El lago es un entrenador más

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Karla Calvo, una atleta destacada con pasión por triunfar en el remo. Fotografía cortesía de Karla Calvo


El remo es un deporte dinámico de alta exigencia física, mental y de tiempo,  llevando al cuerpo al límite, a los que  muchos consideran un estilo de vida. Karla Calvo, 21 años, una atleta de la Federación de Remo perseverante con su rutina para alcanzar sus metas y representar al país en las mayores competencias.

Es sábado y como es costumbre toca ir al lago de Ilopango. Son las 4:45 am y Karla, come un poco de avena con miel, luego sale de su casa y se dirige a la Federación donde se reúnen todos los remeros para partir hacia el lago.

La temperatura está a 20 grados centígrados. Todos están bien abrigados, algunos con suéter y gorro. Parte del grupo está acomodado dentro del microbús, entre ellos Adriana Escobar, compañera de bote doble de Karla y Jessica Hernández siendo parte de un equipo que se prepara para representar al país pormando parte del TeamESA.

El sol aún no se deja ver, la probabilidad de lluvia está abierta, con lo que se corre riesgo de no tener un entreno 100% efectivo siendo una preocupación para Yuri Calderón, entrenador a cargo, ex remero destacado y reconocido del país.

El microbús toma marcha con destino al Club Salvadoreño Corintos del Lago de Ilopango, donde se encuentra la casa de botes. Durante la hora de camino pasan por otros atletas, entre ellos Roberto Carlos López, quien representó a El Salvador en el 2012 en los Juegos Olímpicos de Londres, uno de los remeros más destacados. También pasan por el segundo entrenador a cargo,  Carlos Merino, ambos con Yuri son salvadoreños y con triunfos que respaldan sus cargos como entrenadores.

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Casa de botes, ubicada en el Club Salvadoreño del Lago de Ilopango. Fotografía por: Héctor Rodríguez

Yendo hacia el lago, muchos aprovechan para ponerse los audífonos y escuchar música; otros para estudiar, porque algunos están en parciales, pero eso no les impide cumplir con ambas responsabilidades. “No es fácil”, comenta Karla Calvo, estudiante en Licenciatura en Mercadeo en la Universidad José Simeón Cañas, que en fechas de parciales estudia en el camino ida y regreso al lago. Son dos horas aproximadas de viaje que aprovecha para estudiar “pero uno se acostumbra, a veces todo es más mental”. Se pone sus audífonos, se acomoda y se acuesta a lo largo del asiento del microbús.

La entrega al deporte ha valido la pena, en el transcurso del 2015 Karla tuvo logros reconocidos tanto colectivos como individuales, en los cuales caben mencionar segundo lugar en el Campeonato Nacional Guatemala 2015,  single o también conocido como remo individual,  primer lugar en el Campeonato Nacional Guatemala 2015 en un bote compuesto por dos atletas nacionales y cuarto lugar Juegos Centroamericanos Veracruz 2015 también doble.

Para llegar a la casa de botes se pasa por dos desvíos, al segundo ya se ha pasado de la calle pavimentada a una calle de tierra. El frío no desaparece  y permanece nublado.

Calentamiento y estiramiento

Algunos rayos del sol caen bien con el clima, ya se está cerca del Club Salvadoreño y Yuri, da la orden de bajar a todos los remeros que van en el microbús y correr hasta el Club un aproximado de un kilómetro entre un terreno poco regular con una bajada tranquila y la subida que empieza a calentar el cuerpo.

Al terminar de correr los músculos son estirados para evitar desgarres o lesiones y así el cuerpo está listo para seguir instrucciones.

El mismo calentamiento se hace antes de entrar al ergómetro, también conocido como ergo por los atletas. Se trata de una máquina con un asiento que se mueve de adelante hacia atrás por medio del impulso de los músculos de las piernas y los brazos en el que se jala de un timón, que mide la fuerza que el atleta necesita desarrollar.

Aunque este no es un sustituto completo del bote debido al equilibrio, agua y clima, este es lo más similar para entrenar fuera del lago.

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Karla Calvo, entrenando en el ergómetro en la Federación de Remo con sus entrenadores. Fotografía por: Héctor Rodríguez

En el Club se alcanza a ver una fila de botes parqueados en sus remolques, a simple vista hay uno 20 o 25. Entre ellos yates, veleros y lanchas de diversos tanto individuales como familiares, luego, al final un par de jardineros dando mantenimiento en una cancha de golf con una grama verde esmeralda que hace notar su cuidado intensivo, el Club ha sido testigo de competiciones de remo, nacionales e internacionales.

En la semana previa a este día, Karla siguió todo lo que el entrenador le decía para aplicarlo en el lago: “Un día estás en el ergo otro haciendo pesas y después remando en el lago. Pero lo que más me gusta es estar sentada en el bote remando’’, menciona Karla con una sonrisa serena.

