El veneno que una vez curó

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La prescripción de medicamentos en los centros de salud es la manera más segura de monitorear la entrada y salida de medicamentos. Foto por: Gabriela Suria.

El patrón principal que ha ocasionado el desconocimiento sobre la gravedad de los medicamentos vencidos es la gestión ineficaz, que según la Dirección Nacional de Medicamentos (DNM) puede ser un veneno para las personas que los manipulan.

Por Bessy Raymundy, Gabriela Suria, Jacqueline Pineda

Nadie le daba demasiada importancia al estómago adolorido esa noche. No había indicios de que se tratara de una máxima urgencia;  por eso Carolina Chávez intentaba reconfortarse solo en las sillas azules del Hospital Nacional Zacamil Dr. Juan José Fernández, uno de los 30 nosocomios públicos de El Salvador. Sus brazos que rodeaban al abdomen eran los que le daban consuelo. La ayuda tardaba en aparecer. Pero los que se presentaron rápidos y constantes fueron los vómitos. Esos que la atormentaban desde tempranas horas cuando se encontraba en su casa y que llevaron al vientre doliente a sumarse a ese listado infinito de personas en espera.

Después de una larga estancia en el sanatorio la atención llegó. Evaluaciones físicas y exámenes se hicieron. Sin embargo, el cuerpo débil se desmayó antes de que terminaran los análisis y escuchara el resultado. Al abrir los ojos de nuevo se sentía desubicada. El doctor aprovechó que recobró el conocimiento y se dirigió a ella para explicarle los procedimientos que le realizaron e informarle que sufrió una intoxicación por medicamentos.

El estómago adolorido de esa noche pertenece a Carolina. Una mujer de piel morena, quien es ama de casa, que tiene 56 años de edad y 15 de ellos padeciendo de migraña.  Mientras entrelaza los dedos de sus manos, trata de traer a su mente cómo fue que consumió pastillas vencidas. Razón por la que terminó ingresada en un hospital. “Estuve dos días ahí en el Zacamil. Me dijeron que tenía una intoxicación leve”, confirmó.

Un medicamento vencido es aquel al que se le acabó la vida útil. Es decir que el lapso en el que se puede consumir para que sea eficaz y seguro en el organismo de una persona se terminó. Sus propiedades  químicas, físicas, microbiológicas y biofarmacéuticas cambian. Según el artículo “La caducidad de los medicamentos: justificación de una duda”,  de la Revista Cubana de Farmacia volumen 38 publicada en diciembre del 2004, las características que pueden alterarse por su caducidad referente al aspecto químico son que en cada ingrediente activo se puede ver afectada la potencialidad con la que se creó. Por otro lado, en el plano físico se modifica la apariencia, la uniformidad, el color, entre otros.

La modificación microbiológica consiste en que se pierde la esterilidad o la resistencia al crecimiento bacteriano. Es decir que los medicamentos ya no atacan a los microorganismos causantes de las enfermedades. No tienen la misma efectividad.  Las características farmacéuticas se dividen en dos partes: las terapéuticas, que se ven perjudicados los efectos terapéuticos, lo que se espera de la medicina; y las toxicológicas, que se pueden convertir en productos tóxicos.

Aunque no solo los fármacos que cumplen su periodo de durabilidad son considerados dentro de esta categoría, sino que también aquellos que las personas ya no consumen. Eso debido a que dejaron de ingerirlos o les sobraron. Así lo declaró Reina Zelaya, encargada de la bodega de medicamentos  del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) de San Salvador, “también se considera medicamento vencido a aquellos que el usuario o paciente deja de usar y desea descartar como un residuo”.

La ingesta de medicamentos caducados se convierte en un problema significativo para el organismo y es causa para que las personas consulten los servicios de emergencia de cualquier establecimiento de salud. En el país existen antecedentes relacionados a dicha situación. En el 2015, se registró un caso en el que a 150 pacientes se les inyectó Propofol (anestésico intravenoso que se utiliza para sedar a quienes se sometan a una intervención quirúrgica) prescrito en el hospital Psiquiátrico “Dr. José Molina Martínez”, entre  mayo y agosto de ese mismo año.  La droga caducó en el primer mes del  2015. Luego de haberse hecho pública la noticia, el director de medicamentos, Vicente Coto admitió que no se detectaron anomalías en los pacientes luego de haberlos tratado con los medicamentos vencidos.  

