El arte prohibido

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Grafitis ubicados en Prologanción bulevar constitución. Foto por: Damián Laínez

Por Damián Laínez

El grafiti es un movimiento artístico surgido en los años setenta en Nueva York. Desde entonces, ha evolucionado —como cualquier otro arte— y se ha expandido hasta el punto de estar presente en las calles de todo el mundo. Nuestro país no es la excepción: sus primeras manifestaciones locales aparecieron un par de décadas atrás.

La razón de esta expansión radica en que consiste en una reivindicación de situaciones cotidianas, culturales y políticas. Se le considera un arte provocativo porque tiene una naturaleza que fomenta un cambio radical y por su estilo opuesto al arte culto, a pesar de incorporarse al arte contemporáneo, señalan creadores de la plástica salvadoreña.

El artista urbano Boris Ayala, mejor conocido como Endo, explica que existen dos tipos de grafiti: uno relacionado con el vandalismo, que no tiene relación con pandillas —como usualmente se piensa— y que consiste en pintar una pared sin poseer alguna clase de permiso; el otro es la creación de murales, con previa autorización del propietario de la pared y más libertad artística.

En el país el grafiti tiene una connotación negativa: los jóvenes que son vistos pintando paredes en bulevares y avenidas suelen ser tachados automáticamente de vándalos o pandilleros, sin considerar la naturaleza artística y la calidad de su obra.

La pintora salvadoreña Coralia Esther Rivera asegura que el grafiti es una manifestación artística y que la juventud salvadoreña la está utilizando cada vez más, pues permite transmitir sus ideas de una forma libre y creativa. Además, genera un alto impacto en la sociedad.

El grafiti se ha vuelto un espacio de denuncia y crítica contra las injusticias sociales. Por ejemplo, en Ayutuxtepeque algunas propiedades municipales y privadas amanecieron manchadas con mensajes negativos en contra del alcalde de la localidad, según publicó La Prensa Gráfica.

Ayala recalca que, pese a todos los prejuicios, este arte tiene un gran impacto en la población salvadoreña. Según cuenta, los involucrados suelen ser estudiantes de arte, e incluso sus propios catedráticos, pertenecientes a distintos colectivos dedicados a hacer grafiti con enfoque social.

Actualmente El Salvador destaca en festivales internacionales como Meeting of Styles (Encuentro de estilos). Este es un evento organizado por una red internacional de grafiteros que promueven y legitiman el grafiti como arte, afirma Ayala.

Añade que el grafiti puede ser un arte muy inclusivo, ya que él y su colectivo trabajan con comunidades de alto riesgo como La Iberia, Las Palmas y La Fosa. Además, realizan proyectos de intervención de espacios en gran escala para la Secretaría de Cultura de la Presidencia.

Cabe señalar el carácter efímero del grafiti, ya que las piezas tienen una vida limitada: en ocasiones duran menos de un día. Por eso es deber del artista generar un gran impacto con el mensaje o idea plasmada, para así trascender en la sociedad que lo inspiró a hacerlo.

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