DDR es más que un videojuego de baile
Gabriela Vásquez
Periodista
El jugador, con pies ágiles y rápidos, sediento de alcanzar la victoria, danza al compás de un baño de luz y una música atractiva sobre una máquina que establece las reglas del juego, a través del cristal de una gran pantalla que hipnotiza y captura los sentidos en un mundo de baile virtual. Los rivales observan al bailarín que lucha por vencer a Dance Dance Revolution (DDR)
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Foto: Grabriela Vásquez |
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Movimiento. Los bailarines tienen que tener destreza y movimiento para alcanzar un buen nivel. |
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Dance Dance Revolution es un simulador de baile, producido por la compañía japonesa Konami, con el cual los jugadores tienen que seguir una canción e imitar los pasos de baile que aparecen en la pantalla. Lo hacen por medio de sus pies o manos, al presionar las flechas montadas en una plataforma con sensores electrónicos. Las flechas se activan con una luz intermitente para indicar cuando deben ser presionadas y de esa forma se imita la coreografía de la máquina. El costo por jugar es de $0.50 hasta que se pierda.
A medida que el bailarín o bailarina completa satisfactoriamente las coreografías de un nivel, la exigencia se incrementa. Al principio, son bastantes sencillas. El jugador no tiene que ser un experto para ganar, aunque cuando se llega al nivel mayor se debe tener excelente coordinación para ser capaz de vencer a la máquina. “Solo se necesita tener ganas de jugar y aprender”, según Marvel Vergara, de 21 años, estudiante de idioma inglés en la Universidad Tecnológica, San Salvador. “Un jugador DDR es una persona bastante activa. Necesitas las ganas de jugar y aprender para derrotar a la máquina o a tu oponente”. Él es fiel a la DDR que se encuentra en Metrocentro desde hace cuatro años. ¿Su atuendo? Jeans, camiseta y tenis.
Los que piensan que es necesario saber bailar para competir están equivocados, porque la máquina trae instrucciones acerca de cómo jugar, "how hot play". Además, se parte de cero y con la práctica se hace al maestro. “Cuando comenzamos todos lo hacemos igual, partimos del nivel normal. Todos venimos a aprender y no es difícil, porque la máquina te indica cómo jugar”, manifestó Edgar González, de 18 años, con tres años de experiencia en DDR y alumno de la carrera de Filosofía de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).
Pero para ser un jugador DDR también se requiere tiempo, dinero, destreza, habilidad, resistencia y rapidez. Los jugadores invierten de dos a cuatro horas diarias en su pasatiempo, de 20 a 30 dólares mensuales y mucha resistencia física, porque el baile exige bastante esfuerzo físico y rapidez para realizar las coreografías, especialmente en el nivel superior. “La máquina te enseña a acostumbrarte al cansancio, porque cuando empecé solo hacía cuatro canciones y ahora bailo canciones súper difíciles por horas, y no me canso. Me da resistencia física, más agilidad, concentración fuerza y motivación. Cuando bailas necesitas mucha resistencia para seguir, porque no es apto para cardíacos. Claro, siempre invirtiendo dinero”, explicó González.
Los simuladores de baile son algo más que un videojuego. No solo son una forma de diversión para sus fanáticos, sino que también significa establecer amistades, competencia, status y reconocimiento. Bailar contribuye además a formar su identidad como personas. Según el psicólogo Douglas Arévalo, encargado del Laboratorio de Psicología de la UCA, los jugadores bailan distinto de manera individual en comparación de cómo lo hacen en parejas, y explica: “El factor de ser más habilidoso y de ganarle al otro es parte de la formación de la identidad del adolescente. Por un lado, es pertenecer al un grupo, al de los que bailan en estas máquinas, y por otro, proporciona identidad: yo soy hábil en”. También expresa que a veces buscamos destacar con relación al otro, pero cuando esto interfiere con los estudios, entonces constituye un problema. Es decir, el joven se está saliendo del orden habitual entre responsabilidades y diversión.
Arévalo aclara que las máquinas ofrecen diversión y entretenimiento, sin embargo hay que tener en cuenta que no están hechas para ser educativas, “la virtud de la máquina es entretener, su objetivo no es educar. Tener conocimientos sobre cómo bailar o moverse en la máquina no sirve para hacer otra actividad. En la medida que ese entretener y divertir rompe la conexión con los demás es una complicación”.
Los jugadores de la DDR afirman que bailan en la máquina por diversión y entretenimiento, porque se hacen amistades y se desarrollan habilidades de destreza. Por tanto, las ansias por ser el o la número uno están a la orden del día. “Se forma mucha competencia al bailar, más que todo rivalidades y se dan porque se quiere conocer quién es el mejor”, confesó Walner Hernández, ganador nacional de la DDR del torneo 2006, organizado por un canal de TV. local, en febrero pasado. Él es una persona delgada y sencilla que esconde sus ojos detrás de una gorra, juega con pasión y practica para ser el mejor.
Permanecer mucho tiempo en las máquinas de baile puede volver a la persona individual y competitiva, además de inhábil socialmente. Y no solo eso, genera dos problemas: el aislamiento del mundo real, y el descuido de los estudios. “El involucramiento y el uso excesivo del juego pueden hacer perder el sentido de la realidad, y desconectarse del resto de personas. Lo que contribuye a que los jugadores tengan problemas escolares y familiares”, según un estudio español realizado por Elena Rodríguez San Julián, Ignacio Megías Quirós, Ana Calvo Sastre, Esteban Sánchez Moreno y José Navarro Botella, titulado Jóvenes y Videojuegos: Espacio, Significación y Conflictos. En el país aún no existe una investigación acerca de este tema.