Ser víctima de intoxicación por medicamento lo sabe muy bien Carolina Chávez. Recordó que ese día los vómitos contantes la desesperaban. El mareo la dominada. El dolor abdominal torturaba su cuerpo y lo debilitaba a cada minuto. Se sentía decaída. Los malestares se intensificaban, trataba de ignorarlos al tomar pequeños descansos. Sin embargo, ella insistía en seguir con sus laborales cotidianas: lavar trates, preparar comida, barrer, trapear y cualquier actividad relacionada con el hogar. “Es que no hay nadie más que lo hiciera”, justificó. Se mantuvo con los malestares por más de 36 horas, hasta que en la noche del segundo día tomó la decisión de asistir al sanatorio. No podía más.  Ahí escuchó por primera vez su diagnóstico: intoxicación leve.

Esa se produce porque la persona se expone, ingiere, inyecta o inhala una sustancia tóxica que debe poseer una composición química que genere cambios. Lo que sucedió con Chávez. Entró en su cuerpo una cantidad suficiente de tóxicos que generaron daños. La fuente del envenenamiento el Avamigran. Fármaco que se le recetó desde hacía ya bastantes años para controlar los fuertes dolores de cabeza que la aquejaban. Malestar que resultó en migraña. El remedio para su enfermedad, que en determinados momentos la curó, se convirtió en su dosis nociva. Ella ingería una pastilla cada ocho horas. Al llegar al hospital en su organismo ya contenía 6 comprimidos y sus sintomas iniciaron desde la primera tableta, pero no les dio importancia.

Mario René Tévez, doctor en medicina general y dueño de su propio consultorio, explicó que cuando un paciente ingiere una sustancia tóxica se parte del tratamiento inmediato, pero basándose en el tiempo desde que se consumió el medicamento. “Lo primero que hay que hacer es un lavado gástrico lo más inmediato posible. Se necesita vaciar el estómago del contenido”, asentó.

Él también mencionó que al tragar componentes corrosivos se pueden ocasionar quemaduras químicas en el organismo de la persona. Señaló que inducir el vómito es una forma rápida y efectiva de eliminar la sustancia; sin embargo, todo dependerá del tipo de medicamento que se consumió para determinar si se puede o no adoptar dicha medida. Reiteró que es de vital importancia tener en cuenta el cuadro clínico del enfermo. Refiriéndose al tema de los fármacos vencidos, dijo que una reacción inmediata anafiláctica por intoxicación de antibióticos prescritos es la hinchazón en la mucosa. Por ejemplo, los ojos o la vía oral. “Le puede dar una sensación de asfixia, inflamación de la epiglotis y más”, concluyó Tévez.

Carolina Chávez solo recuerda sus dolores abdominales, mareos, vómitos y su desmayo. No registra en su mente si presentó inflamación en alguna parte de su cuerpo. Mientras hace una pausa y respira profundo para dejar escapar un suspiro, en su cabeza cobran vida los recuerdos.  Explicó cómo comenzó a tomar Avamigran. Narró que mientras laboró en una maquila en Soyapango  mantenía su control en el ISSS y esta institución se encargaba de brindarle sus medicinas.

Su suerte cambió al dejar el trabajo. Sin un seguro médico se vio obligada a comprar sus pastillas a cualquier vendedor ambulante que encontraba por las calles. Alegó razones económicas para optar por dicha acción. “En las farmacias valen como setentaicinco centavos, pero yo no tenía como comprarlas ahí y por eso me tocaba hacerlo en la calle”, sentenció. Adquirirlas por esa vía no garantizaba que la medicina no estuviera vencida o en buenas condiciones. Ella se reprocha tomarlas sin verificar la fecha de expiración.

Los medicamentos esenciales son aquellos que satisfacen las necesidades prioritarias de salud de la población. Foto por: Gabriela Suria.
Los medicamentos esenciales son aquellos que satisfacen las necesidades prioritarias de salud de la población. Foto por: Gabriela Suria.

 

Los medicamentos, ya sean de usos interno, externo, inyectaba, aspirable, bebible o de cualquier otra aplicación, debe de comercializarse, entregarse y consumirse dentro del lapso en el que los productos químicos de los que están hechos se encuentran en perfectas condiciones. Así se garantiza la efectividad que deben tener en el combate de enfermedades. “Es una apreciación popular que los productos vencidos tienen después de la fecha tres o seis meses para utilizarse. Eso es totalmente falso”, aclaró Mario González, jefe de la Unidad de Inspección y Fiscalización de la Dirección Nacional de Medicamentos (DNM).

