Editorial: Comunica promueve diálogos en una sociedad fragmentada

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El pasado ya está escrito. Esto no nos ahorra el deber de conocerlo en profundidad y sacar de él las lecciones que nos permitan entenderlo y utilizarlo adecuadamente. El futuro, en cambio, puede ser inventado gracias a las distintas capacidades y competencias creadoras de nuestra especie.

Para construir el futuro es preciso conocer la realidad en profundidad. No hacerlo nos llevará a realizar transformaciones fugaces, limitadas y superficiales.

En esta búsqueda de crear un futuro que rompa con la actual inercia que caracteriza a nuestra sociedad en la búsqueda de soluciones a los problemas que vivimos, los medios de comunicación pueden jugar un papel crucial.

Constantemente damos valor de conocimiento a algo que es simple información noticiosa, caracterizada por ser extraordinaria y no habitual. Lo verdaderamente importante sería que los medios de comunicación dirigieran su mirada sobre aquellos espacios no iluminados de la vida social. Temas como las redes de la corrupción, los entramados del mundo del narcotráfico, los escondrijos de los grupos de poder fáctico, etc. constituyen un verdadero reto para los comunicadores.

También construir puentes en medio de una sociedad desgarrada por la pobreza y las múltiples violencias es un desafío que no puede esperar más nuestra respuesta. La mayoría de los salvadoreños ya está hastiado de vivir con el mínimo. Ya está cansado de ver la prosperidad imparable de unos pocos y la indetenible pobreza de la mayor parte de la población.

Esta es la realidad a la que la Revista Estudiantil Comunica quiere responder: hacer luz sobre aquellos espacios oscurecidos de la vida social salvadoreña y generar diálogos que reconcilien esta sociedad fragmentada.

Comunica es un aporte de jóvenes estudiantes que sienten el reto del momento actual e intentan responder con nuevas ideas que ayuden a enderezar la trayectoria de nuestra historia y así descubrir los inéditos caminos que nos conducen a la construcción de un país más humano.

El aporte estudiantil va más allá de un superficial “me gusta”. Se trata de devolver el valor de verdad a la palabra. De una palabra coherente, comprensiva de la realidad, que proponga y aporte seguridad a quien la recibe. Se trata de sacudirnos la tiranía de los juicios hechos y de moda. Esto es posible desde el silencio reflexivo que permite devolver a cada palabra su belleza y su verdad.

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