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La depresión abate a la juventud salvadoreña

Por Lily Iraheta
Periodista

A las cuatro de la tarde de un día jueves, Nancy Zelaya se encontraba sola en su casa. Desde hacía un par de horas, lloraba en la cama. Después de casi dos años de sentirse mal, pensaba que nada valía la pena. Decidió quitarse la vida. Tenía una depresión.

Foto: Lily Iraheta

La ayuda profesional es importante en las crisis que puede tener un adolescente.

Una hora más tarde, Nancy lloraba con su madre. A pesar de haber tenido la intención de ingerir decenas de pastillas, la joven de 17 años se contuvo luego de conversar con su angustiada mamá. “No sabía que ella se sentía así...decidí que era el momento de consultar con un psiquiatra...Mi hija, a ese punto, necesitaba medicamento ya que la psicoterapia parecía no tener resultado”, relata Ana María de Zelaya.

A más de un año del incidente y de tomar antidepresivos, Zelaya acepta el reto que tiene: “Es posible que recaiga, pero ahora me siento más viva que nunca”. Al igual que ella, cientos de jóvenes salvadoreños sufren de depresión. Es un grupo muy vulnerables debido a que transita por una etapa de cambios físicos y emocionales. Las ganas de ser libre y auténtico, de tomar decisiones independientes y de hacer lo que se desea, muchas veces no es garantía de que se sienta bien. Las dificultades sociales y los conflictos familiares son más intensos en este período de la vida, y la mayoría de veces desencadenan una depresión.

“La depresión es un categoría diagnóstica que presenta muchos criterios”, expresa el psicólogo Alejandro Rivera. “No se trata de una simple tristeza que cualquiera puede presentar”. Entre los síntomas más frecuentes están: desesperanza, tristeza profunda, apatía para con las actividades cotidianas, problemas para dormir o dormir en exceso, falta de interés en lo que sucede en el entorno, incapacidad para realizar cualquier tarea o labor, deseos de muerte, etc. No todas las personas presentan cada uno de los síntomas, pero si uno o varios de ellos prevalece por un largo período de tiempo es signo de una posible depresión. Entonces se debe ir a un psicólogo o psiquiatra para comenzar un tratamiento de inmediato.

En el caso de las nuevas generaciones, los y las especialistas consideran que las causas de la depresión se deben a problemas familiares o amorosos. “Muchas veces los jóvenes se sienten incomprendidos, no se sienten bien con sus padres, su relación con ellos es difícil o hasta la consideran insoportable”, apunta la doctora Patricia Morales, del Hospital Psiquiátrico Nacional. Los problemas amorosos pueden ser rupturas, engaños o infidelidades.

“Ya he sentido ganas de matarme y acabar de una vez con todo”, expresa Cristina Romero, de 16 años de edad. “Yo nunca me he llevado con mi mamá, siento que no le interesa lo que me pasa (...) Sé qué es la depresión y sé que muchas veces me he sentido deprimida”. El hecho de vivir en un ambiente familiar en donde las relaciones no son fuertes o existe irrespeto y desinterés puede fácilmente llevar a una joven a la depresión.

En el Hospital Nacional Psiquiátrico, en San Salvador, durante los primeros cinco meses del año, alrededor de 92 jóvenes, entre los 10 y los 19 años de edad, consultaron por episodios depresivos. La cifra representa solo el 12% del total de las atenciones en el nosocomio.

Sociedad consumista

Los medios de comunicación bombardean a los jóvenes con mensajes publicitarios que incitan al consumo de ciertos productos. Se tiene la creencia de que la adquisición de ellos o de ciertas marcas brinda estatus frente a los demás, y esto se traduce en poder. Es usual que los que no tienen acceso a los artículos se sientan mal. Con el tiempo, inclusive, la autoestima comienza a caer y “el hecho de no poseer ese par de zapatos o aquel pantalón puede afectar gravemente al joven”, sostiene la psicóloga Vilma Beltrán de Paredes, quien posee un consultorio propio y considera que muchas veces los adolescentes se deprimen por largos períodos de tiempo por razones de este tipo.

