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Lunes, 22. Sep 2014
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Portada Ambiente Agricultura en laderas: el enésimo problema del medio ambiente salvadoreño

Agricultura en laderas: el enésimo problema del medio ambiente salvadoreño

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En el país más pequeño y con la mayor densidad poblacional de la plataforma continental americana cultivar en las laderas suena casi a obligación. En El Salvador se cultiva en laderas, mucho, y por lo general se hace sin tomar ningún tipo de medidas, lo que genera serios daños al medio ambiente.

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La mala práctica de agricultura en laderas, como la quema y la siembra de cultivos estacionarios sin realizar barreras o curvas a nivel, ocasiona la erosión de suelos.

Amanece en el cerro Miramundo, en el municipio de La Palma, Chalatenango, y la temperatura es fresca y agradable. La neblina que envuelve el paisaje montañoso y de grandes pendientes se convierte en un atractivo para los turistas. Pero para sus habitantes es solo un día más donde el cielo gris amenaza lluvia. Hay preocupación por los caminos en mal estado y los primeros derrumbes provocados por los aguaceros. Esto no es impedimento para que Armando Santamaría, agricultor de la zona, se disponga a trabajar su parcela. Sus ingresos provienen de la venta de repollos y tomates que cosecha en las laderas. Sembrar en estos terrenos no es un problema para él, pero para el medio ambiente sí.

El Salvador es un país de laderas. Según un informe del Programa para la Agricultura Sostenible en Laderas de El Salvador (PASOLAES) de los 21.040 kilómetros cuadrados que conforman el territorio nacional, el 95% son áreas de laderas o tierras altas. El mismo documento detalla que un terreno se considera ladera cuando su inclinación es superior al 15%. Las planicies que existen en el país son en realidad muy pocas.

La consecuencia es un país en el que la mayor parte de sus cultivos están en laderas, cultivados por agricultores que desconocen el deterioro que pueden ocasionar al medio ambiente al sembrar en estos terrenos sin tomar en cuenta las medidas necesarias.

Problemas medio ambientales

Armando se dispone a preparar la tierra que trabajará durante los siguientes meses. Mientras avanza en el terreno, reconoce su desgaste ante una estación lluviosa prematura que ya se ha hecho sentir. Observa con preocupación el final de la parcela que debe cultivar: ahí se ubica la hendidura ocasionada por la falta de árboles y las correntadas de agua causadas por los inviernos anteriores. Este año está considerando levantar algún tipo de barrera.

Prácticas agrícolas ambientalistas
Durante la implementación del Programa Ambiental de El Salvador (PAES) realizado entre 1998 y 2004, se pusieron en práctica técnicas agrícolas a favor de la conservación de los recursos naturales.
  • Conservación de suelos: realizando barreras vivas (sembrando piña, vetiver y brizantha en su mayoría) y barreras muertas (cercas de piedra, acequias de ladera y terrazas individuales para frutales).
  • Agroforestería: que implica la elaboración de cercas vivas, árboles al contorno, cultivos en callejones, cortinas rompevientos, árboles dispersos, manejo de bosque y bosquete. Las especies promovidas fueron en su mayoría eucalipto, teca y chaquirro.
  • Diversificación a través de la siembra de frutales y hortalizas: donde se proporcionó a los agricultores las especies para cultivos que demandaron. Lo que más se proporcionó al final fueron cítricos, mango, papaya y aguacate.

Fuente: Documento de Sistematización del Programa Ambiental de El Salvador (PAES) del 2005.

El especialista en agricultura, territorios y bienestar rural del Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola (IICA), Antonio Herrera, manifiesta que los cultivos que se han realizado desde hace años en terrenos de este tipo han sido sobre todo maíz y frijol, y también verduras y hortalizas. Pero reconoce que, en esta práctica, los agricultores “han acabado con los poquitos árboles que estaban en laderas y esto ha traído problemas serios”. De la cantidad de daños ambientales que se desencadenan, la deforestación es la principal. 