Su contundencia se debe a que sabe que un fármaco prescrito ya no funciona de forma adecuada. Es por ello que ya no se pueden consumir después de la fecha límite, que se estableció basándose en el tipo de elementos incluidos, los porcentajes, estudios de estabilidad, los usos, entre otros.

Salud con fecha de caducidad

Responsabilidad. Esa es una palabra clave para el uso o la manipulación de fármacos. No solo porque se debe entender la importancia de su óptimo estado, sino que implica protegerse a uno mismo y a los demás.

Para Zelaya la clave del compromiso  se encuentra en la fecha de vencimiento. “Deben respetarse esos numeritos”, sentenció. Eso se debe a que comprenden el tiempo ideal de aplicación o consumo de un determinado producto sin que tengas repercusiones nocivas para la salud de una persona. El último día aún mantienen intactas sus propiedades. Después de su prescripción, “aumenta la toxicidad que tienen”, advirtió, porque pierden la efectividad. Pero qué sucede con toda la medicina caduca que proviene de las farmacias, hospitales o cualquier otro establecimiento de salud.

A nivel nacional solo dos empresas están autorizadas para la eliminación de dichos fármacos: Manejo Integral de Desechos Sólidos (MIDES) y HOLCIM, compañía que se destaca por la producción y comercialización de cemento, pero que dio origen a Geocycle. Esta se creó con el fin de asignarle la destrucción de residuos varios a nivel nacional. Tiene presencia en más de 90 países alrededor del mundo.

Según Guadalupe Meléndez, coordinadora logística de Geocycle, el servicio que ofrecen consiste darle una solución integral a la gestión de los desechos para así evitar el mal uso de estos. “Hacemos uso de la tecnología de Holcim para darle respuesta al problema”, añadió. En El Salvador, atienden la necesidad de los sectores privados y públicos en la industria farmacéutica y el sector salud en todo el territorio nacional. El proceso que utilizan consiste en introducir todos los residuos a un horno de cemento. Alcanza temperaturas de hasta 2,000 grados centígrados. Técnica que denominan coprocesamiento. En la página web oficial de la compañía (www.geocycle.com.sv) destacan que esta práctica tiene como fin primordial “dar un aporte a la protección del medio ambiente y a la salud de los salvadoreños”.

Es por ello que se rigen bajo la dinámica de las tres erres: Reducir, Reciclar y Reutilizar. Su proceso permite que las cenizas que se generan se integren al proceso de fabricación de cemento, y que a diferencia de otros métodos estas necesitarían un tratamiento seguro después. “Para poder generar concreto necesitamos alimentar con calcio, hierro, aluminio y zilce”, razonó Meléndez. 

Si bien Geocycle se encarga de los desechos, existe una lista de elementos que no procesan porque son de alta peligrosidad para la tierra y la atmosfera. Además, representan una amenaza para sus empleados. En esa nómina se encuentra: cianuro, material radiactivo y explosivo, ácidos, baterías, chatarra electrónica, basura sin clasificar. Incluso los residuos humanos no se reciben. Tampoco se hacen cargo de los residuos bioinfecciosos y vacunas biológicamente activas.

Por su parte, MIDES también trabaja con una visión ambientalista. Esta empresa se deshace de los fármacos vencidos  o en mal estado mediante la desactivación de las moléculas de estos. Lo consiguen a través de grandes temperaturas o ácidos. Todo el producto se deposita en amplios contenedores y el calentamiento para su destrucción dependerá del estado en el que se encuentren los medicamentos. Después de su destrucción, los remanentes son enviados al relleno sanitario del que disponen en Nejapa.

Esas diferencias en los procesos permiten ubicar a Geocycle como líder en el manejo de desechos y ubica a su competencia en el segundo lugar. Apoya a diversas droguerías. Una de ellas es en la que trabaja Mónica Rivera, química farmacéutica de laboratorio Leterago, que contrató los servicios de la compañía para que elimine sus productos caducados tres veces durante el año. “No mandamos a destruir muy seguido porque también implica costos. Nos cobran un dólar más IVA por cada kilogramo y por eso decidimos que hasta que tenemos una buena cantidad de producto los entregamos”, manifestó.

