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Discriminación en las escuelas regulares por discapacidad

Por Ana Méndez
Periodista

Durante 2007, la Fundación Pro Educación Especial (FUNPRES) registra 85 niños y niñas con discapacidades que han sido integrados o incluidos en las escuelas regulares del país. Todos los días viven la discriminación, por la falta de sensibilización e ignorancia de la sociedad.

Foto: Ana Méndez

La distribución de los espacios físicos debe contemplar a la persona con discapacidad.

Ella caminaba hacia su salón de clase, después del recreo. Debía pasar cerca de un círculo de niños, de 12 años de edad. Uno la observó de pies a cabeza y dijo: “miren, ¡qué feo camina!” El resto examinó a Jennifer Hernández, de 13 años. Ella siguió a su destino.

Todo inició una noche en la que su madre, María Guevara, le dio un medicamento estomacal. Jennifer se fue a dormir, pero al levantarse tenía ronchas en el cuerpo; entonces, su mamá le aconsejó ducharse. Mientras mojaba su cuerpo, se desmayó. Recobró el conocimiento en una de las salas del Hospital para Niños “Benjamín Bloom”, en San Salvador.

Durante unos segundos, el oxígeno no subió al cerebro de Jennifer lo que provocó parálisis del lado derecho de su cuerpo y de ambas piernas. Logró caminar de nuevo, gracias a las fisioterapias. La capacidad cognitiva (la recepción mental) nunca la perdió.

Dos meses faltó a la escuela. Sus amigos y maestros la trataron de igual manera, a excepción de un grupo de compañeros y compañeras de clase. Ella percibía los momentos en los que hablaban mal sobre su aspecto físico.“En el transcurso de mis estudios, sí he tenido el apoyo de mis profesores y mis verdaderos amigos, aunque lo que más ha influido en mí ha sido mi familia. Siempre me dijeron que no hiciera caso a los comentarios feos o malos que la gente tiene. De las discriminaciones saqué lo bueno y siento que es un reto para seguir adelante,”comentó Hernández, quien hoy tiene 24 años.

En estos momentos, ella estudia educación parvularia en el Instituto Especializado de Educación Superior “El Espíritu Santo”, en Ciudad Merliot, departamento de La Libertad. También imparte clases de computación a niños de maternal en el Colegio Julio Alberto Martí, “mi discapacidad no me detendrá”, afirmó.

Tras una vida normal

La niñez con discapacidad tiene uno o unos problemas físicos o mentales que les dificulta llevar una vida normal. Personas autistas, sordomudas, ciegas, con problemas físicos, con retardo mental leve y algunos casos de síndrome de Down tienen la posibilidad de ser integrados o incorporados al sistema de educación regular. Pero con retardo mental moderado y el retardo mental profundo solo pueden asistir a la escuela de educación especial, porque su capacidad cognitiva no les permite recibir una enseñanza con mayor peso académico.

Foto: Ana Méndez

Licda. Vilma Murillo lleva un registro de la niñez especial que asiste al sistema educativo regular.

La cantidad de niños y niñas integrados varía año con año. En el presente año, la Fundación Pro Educación Especial (FUNPRES) registra 85niños y niñas con discapacidad insertados en diferentes centros escolares. Esta cifra puede variar, debido a que no se tiene un reporte de los casos de inclusión en otras instituciones puesto que no todas las escuelas logran ser monitoreadas por la Licda. Vilma Murillo, técnica educativa en el Programa de Integración Educativa de la ya mencionada Fundación.

“El Ministerio de Educación nos ha delegado programas para el desarrollo de los niños con discapacidad en El Salvador,” señaló la Licda. Murillo. Entiéndase por integración el proceso desde una escuela de educación especial hacia un centro educativo regular, y por inclusión a la iniciativa personal de los padres para que sus hijos e hijas tengan una educación normal. En este caso, no hay necesidad de que hayan asistido a una escuela especial previamente.

