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Una luz de superación en el camino del autismo

Por Katya Rivera
Periodista

El niño y la niña autista tienden a excluirse de la interacción social. Se encierran en “su mundo”. Sin embargo, el Centro de Atención Múltiple Integral (CAMI) tiene un programa que los ha llevado a participar en el ámbito laboral.

Foto: Katya Rivera

La creatividad se despliega en las artesanías y es uno de los canales de comunicación.

“¡Abajo, arriba! ¡A un lado, al otro! ¡Derecha, izquierda!”, indica la profesora. Ante las órdenes, Gabriela de León, de 11 años de edad, lleva su propio ritmo en las terapias de ejercicios del CAMI, donde la niñez autista es atendida por especialistas que los ayudan en el rendimiento escolar y el desarrollo personal.

La directora, Licda. Lissette de Chaín, sabe que Gabriela es rebelde. No es que sufra de graves desórdenes del espectro autista, simplemente no le gustan las terapias con ejercicios. Ella prefiere los talleres ocupacionales. La pequeña estudiaba en el Colegio Augusto Walte. Ahí, como explicanCarlos y Teresa de León, papá y mamá, “la profesora de nuestra hija nos dijo que al ver que no avanzaba al ritmo de los demás, era mejor que la lleváramos a un centro para educación especial”.

Luego de un año en el CAMI, hubo un cambio en la menor. “Ha mejorado en todos los aspectos. Ahora ya sabe distinguir entre lo que es bueno, lo que es malo. Sabe atenderlas indicaciones que se le dan, juega más con sus otros compañeros, se muestra más feliz”, comentan los progenitores.

egún el pediatra Mauricio Rivas, cuando se trata de niños y niñas con síntomas del espectro autista, entre más temprano se detecte e inicie su tratamiento mejor será el resultado. Al empezar la especialidad, el galeno sólo tenía una breve noción de lo que era la enfermedad; luego, por medio de estudios e investigaciones, aprendió a diagnosticar si estaba frente a un caso de autismo. “Es necesario que todos los pediatras reciban más información acerca del síndrome”, aseguró. “Si un niño muestra problemas de lenguaje, hay que preguntarse si mira a los ojos, cuál es su patrón de juegos, estudiar qué tipo de conductas tiene”.

Desconocimiento médico

La tendencia más optimista, proporcionada por el Centro de Rehabilitación Integral de la Niñez y la Adolescencia (CRINA), señala que en El Salvador se podría tener 12 mil niños y niñas con autismo. En este sentido, el pediatra Francisco Espinoza consideró necesario que todos los doctores sepan determinar el síndrome autista. Él está consciente de que son pocos los especialistas que lo diagnostican, en el país. Además, propone la construcción de nuevos centros de rehabilitación especializados en este síndrome, que cuenten con los mejores aparatos y técnicas necesarias para ayudar a los niños y niñas que lo padecen.

Foto: Katya Rivera

Las niñas autistas disfrutan de la elaboración de una mercancía con valor en el meracado.

El CAMI es uno de lo pocos que existe, aunque también están el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI), el Centro de Educación Especial (CEE), el Centro de Audición y Lenguaje, Centro de Invalideces Múltiples (CIM) y la Escuela Especial de Mejicanos, en San Salvador.

En los talleres ocupacionales, se enseña la elaboración de artesanías que luego son comercializadas. Esto contribuye al desarrollo motriz y psicológico, dice la terapeuta Haydee Beltrán. Iniciaron hace tres años con el objetivo de desarrollar la autoestima de los niños y niñas autistas. Participan alrededor de ocho con el síndrome.

“Son tan inteligentes que pueden lograr cualquier cosa que se propongan. Son los niños que trabajan mejor, los niños que ponen más dedicación, los más detallistas. Dan el trabajo más terminado”, aseguró Margarita Magaña, auxiliar de los talleres que se encuentran en un cuarto amplio con ventanas alrededor, lo que provee de suficiente aire y luz natural para que puedan realizar el trabajo artesanal.

El CAMI cuenta además con un área de computadoras, juegos, piscina, cancha de baloncesto, cocina y comedor. También posee un cuarto especial, decorado con figuras fosforescentes, luces de colores y con música instrumental para que los niños y niñas hiperactivas e inquietas se tranquilicen.

La elaboración de artesanías se efectúa en los primeros tres días de la semana. De acuerdo a la Licda. de Chaín, el propósito principal es desarrollar en el niño destrezas más complejas, ya que “estos niños van para grandes”.

“Son productos que tienen más valor que los de cualquier empresa. A uno no le importa tanto el valor monetario, sino más el valor humanitario. Son productos hasta mejor que los de cualquier artesano”, expresó la compradora Raquel Navas. La ganancia obtenida por el trabajo es distribuida a los padres y madres, quienes dan el dinero a sus hijos e hijas. Beltrán afirmó que “los niños se ponen felices, y a fin de cuentas eso es lo más importante”.

ara Rafael Portillo, padre de Javier, de 13 años, los talleres han mejorado el desarrollo de su hijo. Ahora se desenvuelve mucho mejor en todas las actividades. Antes de entrar al CAMI, era un niño introvertido. Se aislaba de otras personas, incluso, a veces, de sus otros hermanos. “Este tipo de iniciativa, estimula a los niños a tomar contacto con el mundo exterior y a comunicar lo que guardan en su interior”, expresó feliz Portillo.

 

 

 

 

 
La venta de un producto valioso
 

Muñecas de trapo, canastas, troncos decorativos y adornos de Navidad fueron las primeras piezas que aprendieron a realizar los niños y niñas autistas en los talleres ocupacionales del Centro de Atención Múltiple Integral, CAMI.

- En el 2006, la elaboración de artesanías se convirtió en una actividad lucrativa. Ya no sólo hacían manualidades como terapia, sino que se vendían.

La idea de comercializar las mercancías surgió de los padres y madres de familia, ya que poseían muchas manualidades. El objetivo fue que los talleres fueran auto sostenibles.

La Licda. Lissette de Chaín hace el trato con los artesanos, quienes proporcionan el material.

La exposición más reciente de los productos se llevó a cabo hace tres meses en el “Festival de Artesanías”, realizado por Hiper Paiz Las Cascadas, Antiguo Cuscatlán, departamento de La Libertad. Sobresalían las cestas, carteras y troncos decorativos, cuyo precios oscilaban entre los ocho y 15 dólares.

 
   
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