Los laboratorios drogueros son los encargados de la distribución, fiscalización y control de los medicamentos de las diferentes cadenas farmacéuticas registradas en el país. Al vencerse  un medicamento la droguería es responsable de recogerlo. “Cuando el establecimiento retira el producto vencido, ellos nos tienen que informar través de una nota con un inventario que detalla los medicamentos vencidos. Verificamos que estos datos sean verídicos. Además, hacemos un conteo del producto y  lo sellamos”, explicó González. Los productos se entregan a Geocycle o MIDES para que gestionen su eliminación. Proceso que la DNM supervisa desde el 2013, un año después de su creación.

Los técnicos expertos en el tratamiento de fármacos señalan la diferencia entre un medicamento caduco y uno en mal estado. Aunque a ambos se les da el mismo tratamiento de destrucción.  El vencimiento se determina a través de las fechas de extinción que factura la medicina, en cambio el un producto dañado comprende por ejemplo la pérdida del color original, la formación de gránulos y cristales, espuma en las sustancias liquidas y  si este es sólido se quiebra con facilidad.

Rivera aseguró que la DNM no ofrece una adecuada administración en el tratamiento de fármacos vencidos y no establece lineamientos que indiquen un apropiado control por parte de las instituciones en el rubro dedicado a la salud. “Ellos establecen que no se puede comercializar medicamentos vencidos, ya depende de cada empresa como lo va a gestionar, a menos de que sean drogas bastante reguladas y muy controladas se le notifica a la Dirección. En el país son pocas las empresas que le dan un tratamiento a los vencidos”, argumentó.

En el ISSS presenta mensualmente un documento donde reporta todos los medicamentos para que la empresa GEOCICLE haga la recolección y depuración. Foto por: Gabriela Suria.
En el ISSS presenta mensualmente un documento donde reporta todos los medicamentos para que la empresa GEOCICLE haga la recolección y depuración. Foto por: Gabriela Suria.

Incluso el ISSS se dejó seducir por la técnica de coprocesamiento de la compañía Geocycle. Así lo confirmó Melendez, “la empresa se encarga de recoger toda la medicina vencida y se la llevan en depósitos sellados, puntualizó. Al preguntársele sobre si sabía cuál era el curso que seguían los fármacos respondió que tenía conocimiento que los transportaban hasta un terreno en las afueras de San Salvador para proceder a incinerarlos.

La institución entrega sus desechos farmacéuticos a la compañía para que disponga de ellos y desde que trabajan en equipo se identificó un avance significativo en la reducción de productos vencidos que tenían almacenados.

Efectos secundarios de una prescripción  

Los medicamentos que ya cumplieron su vida útil no deben mezclarse con aquellos que se encuentran en óptimas condiciones para utilizarse. Eso con el fin de evitar confusiones. Sin embargo, la principal razón para separarlos es que de parte de los primeros se daría una contaminación hacia los segundos, de acuerdo a Zelaya. Razón que la lleva a enfatizar la importancia de retirarlos de las farmacias cada mes para evitar errores al momento de cumplir con las recetas. “Aunque muchas veces no es así porque pasan años para que este proceso de recolección se dé”, lamentó.

Situación que se reflejó cuando se retiraron de las instalaciones del ISSS fármacos que llegaron a su fecha de caducidad hace dos décadas. Ella misma fue testigo del suceso en abril del presente año. La falta de coordinación para generar resultados aceptables en dicha temática se convirtió en un reto para las instituciones encargadas de tramitar de principio a fin los medicamentos en el sistema gubernamental.

Zelaya señala como causantes del almacenamiento de productos caducados a la poca capacidad del personal y al corto tiempo para distribuirlos. “El responsable del área de farmacia de cada clínica y hospital es negligente. No sabe movilizar el medicamento próximo a prescribir.  Además, los fármacos que se entregan a los centros de salud solo disponen de dos meses para proporcionárselos a los usuarios”, sentenció. Incluso apuntó que las continuas huelgas en el ISSS contribuyen a que el medicamento venza. 

