Agricultores de la costa: víctimas silenciosas de insuficiencia renal
Por:
Karla Carranza
Periodista
En las estadísticas de Salud Pública de 2006, la Insuficiencia Renal Crónica (IRC) es la segunda causa de muerte en hombres, solo superada por los traumatismos, donde entran las lesiones por accidentes de tráfico, laborales y violencia social.
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Foto: Karla Carranza |
La población joven también está propensa a sufrir la enfermedad, cuyo tratamiento es costoso. |
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Con el diagnóstico confirmado y una referencia médica en la mano, Armando Elías Collado espera turno para una sesión de diálisis en el Hospital de San Miguel. “Ya me dijeron que no será mucha la espera, solo falta que Diosito se lleve a alguien para que quede una cama libre”, comenta el agricultor, de 23 años, con un cuadro clínico de IRC. Élnecesita de un tratamiento que reemplace las funciones que el riñón izquierdo dejó de realizar hace unos meses.
En los pasillos del nosocomio, varias familias ruegan por la vida de algún pariente con IRC. Marta Melgar, de 27 años, cuida a su padre Antonio Melgar, agricultor de 55 años, quien lleva dos años con la enfermedad y apenas tiene un mes con el tratamiento de diálisis, “le ruego a Dios que mi papá no sufra mucho y que me le dé más vida”.
Según Ramón García Trabanino, nefrólogo del Centro de Hemodiálisis, de cada diez agricultores cinco sufren IRC, y dos de ellos fallecen sin conocer que padecen la enfermedad. Los factores que provocan el padecimiento son las largas jornadas de trabajo bajo el sol, la poca ingesta de agua, la falta de información y educación y los escasos recursos económicos.
En un estudio, realizado por Trabanino en la zona de Jiquilisco, en el sur de Usulután, de 291 varones 133 (el 45.7%) tenían proteinuria, una proteína que aparece en la orina cuando el riñón está dañado. En la mayoría de los casos, los pacientes desconocían la existencia de esta proteína, aunque sufrieran de dolores de cabeza intensos, debilidad, “mal de orín”. Ignoraban la verdadera razón de los síntomas.
“Después del estudio, todos los varones de la costa con proteinuria o diagnóstico preliminar de IRC fueron remitidos al segundo nivel del sistema de salud, donde tendrían que recibir atención nefrológica adecuada y acceder a los programas de diálisis en caso necesario. Sin embargo, muchos de ellos no acudieron a ningún centro médico por falta de recursos o porque no se les brindaron las condiciones necesarias”, detalla Trabanino.
Ante esto, Ricardo Leiva, jefe de Nefrología del Hospital Rosales, en San Salvador, la única instancia pública donde se brinda los tratamientos para sobrellevar la IRC, asegura: “Hemos hecho gestiones para evitar que algunas personas no reciban la atención que merecen, pero es necesario mencionar que las necesidades de salud en el país son múltiples”.
Según la declaración Universal de los Derechos Humanos, en el articulo 25: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar necesarios…”Para Trabanino, el sistema de salud pública nacional no hace valer estos derechos y se permite que aumenten las muertes por esta razón.
Aunque la IRC no respeta género, la enfermedad en la costa se presenta más en el sexo masculino. La doctora Rosalba Gómez, del Centro de Hemodiálisis, lo atribuye a una discriminación de género inversa por parte del sistema nacional de salud pública. Basa su opinión en que la mayoría de esfuerzos por la salud van enfocados a los niños y las mujeres.
Sin consultar
En un día normal de trabajo, la Unidad de Salud de “La Concordia”, en el Bajo Lempa, San Vicente, se encuentra abarrotada de mujeres con sus niños y niñas solicitando y recibiendo servicios de salud, pero hay muy pocos hombres. Victoria López, ama de casa, explica que ella lleva a los niños mientras su esposo trabaja la tierra, “él no anda en estas vueltas, es que pasa ocupado, y cuando se enferma yo le llevo las medicinas”.
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Foto: Karla Carranza |
La saturación de pacientes en el sistema de salud público hace que los del campo tengan dificultades para recibir sus diálisis. |
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Los hombres y las mujeres que sí logran detectar a tiempo la IRC, están dispuestos a tratarse y más al poseer el dinero para viajar a San Salvador. Acuden al Hospital Nacional Rosales, donde 400 pacientes necesitan diálisis pero únicamente 84 se reparten las 16 máquinas de hemodiálisis, y los demás se someten a una diálisis peritoneal ambulatoria. La falta de equipo médico causa decepción y resignación en los habitantes de la costa, a tal grado que al ver tanta gente esperando se van y nunca se someten al tratamiento.
Sonia Méndez, ama de casa de 40 años, lamenta la muerte de su primo Edgardo José Flores, de 45 años, agricultor de Usulután. El murió el 21 de septiembre de este año, porque no se sometió al tratamiento las veces que era necesario, “hubo días que mi primo se desesperaba y mejor abandonaba el hospital, porque costaba que lo atendieran”. Con lágrimas en los ojos y nostalgia, Méndez recorre los pasillos del Rosales y busca quién le entregue unos documentos del pariente. Según el expediente médico, Flores falleció por una IRC, provocada por la excesiva exposición al sol, mientras trabajaba la tierra en las cercanías del Bajo Lempa.
El jefe de Nefrología del Hospital Rosales asegura que de 80 personas con IRC, solo cinco acuden a un tratamiento y en caso de muerte son las únicas que se toman en cuenta en el sistema de salud pública. Las otras no forman parte de las estadísticas que manejan y son estas las que aumentan a diario en las franjas costeras de El Salvador.
Para Gómez, entre las mayores consecuencias de que no se mantenga un control de la enfermedad es que los niños y niñas de las familias que pierden integrantes por IRC, dejan de recibir las condiciones necesarias para vivir y desde temprana edad descuidan su salud. Esto garantiza la existencia, en el futuro, del padecimiento.
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La hemodiálisis es una alternativa de tratamiento cuando el deterioro de la función renal se hace irreversible.
¿Cómo funciona la hemodiálisis?
En este proceso, la sangre del paciente se conduce entubada desde el organismo hasta una máquina llamada “riñón artificial” en la que pasa a través de un filtro de limpieza (dializador), en el que se produce el intercambio entre el líquido del dializador y la sangre.
La hemodiálisis no cura el riñón
Este tratamiento solo limpia la sangre contaminada, pero si se sigue según la receta del médico y se acompaña con buenos cuidados, permite llevar una mejor vida aún padeciendo IRC |
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