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En las calles al final de sus días

Fernando Polío
Periodista

Muchos ancianos cierran su ciclo de vida cuidando de sí mismos y teniendo como hogar las calles. Para guarecerse en la noche, su única salida es el dormitorio público de Santa Tecla, en el departamento de La Libertad. Un sitio donde no escapan a la violencia y la picardía.

“Gracias Señor porque me has guardado; gracias Señor, porque me has

Foto: Fernando Polío

A las puertas del dormitorio. Los ancianos solo deben mostrar su carné de la tercera edad para ingresar, mientras que los demás deben cancelar 0.25 centavos de dólar, por noche.

dado otro día más de vida. Espero que no me pase nada malo, guárdame en el camino. Espero que cuando pase las calles, haya alguien que me diga: ‘Ahí viene un carro'. Tócale los corazones a la gente para que me den unos centavitos…”. Ésta es la oración diaria de Paulino Martínez Lonis, de 73 años de edad, a Dios, antes de dirigirse a pedir a las calles de Santa Tecla, por las mañanas. De cara redonda, mirada perdida por su ceguera y manos callosas por apoyarse en su palo de escoba, él no es el único anciano que malvive en las calzadas. Él es originario de Talnique, La Libertad.

La situación del adulto mayor en El Salvador es diversa. Muchos de ellos residen en las casas de sus familiares; otros, se encuentran en asilos, puesto que a sus parientes, en algunos casos, no les queda tiempo para atenderlos o porque simplemente los abandonaron ahí. Pero existe un buen número de ancianos que deambulan por las diversas calles de El Salvador.

Según la encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples, realizada por la Dirección General de Estadísticas y Censos (DYGESTYC), en el 2004, el país tenía una población de 639,415 ancianos, de los cuales el 92% estaba ocupado en oficios y el 8%, desocupado. Por su parte, para la alcaldía de Santa Tecla, de acuerdo al Censo de 1992, la población total de ancianos en el municipio era de 11,674. Cabe destacar que tanto el gobierno como la comuna tecleña no conoce con exactitud el número de viejos que deambulan en el municipio.

Su realidad

A los adultos mayores de la calle se les dificulta bastante conseguir sus alimentos. Son personas que solamente tienen la oportunidad de comer si le regalan algunos centavos para comprarlos o si algunas entidades les dan comida. Hay ancianos que realizan oficios para poder comer: cargar canastos en los mercados, ayudar a botar la basura a los vendedores, entre otras cosas. Así resuelve don Serafín Sánchez, de 72 años.

El rostro cansado pero sonriente marca la personalidad de Serafín, además de su tez blanca, ojos expresivos de color café, manos robustas y ásperas. Él trabaja en el mercado “Dueñas” de Santa Tecla. Fue hijo de Benita Hernández y de Felipe Sánchez, tuvo seis hermanas y dos hermanos. En su vida, nunca tuvo hijos ni esposa y es por eso, según él, que vive en la calle. Por las noches, descansa en el dormitorio público de la Fundación Salvadoreña de Atención a la Tercera Edad (FUSATE) en la cabecera departamental.

“Nos levantan, en el dormitorio, como a las cinco de la mañana. A veces me baño en el dormitorio público, si no me voy a bañar por el parque, ahí hay un baño. Me estoy sentado en la acera para mientras se aclara e irme al mercado. Consigo mis alimentos con lo que gano en el mercado”, afirma Sánchez.

Pedro Aguilar Pérez, de 70 años de edad, originario de Santa Tecla, quien camina con muletas por una fractura en su pierna derecha, ocasionada por un accidente, nos comenta: “Gracias a Dios que la gente particular es bondadosa y me regala para la comidita; me regalan mis centavitos para comer... La vida está crítica”.

Ana Elzy Bondanza, especialista en el área de Geriatría, asegura que la alimentación del adulto mayor debe contener todo tipo de alimentos, pero baja en grasas, con buena cantidad de proteínas, de calorías, vitaminas y minerales. Es decir, igual a la de un adulto joven, y tres veces al día. Una total utopía para el anciano de la calle.