Por su parte, Claudia Solano, secretaria del Sindicato de Médicos Trabajadores del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (SIMETRISSS), coincide en la postura. Adjudica la acumulación de fármacos y de productos de uso hospitalario a la mala gestión que hacen los directores frente a la compra masiva. Situación que conlleva al vencimiento de la medicina. Según ella, se generan grandes “pérdidas económicas y se desperdicia insumos que los pacientes necesitan con urgencia”. Considera que el personal no cumple un perfil específico, no tienen experiencia y mucho menos se capacita.

Sin embargo, las instituciones de salud pública empezaron a tomar medidas para evitar el desperdicio de los fármacos. Realizan campañas médicas. En diferentes lugares del país llega personal de las clínicas u hospitales para entregar los productos a quienes lo necesitan. Así las personas aprovechan antes de que llegue la fecha de vencimiento.

También se ven en la tarea de visitar a grandes empresas para entregar condones y píldoras anticonceptivas con el fin de que se utilicen de manera más inmediata y a la vez deshacerse de los mismos. Una acción interna que realizan es informarles a los médicos de cada unidad cuál es el medicamento por vencer. Así ellos se encargarán de prescribirlo a los pacientes.

Solano recomienda que sería mejor que se proyectara la compra en base a la demanda que existe en el ISSS. Así se impediría que la medicina se acumule. Determinó que los parámetros que deben considerarse son: saber con exactitud la cifra de usuarios registrados, conocer los padecimientos e incluir la respectiva receta, especificar la cantidad que se le proporcionará al enfermo y el tiempo de duración del tratamiento. También destacó que es importante que cada institución investigue el número de pacientes que se aumentó en un periodo corto.

La comercialización de medicamentos en la calle es uno de los vacíos que posee la ley, pues no tiene una regulación de venta libre. Foto por: Gabriela Suria.
La comercialización de medicamentos en la calle es uno de los vacíos que posee la ley, pues no tiene una regulación de venta libre. Foto por: Gabriela Suria.

El no tener un control estricto en el manejo de los medicamentos puede generar daños a la salud y  preocupación en la población. “El gobierno debería darle importancia a esta temática porque hay gente que compra pastillas en la calle”, dijo Rosa Martínez, paciente del hospital Zacamil. La inquietud le surge porque a cada cita médica que asiste reclama en farmacia cinco tabletas de Anarapil, que no le son entregadas en su depósito de fábrica sino que en una bolsa transparente con una pequeña ficha que contiene las indicaciones. La DNM no ha dado ese tipo de gestión a este tipo de casos, quienes aseguraron que los hospitales deberían tener estos cuidados que aunque parezcan mínimos son muy importantes.

Los problemas al organismo no son las únicas consecuencias que trae la comercialización de fármacos vencidos. La DNM está en la obligación de sancionar a aquellos establecimientos que violen la Ley de Medicamentos, pues esta contempla multas económicas desde diez sueldos mínimos (autorizado en el país)  hasta los 200 salarios. Es decir un equivalente a 50, 340 dólares.  El recargo se apega al tipo de falta. También influyen aspectos como el tiempo de vigencia del negocio o compañía (reciente o ya consolidada) y la cantidad de producto que se encontró.

La Dirección Ejecutiva de la DNM debe comprobar la infracción. A partir de ello debe castigar al responsable basándose, según  lo que dice el artículo 81 de la Ley de Medicamentos, en la gravedad de la falta, la posibilidad económica del culpable, la trascendencia del problema en la sociedad y las circunstancias en las que se cometió la infracción.

Mientras las instituciones responsables en el área de salud unen esfuerzos para trabajar de manera coordinada en la eliminación de los fármacos vencidos y así garantizar una gestión adecuada, Carolina Chávez  seguirá con el recuerdo de que se intoxicó por consumir pastillas vencidas. No se le olvidará. Su mente mantiene ese recuerdo muy presente.

En su vivienda los medicamentos permanecerán en un espacio del mueble para la televisión. Siempre cerca. Custodiados por el aparato de sonido y las fotos familiares. Siempre a la vista de todos. Acumulándose en forma de pastillas, jarabes o cápsulas dentro de una cesta roja. Siempre listos para utilizarse. Allí se almacenarán todo tipo de analgésicos, antibióticos, antihistamínicos o antidiarreicos. Fármacos fáciles de adquirir en las tiendas. Esos que se conocen como Dolofín, Pepto Bismol, Intestomicina o Tabcin.  Incluso aquellas pastillas que le recetaron desde hace 15 años para tratar su padecimiento de migraña. Las causantes de su intoxicación. El Avamigran.

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