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Ante las puertas del infinito

Por José Gamero
Periodista

Si lo mítico del Universo se ha desvanecido con el desarrollo de la ciencia, la belleza de la “Azul Inmensidad”, como la llamó el poeta Rubén Darío, no se marchita. En El Salvador, el movimiento de aficionados a las estrellas cobró mayor auge con la Asociación Salvadoreña de Astronomía (ASTRO) que posee el parque astronómico, único en Centroamérica.

Foto: José Gamero

El equipo de observación del Dr. Prudencio Llach fue donado a la Asociación Salvadoreña de Astronomía (ASTRO).

Alrededor del mundo, los astrónomos poseen grandes recursos para la observación. Ahí están los monumentales telescopios del Mauna Kea, en Hawai, o el francés Pic du Midi que tomó las fotografías más nítidas de Marte, el planeta rojo. Pero son los aficionados los que realizan importantes avances para la ciencia más antigua de la humanidad, y El Salvador lleva el liderazgo en la región.

ASTRO surge de los deseos de Luis Larde, Ramón Rossell, Jorge Colorado y otros amantes de la astronomía, identificados con el cometa Halley que se acercó a la Tierra en 1986. Cinco años después, en enero de 1991, 13 adictos al Universo firman el acta de fundación en el salón principal del Club Tecleño, ciudad de Santa Tecla, departamento de La Libertad.

Karla Chinchilla, secretaria de ASTRO, se mira a sí misma como un enlace entre los astrónomos profesionales y la gente: “Aparte que es nuestro hobbie, nuestra pasión, nuestro relax del trabajo de amas de casa, estudiantes, comunicadores, administradores, ingenieros, es nuestra misión de dar nuestro tiempo para guiar y enseñar a la gente”.

Los ojos de la Tierra

Leonel Hernández, ingeniero químico y socio de ASTRO, abrió las puertas del parque astronómico que consta de una manzana y media. A su encuentro, salen Galatea y Andrómeda, las dos perras guardianas. La grama está crecida, sin embargo se ven las tres terrazas con soportes para los telescopios en las noches de observación que son el primer sábado de cada mes, y casi todos los fines de semanas con cielo abierto. Las jornadas nocturnas empiezan a finales de octubre hasta principios de marzo.

Foto: José Gamero

El firmamento ofrece a los y las aficionadas un reto técnico y científico a la vez.

El Observatorio “Dr. Prudencio Llach” se encuentra en San Juan Talpa, a 40 Km. al suroeste de San Salvador. Lleva el nombre del suegro del ex presidente Alfredo Cristiani. El Dr. Llach, pionero en la astronomía enlos años 50, construyó importantes observatorios en su pueblo Santiago de María, Usulután, y otro en la residencia que tenía en San Salvador.

Al morir, la familia decidió derribar la casa para construir unos condominios cerca de la actual Zona Rosa. ¿Y qué hacer con los telescopios, mapas y el observatorio del Dr. Llach? Por suerte, el equipo llegó en calidad de donación a ASTRO.

La construcción del parque astronómico inició en 1995. La obra era especialmente para la cúpula y el telescopio, de 30 cm. de diámetro. Hernández abrió las puertas y encendió las luces rojas de un gran salón para usos múltiples. Cuadros, afiches y mapas decoran las paredes. Las gradas guían a la cúpula, en el centro está el soporte del telescopio del Dr. Llach. Pero, ahora, sostiene uno nuevo: un Cassegrain, marca Tinsley Laboratories, de 30 cm. de diámetro, con una razón focal de f/16. Esto proporciona una longitud focal de 4800 mm, ideal para el estudio de planetas y el cielo profundo.

El telescopio tiene una montura giratoria que permite el seguimiento de los fenómenos celestes por medio de un control remoto, dejando las manos libres. La computadora localiza con facilidad las coordenadas que se buscan en el cielo. Las compuertas se abren, como los parpados de los ojos, y el telescopio apunta al firmamento, oculto por las nubes. “Lo más importante que uno debe saber es cómo buscar objetos con un telescopio, y cómo manejarlo”, dice Hernández, experto en mapas celestiales.

El Salvador se encuentra en una posición óptima para la observación astronómica. “Tan solo perdemos 13 grados del Polo Sur”, explica Hernández, quien accede a lugares imposibles de visualizar en Estados Unidos o Europa.