Con una expresión de nostalgia y pesar, Paulino dice que su ceguera empezó hace tres años. Desde ese momento, ya no pudo seguir trabajando y sobrevive de las limosnas. “Esta enfermedad yo no la soñaba. Antes miraba un poco, ahora me ha venido avanzando de a poquito. Esta enfermedad es como cuando uno nace, empieza a crecer y a crecer”, cuenta.

Según la geriatra Bondanza, las enfermedades más comunes entre los adultos mayores son las infecciosas de la cabeza, las pulmonares y la de vías urinarias. Por otro lado, de acuerdo al Registro Diario de Consulta Médica del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, del año 2004, las causas más frecuentes de morbilidad (Proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado) que afectan a la población adulta mayor en nuestro país son: en primer lugar, la hipertensión; en segundo, las infecciones de vías urinarias y en tercero, las infecciones agudas de las vías respiratorias superiores. Los ancianos de las calles también sufren éstas enfermedades como cualquier adulto, y quizás de una manera más complicada que la de un anciano en una situación “normal”.

El dormitorio Público

Foto: Fernando Polío

Lugar de descanso. Este es el dormitorio público, es una especie de galera (cobertizo), donde duermen todos los ancianos que recorren las calles de Santa Tecla. En este se pueden observar sus pertenencias y el estado del mismo dormitorio.

El hogar FUSATE de Santa Tecla es para ancianos permanentes y es un dormitorio público, a la vez. Este es una especie de galera (cobertizo). Sus paredes han sido refinadas con cemento y pintadas de blanco, pero aún mantiene costra de suciedad y moho. Su piso de cerámica retiene polvo y lodo seco. Cerca de cada cama hay una mancha de tierra color musgo. Es un lugar húmedo y caluroso a la vez, en él no hay ni un ventilador. Esto obliga a los ancianos a dormir fuera de ahí, en el patio. De cama a cama, los ancianos hacen sus tendederos para colgar ropa. Entre los colchones se encuentran todo tipo de insectos, desde cucarachas hasta ciempiés que pican a los ancianos.

El dormitorio público abre de 5 p.m. a 5 a.m. Regularmente llega un aproximado de 80 personas, 35 son ancianos. El adulto mayor no tiene ninguna dificultad para entrar al dormitorio, solo necesita mostrar su carné de la tercera edad. Mientras que el resto paga 0.25 centavos de dólar, por noche. En el Hogar reciben a cualquier anciano que tenga 60 años en adelante y que se pueda valer por sí mismo. De lo contrario, si es un enfermo dependiente que necesita de atención, no lo reciben en el Hogar FUSATE, sino que lo mandan a cualquier otro hogar donde lo puedan atender.

“No me gusta quedarme en el Hogar, porque ya estoy acostumbrado a andarme rebuscando. El problema que hay allí es que si quiero ir a visitar a un familiar, tengo que pedir permiso, no porque no hubiera problema”, dijo Serafín.

Aminta de Herrera, parte de la directiva de FUSATE Santa Tecla, opina que no todas las personas quieren estar bajo techo, no es que el Gobierno no se interese, sino que estas personas se han mal acostumbrado a andar en las calles y eso es lo que les “fascina”. Por su parte, la geriatra Bondanza sostuvo que a los ancianos no les gusta estar en un hogar porque a ellos les hace falta el dinero, por ser una manera para subsistir en el medio.

“En los dormitorios llegan ‘chinche' y ‘talepate', ahí hay de todo. Hay buenos y hay malos. Pero como yo no me meto con nadie. Me ponen apodos, me dicen violín, barrilito, tonel, por que me ven algo gordito. Pero ese es Dios quien me tiene así. Solo tengo una matata, donde guardo mi ropa, ropa que me la han regalado”, dice Natividad Hernández, de 87 años, originario del Congo, Santa Ana, quien se quedó en la calle por no tener familia que vele por él.