Al menos, 3 mil niños con discapacidades de diferente índole han sido insertados al sistema de educación regular, según unestudio del Ministerio de Educación en junio de 2006. Alrededor de 600 centros escolares apoyan la causa. Este dato no toma en cuenta las instituciones que no han reportado la presencia de los niños y las niñas en sus instalaciones.

Rosina Ramírez, profesora de segundo ciclo y sub-directora de la Escuela Especial de Santa Tecla, en La Libertad, da seguimiento a los niños y las niñas que ha integrado a centros como la Walter Soundy, también en la cabecera departamental. Asimismo, aclaró que en los casos de retardo mental leve los padres y madres no se dan cuenta, ya que no hay ningún rasgo físico que los haga dudar de su capacidad.

Pero al ingresar a las escuelas regulares, los infantes aplazan en más de tres ocasiones un año escolar. Por lo general, primer grado. Es, en ese momento, cuando descubren la discapacidad del niño o niña.

Instituciones como FUNPRES, el Consejo Nacional de Atención Integral a la Persona con Discapacidad (CONAIPD), el Centro Escolar “El Progreso” entre otras, gestionan programas de ayuda para que sean integrados a las escuelas regulares. También el Ministerio de Educación tiene proyectos y alianzas con otras organizaciones, cuyo objetivo es que el proceso tenga éxito.

Los pendientes

“Todavía hay mucho por hacer”, mencionó la Licda. Karla Jeannette López, especialista en terapia física y ocupacional. “En el ámbito cultural no sehace mucho para la concientización de la sociedad, para la no discriminación de estos niños y niñas”.

Por su parte, la profesora Ramírez cuenta el caso de una de sus alumnas, con síndrome de Down, y cómo fue discriminada por sus compañeras: “La niña vino aquí y me dijo que ya no quería ir a la escuela”. Ahora, la estudiante recibe educación a distancia.

En el colegio Julio Alberto Martí, en Ciudad Merliot, hay una niña, de siete años, con síndrome de Down que cursa kinder 5 y un niño, quien tiene problemas físicos por tanto utiliza silla de ruedas. El está en preparatoria. La directora Sandra Lorena de Martí comentó que iniciaron a matricular niños especiales en el 2004. La iniciativa fue de los padres y madres de familia. “Adaptar las instalaciones y demás personal académico y alumnado es la llave para que estos niños tengan un mejor desarrollo”, expresó.

Y De Martí fue tajante al informar que no han tenido el apoyo de programas o entidades para conocer el adecuado trato y educación que requieren la niñez con discapacidad. Las capacitaciones que han recibido en FUNPRES las buscaron por iniciativa propia. “Los proyectos de integración van más encaminados a centros escolares públicos y no privados,” sostuvo la directora y agregó: “La discriminación hacia estos niños es por la ignorancia de las personas”.

La Licda. López propone hacer conciencia sobre la situación de la población que sufre alguna discapacidad, “y así evitemos discriminarlos con nuestra actitud”. Palabras que calan hondo en Hernández, quien sabe que por su apariencia física la gente cree que no puede pensar o llevar a cabo actividades como saltar y correr, sin embargo creyó en su capacidady será una profesional.

 

 

 

 

La ley toma la palabra

 

El Salvador, desde el punto de vista legal, inició la integración de las personas con discapacidad en la década de 1980

 

Por 1960, en los países escandinavos, se organizó un movimiento que luchó porque se respetaran los derechos humanos de la gente con discapacidad. Así fue como los niños y las niñas tuvieron un apoyo académico y fueron admitidos en las escuelas regulares.

 

- El principio 2 del apartado de la Declaración de los Derechos del Niño contempla que: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, ..., para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente...”

El artículo 2, apartado segundo de la Ley de Equiparación de Oportunidades para las Personas con Discapacidad y su Reglamento ampara que la persona con discapacidad tiene derecho “a recibir educación con metodología adecuada que facilite su aprendizaje.”