Karla mide 1.73 metros y pesa 59 kilos siendo peso ligero y manteniendo una dieta que haga mantenerse en ese peso. Ella tiene el día organizado, entrena en la mañana en el lago y luego en la tarde en la Federación. Almuerza entre ambos entrenos, duerme un poco dependiendo de si tiene lecturas o deberes universitarios. De 5 pm a 8 pm se dirige a sus clases para luego llegar a su casa a dormir para repetir la rutina al siguiente día.

“¡Vamos, vamos al agua!”

Exclama Yuri junto a Merino después de media hora de calentamiento. De inmediato empiezan a sacar la lancha para darles seguimiento a los atletas adentro del lago y hacer correcciones usando un megáfono.

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Remeros apunto de abordar un bote doble. Fotografía por: Héctor Rodríguez

A Karla le toca esta vez remar en un bote single aproximadamente de seis metros. Cada bote tiene su nombre peculiar, los que usualmente usa ella es llama Woody o el 04, son botes livianos y ayudan más a la remada. La mayoría de veces que van al lago Karla rema en un bote doble con Adriana Escobar, que coinciden con características que las hacen aptas para remar juntas, los botes dobles tienen a medir un poco más que los single, sobre pasando los 10 metros. En caso que se termine rápido el entreno y el clima permita dar otro entreno más, los remeros salen en botes single o cuádruple dependiendo del entrenamiento que lleven a cabo.

Yuri avisa a Karla que debe de hacer 16 kilómetros para mantener la resistencia de su progreso y mejorar su tiempo. De inmediato va a buscar su bote, con un poco de ayuda lo saca de la casa y luego ella toma la carga por su cuenta para llevarlo al agua. Lo coloca en posición de salida, el atleta va dando la espalda a su destino, impulsando el bote con dos palas sostenidas por un seguro llamado horquilla. Se sube, rema un poco a donde el bote no pueda chocar con nada y ponerse cómoda para las siguientes dos vueltas de ocho kilómetros. El clima se torna un poco más fresco, el agua del lago está calmada y se podrá hacer un buen entreno este día.

Karla va preparada mental y físicamente, sabe que 16 mil metros son aproximadamente dos horas en el lago, dependiendo de la intensidad y el clima en el que se haga, pero también se mentaliza que cada remada debe hacerla cada vez mejor, que es un ejercicio de costumbre y autocorrecciones que servirán en futuras competencias, siendo su objetivo ir a pre-Olímpicos de Río 2016.

Primeros metros

Ya está en la pista imaginaria de los ocho kilómetros corridos, con unas 30 remadas fuertes se pone a ritmo, empieza también a trabajar el cerebro, la técnica, la concentración para manejar la energía,  la fuerza, el equilibrio para hacer una remada efectiva.

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Atletas femeninas practicando en la pista en remo doble. Foto por Héctor Rodríguez

Usando una mano en cada pala y medir la fuerza de igual forma que ambas tiren al mismo ritmo y la misma fuerza para avanzar en la dirección deseada.

El sudor comienza a humedecer su rostro. Los primeros cuatro kilómetros intensos, el cuerpo ya va caliente para lo que se viene, Karla con mirada fija y sin titubear con su objetivo fijo a lograr, el sonido de las palas al entrar y salir del agua hacen un ritmo constante, pese a la fuerza las palas al salir a penas rosa el agua y entran sigilosamente con la misma intensidad, el corazón empieza a acostumbrarse a la intensidad y mantiene el ritmo cardíaco.

Decir 16 kilómetros es un gran tramo, pero entre semana Karla se prepara de igual forma en el ergómetro. Haciendo doble entreno, sesiones programadas de los entrenadores tanto en la mañana como en la tarde, todos los días se avanza y se va creando esa resistencia que hoy está a prueba.

Karla sabe que mejora al hacer los ocho mil metros de corrido. Sin hacer pausas llega, su resistencia está aumentando. Al faltar poco para los ocho Kilómetros Karla sube un poco más la intensidad y se ve en su rostro la fuerza imponente en el acto de meter las palas y halar, pero la costumbre de estas pruebas le han creado una inmunidad al decir ya no puedo. Sin pensarlo dos veces al llegar, ancla una pala fijamente y rema solo con una para darle vuelta 180° al bote y regresar a la pista imaginaria de los ocho kilómetros. Treinta remadas de arranque intensas y toma ritmo de nuevo.

Siguientes ocho kilómetros

El motor de la lancha se escucha. Los dos entrenadores se dirigen a ver cómo va remando, Yuri se enfoca en su técnica y la siguen de cerca. No le dice nada, pero la siguen durante dos kilómetros, toman el megáfono y le piden más intensidad. Entre los ocho y diez mil metros recorridos empieza a sentir más el cansancio, pequeños gritos de esfuerzo empiezan aumentar la euforia de terminar un buen entrenamiento.