Los y las socias de ASTRO han observado lluvias de estrellas, entre ellas la fantástica Leonidas; cometas que cruzan el cielo como gansos en eterna migración; los famosos anillos de Saturno; las constelaciones de míticos héroes y dioses; galaxias, nebulosas e innumerables maravillas de la gran bóveda celeste. “A mí me gusta ver a Orion y cúmulos de estrellas”, confiesa Verónica Ruiz, de 21 años.

El Eclipse del Siglo, el 11 de julio de 1991, fue sin duda uno de los eventos más importantes de los últimos 15 años del Sol. Recibió ese nombre por su larga duración y trayectoria, se vio en casi toda América. ASTRO dio cobertura al evento, informando a la población del suceso a través del Canal 10.

La actividad los colocó en el mapa de la astronomía a nivel regional. Luego, dos veces, fueron sede del Congreso Centroamericano de Astronomía (1994 y 1997). “Estamos en bastante contacto con la gente de afuera, a nivel centroamericano, latinoamericano y de Estados Unidos”, relata Chinchilla. Ella, el año pasado, visitó Argentina para unas conferencias.

Constelaciones de emociones

El parque de ASTRO es el único en Centroamérica en tener el acceso libre al público. Los otros son privados o de uso exclusivo para el estudio científico, como el de Nicaragua que se encuentra en la universidad estatal.

El año pasado, durante el 15º Aniversario, se celebró la “star party”. “Se contó un poco de nuestra historia y después de la cena de pupusas, se apagaron las luces y a observar. Cada quien con su telescopio o su grupito, y aprendiendo de las experiencias de los otros”, recuerda Chinchilla.

ASTRO ha recibido visitas de celebridades, como Carolyn Shoemaker y David Levy, descubridores del cometa que se estrelló contra Júpiter en 1994; y aficionados, por ejemplo turistas europeos. Además colabora con la NASA; apoya al Johnson Space Center Astronomical Society en la medición de asteroides cercanos, y con Central America Reentry Observers Network (CARON), observando la entrada de los transbordadores espaciales. Actualmente, se trabaja en la construcción de otra cúpula de observación y en la iniciativa de una ley municipal para regular la contaminación de luz que impide la observación.

Verónica Ruiz, estudiante de física y la promesa de ASTRO, recuerda la primera vez que visitó el parque. “Me había quedado en la cúpula y me dicen: Vení a ver la nebulosa de Orion. Y cuando veo la nebulosa de Orion, me pongo a llorar, porque yo dije: ¡Qué cosa más linda! Nunca, nunca había visto algo tan precioso. Es lo que más emociona, lo que más me llena”.

El año pasado, 100 personas se inscribieron al curso básico de astronomía que ASTRO realiza anualmente. Chinchilla asegura que “es una excelente oportunidad para aprender para el principiante”. Hay teoría y práctica, además de la asesoría de los socios y socias. “Es recomendable comenzar con binoculares, para aprender las posiciones de las estrellas y planetas”, aconseja Hernández.

STRO posee un espacio en radio Clásica y la columna semanal Cosmos, en el periódico virtual El Faro.net. También dan charlas técnicas el segundo y último lunes de cada mes, en el Museo de Ciencias Stephen W. Hawking. El Planetario, único en Centroamérica, del Museo de Niños Tin Marín, en San Salvador, ofrece una perspectiva completa de lo qué es el Universo. ASTRO apoyó la redacción de los guiones y asegura que es una excelente oportunidad de introducirse en el mundo de la azul inmensidad. Después los espera la cúpula y el telescopio en San Juan Talpa.

 

 

 

 

 

Para la observación desde casa

 

La persona con deseos de explorar la bóveda celeste puede hacerlo sin gastar en un equipo sofisticado.

Se debe esperar la noche de cielos despejados y procurar la máxima oscuridad posible.

Utilizar lámparas de luz roja, para la rápida adaptación del ojo a la oscuridad. Se puede colocar un filtro rojo también.

La observación puede realizarse por medio de telescopios reflectores (espejos) o refractores (lentes). La manera más idónea para el principiante es con binoculares

Lo más importante es la ubicación en el cielo. Se puede aprender de manera fácil y clara con programas en Internet, como Google Eartht.