La ausencia de árboles da origen a otros factores que perjudican al medio ambiente, entre ellos, la pérdida de suelos. “Los daños fundamentales que se ocasionan es que con el mal manejo (de la tierra) se está lavando el terreno. Hay muchísima erosión”, dice la responsable de los proyectos de medio ambiente de la Agencia de la Cooperación Española de El Salvador, Natalia Otamendi. En los cauces de los ríos se sedimenta material extra y puede causar desbordamientos.

La mala práctica de cultivos en laderas también repercute en los mantos acuíferos. Los químicos utilizados por los agricultores para fertilizar la tierra o eliminar plagas no permanecen en las plantaciones. Estos venenos van a parar a los ríos y contaminan el agua.

Los árboles permiten también la absorción del agua gracias a sus raíces. Sin ellos, tampoco se retiene el líquido, lo que ocasiona la pérdida de nacimientos de agua. “Ahora ya no hay nacimientos, porque como el agua corre completamente, entonces las fuentes de los ríos se han ido secando. Por eso, muchos ríos solo corren en invierno”, dice el experto Herrera.

Víctor Posada es otro agricultor que labora en el cantón Río Chiquito, junto al cerro Miramundo. Su figura es la de un hombre fornido de unos 35 años. Comparte con Armando su preocupación por la producción de cultivos, pero su jornada de trabajo ha empezado de forma diferente. Con paso lento avanza al invernadero que se encuentra a pocos metros de su hogar. Al llegar, observa con agrado las hileras de tomates cosechadas. La imagen le ayuda a mantener la esperanza de que su primer intento en esta forma de cultivo saldrá bien.

Lo que sucede es que Posada también ha identificado otro problema al cultivar en laderas: “Los cultivos al aire libre, como el tomate, chile, ya no quieren funcionar”. Esto los ha llevado a realizar invernaderos, pues consideran que ahí “están libres de plagas, libre de exceso de agua, y se controla más fácilmente el clima también”. En realidad, el deterioro de los suelos impide una producción como debería de ser tanto en calidad como en cantidad.

Armando interpreta que este fenómeno se da porque la tierra ya no es fértil y requiere mayor ayuda del ser humano para producir: “Cuando está fértil, con poco fertilizante se cultiva, pero a medida que se va lavando, va necesitando más fertilizantes para lograr la misma producción”. Ante tal planteamiento, Herrera manifiesta que por más químico que se utilice en los cultivos, la producción siempre será mínima y de baja calidad, ya que las primeras lluvias arrastrarán los fertilizantes a los ríos y quebradas.

En el documento elaborado en 2008 para la Estrategia Regional Agroambiental y de Salud (ERAS) de Centroamérica, se manifiesta que el uso inadecuado de agroquímicos produce efectos contaminantes al ambiente, suelos y aguas, con repercusiones en los costos de producción y en la salud humana.

Medidas paliativas

Armando visita de vez en cuando a Eduardo Salguero, coordinador de la Asociación de Desarrollo Integral de la Zona Alta de Miramundo. Él es un hombre alegre que produce aguacate hass en el cantón La Granadilla. Mientras recorren parte de las siete manzanas cultivadas, Salguero corta algunos de los primeros frutos de su próxima cosecha y en su rostro se visualiza la satisfacción. 

Según Otamendi, la siembra en laderas “no tiene que ser necesariamente dañina”. El problema radica en que el 95% de las veces se realiza con ciertas prácticas indeseables. Esta labor se puede implementar siempre y cuando se tomen las medidas necesarias.

En laderas lo recomendado es cultivar ciertos productos. Una opción, señala Otamendi, son los árboles maderables o frutales, en vez de los cultivos estacionarios, como los granos básicos. De esta manera se está logrando una retención del suelo y un mejoramiento en la captación del agua, pues se reduce la escorrentía en la ladera y se logra su absorción. Reconoce que son cultivos de medio y largo plazo, pero que es posible obtener un rendimiento económico.