Por su parte, los jóvenes dicen que jugar tanto tiempo en las máquinas no interfiere en sus estudios, ni en sus relaciones interpersonales. Al contrario, señalan que en un principio sus papás y mamás les advertían que ya no jugaran tanto en las máquinas, porque invertían mucho tiempo y dinero. La posición de la familia cambiaba cuando ganaban algún torneo, entonces los felicitaban y apoyaban. “Mis papás no me dicen nada, no tengo ningún problema. La mayoría de veces dicen: “¡solo en eso pasás!”. Pero cuando ven los resultados del torneo, ya no te dicen nada”, expresó el hiperactivo Marvel. Su papá, Salvador Vergara, dijo que cuando su hijo comenzó a bailar le molestó un poco su lejanía, luego vio que no hacía nada malo, “lo apoyé, es una forma de diversión”.
Yuridia Portillo, jugadora y alumna de Relaciones Internacionales de la Universidad de El Salvador, comenta muy animada que bailar en las DDR es un pasatiempo sumamente divertido, que no interfiere en su estudio ni en la relación con su familia. “Organizo mi tiempo para las tareas de la universidad y el juego. Mis papás lo aceptan y me apoyan, porque a mí me fascina bailar. Bailar en las maquinitas es genial, podes hacer arte, porque maniobras con tus manos y cuerpo”, contó la joven.
Sin embargo, los expertos alertan sobre la adicción, sobre todo en el momento que el espacio de diversión del joven se limita únicamente a la máquina de baile y se convierte en su centro de atención. “Las adicciones se caracterizan porque la mayoría de acciones que el individuo realiza están centradas en esa adición. Alguien que es adicto a las máquinas se relaciona solamente con las personas que juegan en esas máquinas. Por ejemplo, roba para jugar en ellas, come cerca de ellas, olvida compromisos y responsabilidades. Es decir, todas sus acciones están orientas en relación con el juego de baile, se vuelve su centro de vida, rompe el orden, sus esferas sociales y sustituye cualquier estimulo”, explica el psicólogo Arévalo.
En contraposición, y aunque no lo parezca, el elemento adictivo ofrece ventajas. “Aísla del mundo y los problemas, y la persona permanece tranquila si consume su adicción”, enumera Gladis de Zepeda, psicóloga del Hospital Militar. “De cualquier forma, el adolescente ve el juego como algo positivo, pero si a la larga se vuelve una adicción, el juego se convierte en algo negativo”.
A perder peso
Ponerse en forma es, supuestamente, una de las bondades del DDR. Un informe de prensa americano realizado hace tres años seleccionó la máquina como un instrumento físico eficiente a la hora de ayudar a perder peso entre los jóvenes obesos norteamericanos. También Carlos Durán, jugador desde hace seis años, el tiempo que tienen las DDR en el país, considera que ese es el mejor beneficio de la máquina: decirle adiós a las libras que nos sobran.
Los fanáticos de las DDR la consideran una máquina cardiovascular, porque contribuye a quemar calorías: “Se lo recomiendo a cualquier persona, (...) con ella, estás quemando grasa. Al bailar quemas calorías, y a la larga vos podes rebajar”, aseguró Durán. Ellos terminan defendiéndolo hasta como un deporte, a pesar de no estar reconocido a nivel mundial como tal. “Considero que es un deporte, porque hay una actividad física; te ejercitás y te matás sudando. Yo he visto gente que rebaja, conocí un chero que era bastante gordito y hoy parece palito”, contó Marvel.
Las lesiones del exceso
El tipo de baile en la DDR produce cansancio, desgaste físico y puede llegar a lesiones, al realizar un mal un paso. El ortopeda Leopoldo Ávila, de la clínica de Especialidades del Instituto Salvadoreño del Seguro Social de La Escalón, San Salvador, explicó que estar tanto tiempo “salte y salte” produce un desgaste. El impacto puede llegar a fracturas en la rodilla, cadera y en la parte lumbar.
Ávila agregó que todos los deportes tienen riesgos, pero si se practican con moderación y se utilizan las medidas de seguridad, el porcentaje de lesiones es mínimo. A pesar que el baile de la DDR no es considerado todavía un deporte, conlleva contacto. Por tanto la practica en exceso puede causar cansancio muscular, luego la persona puede sufrir distensiones con fractura e incluso rupturas de tendones o músculos. “Si se exceden los límites, en el cuerpo habrán lesiones”, concluye el ortopeda. Por su parte, Marvel asegura que él y varios de sus amigos se han fracturado y tenido esguinces por bailar en la DDR.
Después de una sesión de baile de tres horas seguidas, Marvel termina exhausto y sin aliento. Bebe un poco de agua, se limpia el sudor de su rostro y sonríe con satisfacción. Se despide de sus compañeros de baile con un choque de manos y un hasta luego. Seguramente estará el próximo día en el mismo salón de videojuegos de Metrocentro, para continuar con lo que les apasiona, el baile virtual. |
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