Nora Bondanza, presidenta de la directiva de FUSATE, Santa Tecla, comenta que la dificultad más grande que tienen es que las personas que llegan a dormir en el Hogar son mareros o alcohólicos, y causan problemas a los ancianos de la calle. Esta Situación obligó a tomar medidas: si es necesario se llama a la policía, y hay un vigilante privado que revisa para que nadie entre armado.

Después de un día de caminar por aceras y calles, entre automóviles, autobuses y personas, apoyándose solamente en el palo de escoba que lleva por bastón, regresa Paulino al dormitorio público de un día agotador de pedir en las calzadas de Santa Tecla. De la bolsa de su camisa, saca el carné de la tercera edad para poder entrar sin pagar. Un amigo le extiende la mano para ayudarlo, ya es hora de ir a descansar. Se acerca a una cama con respaldo de aluminio, arregla sus pertenencias y se dispone a dormir, porque al siguiente día, como todos, se levantará a las cuatro de la mañana para prepararse y dirigirse de nuevo a la calle, su hogar de día.

Causas más frecuentes de mortalidad en la población adulta mayor

 

Fuente: Registro Diario de Consulta Médica del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, Año 2004(www.mspas.gob.sv/estadisticas2004.asp)

 

 

Las enfermedades cerebro-vasculares representan un 20.50% del total de las principales causas comunes de mortalidad en personas adultas mayores, correspondiendo un 54.50% a mujeres y 45.50% corresponde a hombres.

• La segunda causa de mortalidad en las personas adultas mayores corresponde a tumores malignos, que representan un 14.45% del total de las principales causas de mortalidad. Se registró un 54.61% de muerte en mujeres y un 45.39% en hombres.

• En las personas adultas mayores, las causas de muerte originadas por insuficiencia renal aguda y crónica y septicemias (Afección generalizada producida por la presencia en la sangre de microorganismos patógenos o de sus toxinas), son mayores en hombres que en mujeres con un 66.81% y 52.27%, respectivamente.

Tomado de: http://www.isdemu.gob.sv/Principal/Noticias/Boletines/
 
 
 

 

 
 

 

 

 

 

Derechos de las personas adultas mayores

• No ser discriminado/a en razón de su edad, sexo, o cualquier otra condición.

• Recibir alimentación, transporte y tener una vivienda adecuada.

• Vivir al lado de su familia, con dignidad, en un ambiente que satisfaga plenamente sus diversas necesidades y les proporcione tranquilidad.

• Recibir buen trato, consideración y tolerancia, por parte de la familia, la sociedad y el Estado.

• Recibir protección contra abuso o malos tratos de cualquier índole, asistencia especializada de cualquier tipo para su bienestar y asistencia jurídica gratuita para la defensa de sus derechos; entre otros.

En El Salvador, enero fue declarado “Mes de la persona Adulta Mayor” en 1992, mediante Decreto Legislativo No. 144, de fecha 20 de enero y publicado en el Diario Oficial en febrero del mismo año. Se considera persona adulta mayor a “todo hombre o mujer que haya cumplido sesenta años de edad”.

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Derechos de las personas adultas mayores

• No ser discriminado/a en razón de su edad, sexo, o cualquier otra condición.

• Recibir alimentación, transporte y tener una vivienda adecuada.

• Vivir al lado de su familia, con dignidad, en un ambiente que satisfaga plenamente sus diversas necesidades y les proporcione tranquilidad.

• Recibir buen trato, consideración y tolerancia, por parte de la familia, la sociedad y el Estado.

• Recibir protección contra abuso o malos tratos de cualquier índole, asistencia especializada de cualquier tipo para su bienestar y asistencia jurídica gratuita para la defensa de sus derechos; entre otros.

En El Salvador, enero fue declarado “Mes de la persona Adulta Mayor” en 1992, mediante Decreto Legislativo No. 144, de fecha 20 de enero y publicado en el Diario Oficial en febrero del mismo año. Se considera persona adulta mayor a “todo hombre o mujer que haya cumplido sesenta años de edad”.