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De izquierda a derecha Carlos Merino y Yuri Calderón, viendo mientras entrenan los remeros. Fotografía por: Héctor Rodríguez

Faltan cuatro kilómetros y Karla va constante, quizá un poco más rápido que los últimos kilómetros, ya está bañada en sudor, los rayos de sol se dejaron ver totalmente. El frío ha desaparecido. La lancha deja de seguirla y retoma el ritmo constante.

Detenerse no es una opción. En el ergómetro detenerse es perder el ritmo que el cuerpo ya adoptó, es como volver a empezar, solo que sin tanta fuerzas y menos ganas.  Aunque el sudor caiga en los ojos, en el bote uno no se puede soltar las palas y limpiarse. Cualquier clase de picazón o incomodidad se arregla hasta el final.

Llega un momento que los dedos ni se sienten, que las ampollas empiezan a salir, sino es que ya se tienen, las manos ya están acostumbradas y adaptadas tanto así que llega un momento que ya no salen más.

Se acercan los últimos dos kilómetros, donde a veces la mente cae, pero la resistencia empieza a marcar la diferencia, donde el cuerpo está dando lo último, la voluntad de terminar surge. La concentración y la técnica son clave para superarse a sí mismo y crear un mayor aguante.

El sol da en la cara, pero el objetivo siempre está ahí. Faltan mil metros y Karla, a pesar de saber que sus músculos van, sabe que al final tiene que dar el máximo.

Últimos 500 metros

Faltan 500 metros, Karla sabe lo que está por venir es lo más duro de resistir, donde no se debe titubear. Se concentra. No pierde el ritmo. Llega a los 400 metros, la casa de botes está a la vista, ella sabe está cerca como si fuesen aquellas competencias: centroamericanas, México 2014 o Toronto 2015, en la que lo último lo define todo, en esas que el oro es el que gana por centímetros.

Empiezan los últimos 250 metros y aumenta la intensidad de la remada. No se guarda nada, un par de remadas más y llega a los 16 kilómetros, estos metros son los que llevan al cuerpo a su límite y con lo suficiente para sostenerse sobre el bote. Llega y con el impulso logra anclar un remo, respira y gira hacia la casa de botes. Una serie de suspiros exhaustos para recuperar el oxígeno en su cuerpo, lo controla y se dirige a la orilla, hacia la casa de botes.

Al llegar se toma un momento para recuperar el aliento, un poco de fuerzas en sus brazos y piernas, lo suficiente para bajar del bote, en este momento es donde el cuerpo se siente como si cada extremidad estuviera dormida y a la vez como si cargara en todo el cuerpo con un costal de papas.

El entrenamiento ha terminado al bajar Karla quita las palas y las pone en la orilla en un lugar seguro donde el lago no pueda arrastrarlas. Toma el bote y lo pone en unos caballetes que lo sostiene para poder limpiarlos antes de guardarlos de nuevo en la casa de bote.

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Una de las atletas desmontando el bote para guardarlo. Fotografía por: Héctor Rodríguez

Finaliza del entreno

Tomar un poco de agua, se cambia antes de regresar a la Federación. En el camino come una fruta o algo nutritivo. Al llegar a la Federación se va a su casa a almorzar, estudiar un poco y luego a dormir. Dependiendo de las fechas en las que están regresan todos en la tarde a un segundo entreno en el ergómetro.

De viernes a domingos el lago es un entrenador más, donde los atletas se reúnen desde las 6 am hasta las 11 am y de lunes a viernes el ergómetro y las pesas son sus colegas.

Karla eligió ser una atleta en la rama de Remo, pese a las limitaciones de vida social sabe que la vida es despertarse temprano, comer, entrenar, descansar, comer, entrenar, estudiar, dormir y volver a empezar.

Ella lleva en su mente varios objetivos y uno de ellos es poner en alto el nombre de país, preparándose diariamente dar lo mejor de ella, ir a las concentraciones, clasificar, representar orgullosamente a El Salvador y cada vez llegar más lejos, porque si no es en esta, será en la próxima.

2 Comentarios

  1. Que intenso este reportaje, da a conocer el esfuerzo que hacen nuestros atletas en el día a día, y que llegar a la meta es un esfuerzo de todos los días; y este reportaje hace que la sociedad se conciencia que hay muchas personas que hacen grandes esfuerzos para poner en alto el nombre de nuestro país.

  2. Gran reportaje y que bueno saber existen personas en este caso,los atletas, que día a día se esfuerzan por poner en alto el nombre de El Salvador.

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