La plantación de aguacate de Salguero es un ejemplo de agricultura forestal. Fue en 2003 cuando decidió abandonar la plantación de repollo: “Nosotros empezamos a darnos cuenta que el aguacate tenía un potencial de larga duración de 30 a 40 años y, con un buen manejo, pueden salir hasta dos producciones al año”.

Agricultores laborando en el cantón Río Chiquito, Miramundo, quienes para poder realizar sus cultivos sin ocasionar daños en los suelos, deben realizar curvas a nivel o utilizar barreras en sus terrenos.

Valmore Ochoa, especialista en manejo de cuencas hidrográficas de la Secretaría Técnica de la República, opina que “no se puede pensar, desde ninguna perspectiva, no hacer agricultura en zonas de laderas”. Lo que hay que procurar es realizar prácticas cada vez más amigables con el medio ambiente. Una de las más sencillas, baratas y de fácil adopción es la no quema de los rastrojos del maíz o del maicillo, que pueden servir como cobertura del suelo. Otra opción es realizar mayores densidades de siembra. Efectuar cultivos estacionarios también es posible, en la medida que se dé un buen manejo de suelos.

Falta sensibilización

Aunque existen alternativas, los agricultores que se han sensibilizado con el medio ambiente son pocos. Armando reconoce que ha recibido capacitaciones de mantenimiento de suelos y uso de fertilizantes, pero que solo un 60% de lo aprendido se aplica en la zona que habita. “Yo creo que hay gente que no lo aplica, porque requiere más trabajo”, dice. También implica más gastos.

En cuanto a la plantación de árboles frutales, estima que “alguna gente no lo hace por la falta de extensión de tierra” y porque “no les gusta que hay que esperar de tres a cuatro años” para obtener la primera cosecha. Desde su punto de vista lo que cuesta es romper el esquema de la producción.

Otro factor que impide la adopción de prácticas más amigables con el medio ambiente es la ausencia de un ordenamiento de territorio. Otamendi pone como ejemplo España, donde sí hay una buena planificación territorial: “Las grandes planicies se dedican para los cereales, y los granos básicos y se dejan las montañas para los cultivos forestales y hortalizas, cultivadas según curvas de nivel, con prácticas agroecológicas adecuadas y cobertura de suelos”. En El Salvador la Ley de Ordenamiento Territorial apenas fue aprobada el pasado mes de marzo.

Ochoa también reconoce que una planificación territorial hace falta en el país, pero tiene sus desventajas: “Esto implicaría que muchos de los agricultores que viven en laderas dejen de sembrar”. La problemática radica en que se afectaría el medio de subsistencia de este sector de la población.

Como trabajador de la Secretaría Técnica de la República, Ochoa manifiesta que el gobierno está implementando algunas políticas de apoyo a los pequeños productores. Los paquetes tecnológicos y un programa de asistencia técnica al agricultor, en el que se pretende apoyar a los trabajadores en el manejo de sus parcelas para obtener una relación más amigable con el medio ambiente, son ejemplos de ello. Pero el especialista también repara en que esto no es lo ideal: “El Estado debería de tener muchos más recursos para apoyar a las agriculturas en zonas de laderas”.

Armando subsiste de la agricultura. Sembrar sus tomates en un invernadero le costaría unos 7 mil dólares, algo fuera de su alcance. Tampoco considera posible esperar tres o cuatro años para obtener cosechas de cultivos forestales. Está consciente de los daños que puede ocasionar al medio ambiente un mal manejo de suelos al sembrar sus cultivos en laderas, pero acepta que, como muchos otros agricultores, tampoco tiene recursos para cambiar. La ladera en la que siembra se seguirá lavando en esta estación lluviosa. Y ocurrirá lo mismo en decenas de miles de parcelas de todo el país. 

Actualizado ( Jueves, 05 de Mayo de 2011 16:21 )  

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