Los exorcismos están a la orden del cliente
Por:
Lucrecia Viana
Periodista
La Iglesia Católica tiene un equipo de sacerdotes especializados en atender a la feligresía que sufre un trabajo del Demonio. La demanda del servicio carece de una estadística oficial, pero en las soluciones a los problemas a veces no basta rezar.
Eran las tres de la madrugada. Gladis Ramírez, de 69 años, seguía orando. Hacía 15 días que no había dormido ni un solo minuto, ni de día, ni de noche. “Todo empezó desde que empecé a jugar guija”, explicó. Ella fue poseída hace 30 años y finalmente el “padre Carlitos”, como lo recuerda, la liberó.
“Estrictamente hablando, el exorcismo es la acción sagrada que la Iglesia realiza cuando una persona está poseída por el Demonio”, afirmó Monseñor Rafael Urrutia, delegado para realizar exorcismos. “Las posesiones diabólicas son consecuencias de un pacto entre una persona y el Demonio, por voluntad propia, por libre iniciativa, queriendo conseguir poder, dinero o algún beneficio”.
La Iglesia Católica siempre ha creído en la ejecución de exorcismos, pero hay que saber cuándo es el momento, discernir cuándo sí y cuándo no. Solamente, bajo la autorización del obispo diocesano, puede ser practicado por un sacerdote que buscará expulsar a los demonios de un cuerpo o hacer una liberación del dominio demoníaco sobre alguna casa u objeto.
Alguien puede ser poseído de dos formas, según el catolicismo. Cuando la persona se ofrece al Diablo y, en segundo lugar, el Demonio entra por medio de juegos de superstición u ocultismos. “A veces me llaman para ir a ver a un enfermo, pero cuando llego me doy cuenta de que es una posesión y que se puede realizar una fácil liberación, porque, por ejemplo, a veces un pariente muy cercano hace un pacto con el Diablo y ofrece a alguien a cambio. Pero ese alguien es capaz de decidir si dejarse poseer o no. Si hay manifestaciones, como fuerza superior o blasfemia desmedida, en ese caso se hace una liberación y no un exorcismo puro”, comentó Monseñor Urrutia.
Para los sacerdotes, es importante asegurarse de que se trate de una posesión y no de una enfermedad. A veces, el caso puede ser de esquizofrenia, estado de “shock” por consumo de alcohol o drogas, enfermedades nerviosas o enajenación mental que se asemejan, en sus manifestaciones, a la posesión diabólica. Por ello, el practicante hace un estudio del paciente, con un discernimiento serio y profundo. Esto para descartar alguna explicación médica.
Señales de alerta
La posesión diabólica se manifiesta a través de hablar en lenguas desconocidas o entenderlas, gritar groserías, blasfemar, actuar con violencia contra familiares, maldad contra personas concretas, deseos desmedidos de sexo, dinero o poder, revelación de cosas ocultas o distantes, demostrar fuerzas superiores a la propia condición física y aborrecimiento y hostilidad hacia Dios, la Virgen, los santos, imágenes religiosas o la cruz.
“Sentía una desesperación increíble, me sentía fuerte y energética. No me daba hambre ni sueño. Estaba deprimida, me quedé sin trabajo, sólo lloraba y hacía cosas absurdas”, contó Ramírez, quien en la madrugada lavaba con la mano izquierda todo lo que encontrase de color blanco. Además tomaba, de un solo sorbo, un plato con sopa hirviendo; sentía el cuerpo lleno de pequeñas espinas y daba tres vueltas cubierta en una sábana en lo alto de su cama, a media noche.
A la persona que se le practica un exorcismo no está consciente. Se da cuenta hasta el final, hasta que está en total dominio de su cuerpo. Los actos de posesión no son frecuentes y no existe una cifra exacta que los señale, tampoco hay estadísticas. Sin embargo, son muy comunes los entierros en las casas. Las sospechas comienzan cuando a la familia le empieza a ir mal en la vida, siempre hay alguien que siente que hay algo extraño o existen enfermedades incomprensibles. La situación amerita entonces una liberación de la casa.
Los entierros son puestos y hechos por alguien. Por ejemplo, le pagan al jardinero o a la empleada doméstica para que los pongan. La empresaria Margarita Cuéllar, de 44 años, divorciada y con dos hijas, descubrió hace dos meses que en su casa había un entierro desde 1993. “Darme cuenta fue difícil. Primero tenía sueños donde leía citas bíblicas que trataban sobre liberaciones de poseídos, después encontré un libro que se llama Libre al fin y hubieron muchas personas, cercanas y no cercanas, que me advertían, a mí o a mis hijas, que las cosas que me pasaban no eran normales”, relata la víctima.