Foto: Lily Iraheta

La presión del estudio afecta a cierto alumnado que no sabe manejar la carga académica.

Así como muchas chicas de su edad, Zelaya, a los 15 años, estaba triste por no tener novio y creía que se debía a su apariencia. “Pensaba que mi ropa era fea y que mi cabello no se veía bien”, dice. Su tristeza se profundizó cuando le fue diagnosticada una enfermedad de la piel que le dejaba grandes cicatrices. “Ahí fue cuando de verdad me sentí de lo peor, la dermatitis que tenía me destrozaba no sólo por fuera, sino por dentro”. La psicóloga de su colegio comenzó a tratarla con psicoterapia.

Zelaya acepta que la presión por verse bien era muy grande: “Sabía que no me veía como mis amigas y eso me hacía sufrir”. No es saludable que las personas midan su importancia como seres humanos por la cantidad de productos que son capaces de comprar o por el dinero que tengan. “Por ser un lapso en el que ocurren ciertos cambios físicos y psíquicos, los jóvenes creen que por tener una apariencia específica, ya son aceptados y eso los hace sentirse bien. Están equivocados. Aquellos que no logran adecuarse a la imagen esperada y construida por los medios o por la sociedad misma, se sienten derrotados y caen en depresión”, indica Beltrán.

Los jóvenes que padecen de depresión se vuelven inestables y agresivos, otros expresan su angustia presentando malas notas en el colegio o universidad y hay ausencias continuas al centro de estudios. Es usual que algunos comiencen a usar drogas, como una vía de escape a los problemas que les aquejan. Por ende, tanto las relaciones familiares y sociales y los estudios se ven afectados por la enfermedad.

Contra el pesimismo

Los tratamientos contra la depresión incluyen terapias psicológicas en las que el joven es aconsejado y a la vez escuchado para tratar de calmar su pena. Los grupos de apoyo también realizan una labor muy importante para alejar al paciente del ambiente de pesimismo que impera en su mente. La prescripción de fármacos antidepresivos se considera cuando el paciente presenta un cuadro moderado, es decir, cuando hay ideas de culpa, fatiga, melancolía e ideas continuas de muerte. “El especialista ya puede recetar medicamento para poco a poco ir cambiando el cuadro”, expresa la doctora Morales.

Los jóvenes que padecen de depresión tienen la posibilidad de acceder a este tipo de tratamientos, en el Hospital Nacional Psiquiátrico o en la consulta privada. El ingreso al nosocomio sucede cuando ha habido ideas de muerte, intentos suicidas o abusos de sustancias. Nadie puede ocultar la verdad: la juventud en El Salvador es propensa a caer en la depresión. Es importante que los padres y madres de familia y la sociedad entera se interese y preocupe por la salud mental de los y las adolescentes, quienes en el futuro pueden tener serios problemas para relacionarse y desarrollar sus capacidades.

 

 

 

 

 

 

Una medicina llamada lectura

 

Si te sientes deprimido sigue estos valiosos consejos. No dejes que la depresión absorba tu mente y tu tiempo.

Busca orientación especialista en Unidades de Salud, Hospital Psiquiátrico o con psicólogos o psiquiatras privados.

Fortalece el amor propio y enriquece tu vida: busca amistades positivas, dedica tu tiempo a buenas lecturas, intégrate a actividades como el teatro, danza o música.

Forma parte de organizaciones de ayuda y construye una nueva dimensión positiva a tu alrededor.

Involúcrate en actividades académicas que complementen tu educación.

A los padres y madres de familia:

  • Apoya a tus hijos, hijas y oriéntalas en sus decisiones.
  • Acércate y hazte amigo de ellos y ellas.
  • Participen juntos en actividades recreativas.
  • No lo compares con los demás.