distrito Italia, saben que él trabaja en prevención y que le dan pelotas, chalecos, y otros implementos. Por eso se los “piden prestados”.
– Aquí te quieren hablar – le dice, mientras le coloca el celular en el oído.
– Mira, queremos que nos des unas pelotas. Dásela a los bichos- dijo la voz. No profunda, no misteriosa. Una voz con tono familiar, sin amenazas explícitas, más que el hecho de haber enviado a dos de sus colaboradores a traer la encomienda.
Quienes llegaron a retirar la pelota eran familiares para Ángel. Habían llegado varias veces, hasta que se acabó la última. Él los conocía, había escuchado sus historias, años atrás, cuando iniciaban el camino de las pandillas. Se le acercaban igual que esa vez, sigilosos, buscando un momento en el que el pasaje estuviera solo. Se sentaban en el arriate y comenzaban la confesión: “Que maté a estos, que tuve que hacer lo otro... Todas esas cosas escuché cuando iba creciendo, y no quiero que nadie más las viva, por eso con unos amigos comenzamos a trabajar con niños y jóvenes”, cuenta.
Para Eduardo Santos, de Cimas de San Bartolo, en Tonacatepeque, cuando se hacen trabajos de prevención, bajo la mirada constante de las pandillas, modifican los términos de las actividades. En vez de prevención, se utilizan las palabras “convivencia social”.
En todas las comunidades de donde son originarios los jóvenes becarios, las pandillas se integran a las actividades que hacen. Por ejemplo a los torneos de fútbol, donde se incorporan a un equipo, o forman ellos el suyo.
“Nosotros sabemos quiénes son, de dónde vienen, y ellos también nos conocen. Por eso no es peligroso para nosotros que ellos participen”, asegura José Luis Guerra, de la comunidad 10 de Octubre.
Precisamente eso es lo que buscan en la Comunidad Santa Teresa. Según Juan Urquilla, joven becario de Tonacatepeque, es normal que los fines de semana utilicen la calle como una gran cancha en la que todos comparten, juegan y no pasa nada. Antes, había más instituciones presentes, como la Cruz Roja, pero ahora que hay dos instituciones de gobierno –PREPAZ y PROJOVENES II- que llegan al municipio, de vez en cuando, porque de acuerdo a su modelo de funcionamiento, han dejado de estar en la parte organizativa de las actividades. Ahora, la tarea de organizar ha quedado en los habitantes de cada comunidad.
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Los primeros programas de prevención que llegaron a Tonacatepeque estuvieron a cargo de oenegés, y estuvieron orientados, en su mayoría, al Distrito Italia, debido a la alza de acciones delincuenciales. Desde el Arzobispado, el FISDL, hasta la Cruz Roja. Las cosas, sin embargo, no cambiaron mucho. En marzo de 2012, aún con el paso de militares, la Policía Nacional Civil reporta que un 90% de sus habitantes están involucrados con las pandillas.
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Para los becarios del municipio, es muy poco lo que se ha logrado y mucho lo que les han ofrecido. Ángel, con una sonrisa, acusa al “asistencialismo”. “El hecho de que lleguen por unos momentos, sólo a la primera etapa del Distrito, dejando las otras dos de lado, hacen que nada de lo que construyen se quede”, critica.
Para que los proyectos sean sostenibles, en 2010, el gobierno se creó la Estrategia Nacional de Prevención (ENPV), que contempla a las municipalidades como entes que deben vigilar por la prevención de la violencia de forma permanente. En el documento se establece que cada comuna forme un Consejo Municipal de Prevención Social de la Violencia, integrado por los actores sociales que trabajan en el tema, tanto oenegés, como instituciones gubernamentales.
En Tonacatepeque existe uno, a cargo de Lorenzo Portillo, concejal del Referente de Prevención Social de la Alcaldía. Portillo asegura que el Consejo ha creado planes y estrategias para la prevención de la violencia. Pero en tierras tonacatepequenses no se conoce ninguno que haya nacido de la iniciativa de la comuna.
Para los habitantes de las comunidades de Santa María, Cimas de San Bartolo, 10 de Octubre, Santa Teresa y Distrito Italia, cada actividad de convivencia es organizada por los jóvenes que se están capacitando.
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En el salón de la derecha, en el primer piso del edificio Valencia, ubicado en la ciudad con mejor índice humano del país, el reloj marca las cinco de la tarde. Las discusiones, planes y proyectos de los jóvenes concluyen. La facilitadora los despide con una última dinámica: levantar las manos, estirar el cuerpo y respirar profundo. Luego todos aplauden. Los jóvenes se despiden de los facilitadores, y se alejan de Antiguo Cuscatlán. Ángel, Alejandra, Juan, Eduardo y José Luis se marchan a la realidad de Tonacatepeque.
–Entonces, ¿la prevención puede solucionar los problemas de violencia de la comunidad? -pregunta la periodista.
–La verdad… quizás no- responde Alejandra -. Podría ayudar a que, al menos, el 50% de estos niños no entren en malos pasos, pero siempre va a haber un porcentaje que lo hará.
(Aclaración: los nombres de algunas personas que aparecen en este relato se han modificado para proteger sus vidas)
| Modelo de Prevención de PROJOVENES II |
| El Proyecto de Prevención Social de la Violencia con Participación Juvenil inició su segunda etapa en 2009, con un cambio en el modelo de intervención que tendría a lo largo de los 14 municipios del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS): |
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| Fuente: Instituto Nacional de la Juventud, 2012. |