A la fecha, Cuéllar lleva cuatro años sin trabajo, tiene miles de deudas, sus esfuerzos no daban ningún resultado y su casa, en dos ocasiones, se incendió. Aquello no era simple mala suerte. Por fin, por medio del hermano Manuel Zaldaña, vidente de la Diócesis de San Salvador, descubrieron el entierro.
“El que uno no adore al Demonio por medio de ocultismos, brujerías, maldiciones o cosas así, no significa que no hay personas que sí lo hacen”, sostuvo Cuéllar, cuya maldición consistió en terminar con su matrimonio y que todas las ganancias de su trabajo no las recibiera ella, sino la persona quien le hizo el entierro.
Con sigilo
Monseñor Fernando Rodríguez, exorcista oficial de El Salvador, labora en el Arzobispado de la Diócesis de San Salvador, en la Colonia Médica, y es párroco de la Iglesia “La Transfiguración”, en el reparto Los Héroes. Él examina los casos de posible posesión, ya sea en persona o casa. Después de un estudio minucioso que puede tardar semanaso meses, determina de qué se trata y entra en acción Zaldaña, quien procede al desentierro y la liberación. “Este proceso no se resuelve en días. No es un algo simple, es necesaria la fe”, sostiene Zaldaña.
El caso de la empresaria llevó dos meses. Un entierro es la acción maléfica de soterrar objetos malditos, creados por personas practicantes de la magia negra. Ellos son efectivos, según su fin. Pueden ser elaborados para propiciar algún mal en contra de una persona o familia, o para beneficiar a la persona que lo haga. Entre las cosas que se han encontrado en la liberación, están muñecos, hechos de tierra, trapo o piedra; monedas, cabello, dientes humanos y clavos.
También, en ocasiones, el entierro se complementa con dibujos malignos, hechos con pintura indeleble en paredes, puertas o cualquier otra superficie y en objetos, puestos en lugares estratégicos. Por ejemplo, entre los colchones, debajo de muebles o sobre el techo. Las personas pueden no darse cuenta que hay un entierro, pero cuando lo saben empiezan a relacionar cosas que les han sucedido.
Un matrimonio, después de vivir 23 años en su casa, tuvieron que venderla por deudas. La pareja perdió el trabajo y nunca pudo tener hijos. Un amigo cercano les contó la historia de una familia que había encontrado un entierro en su casa. Después de consultarlo con el párroco y hacer una inspección minuciosa de la casa, encontraron en el patio de su ex-casa una muñeca de barro, con un torso y cuatro extremidades unidas por hilo dental y lo que simulaba ser la cabeza, estaba cubierta por cabello humano.
En medio del colchón de la cama, hallaron un hacha y un libro de vudú –secta que adoran ídolos muertos y sacrifican animales en cultos satánicos, donde practican aberraciones sexuales sobre ostias o imágenes cristianas-. Y, en la pared de la entrada principal de la casa, un dibujo de un hombre ahorcado pintado con tinta indeleble y transparente.
“Yo quería hablar con mi mamá muerta. Desde la primera vez se me presentó como un espíritu, pero no era ella. El Demonio te engaña”, dice Ramírez. El padre Carlitos le impuso sus manos sobre la cabeza y ella se desmayó. Cuando despertó, juró ante Dios que nunca más iba a volver a jugar guija.
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Algunos estudiosos afirman que la guija inició con los egipcios, otros que fueron los árabes, quienes la introdujeron durante la dominación sobre España.
Es una tabla de madera con un abecedario al centro, y los números en la parte inferior.
Las reglas del juego son sencillas: se pone la tabla entre las rodillas de dos jugadores, los dedos índice y pulgar de ambos tienen que estar sobre un triángulo de madera. Empieza la concentración, se hacen preguntas y así de simple el triángulo empieza a dar respuestas moviéndose de un lado a otro.
Pero las cajas del juego no dicen, según personas que saben de espiritismo, esoterismo y magia, que la guija es una forma fácil y segura de invocar a los espíritus.
El precio de la guija, en los establecimientos comerciales, es de 35 dólares. En la tienda “Aries”, en el centro comercial Galerías, colonia Escalón, San Salvador, el juego tiene una alta demanda.
Según la Iglesia Católica, jugar guija es la forma más fácil para que el Demonio pueda poseer tu cuerpo y entrar más fácil al alma. |
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