La juventud y la evolución de la concepción del noviazgo
Marielos Márquez
Periodista
Dentro de sociedades como la salvadoreña, en la cual las instituciones socializadoras tienen mucha injerencia en la vida de los actores sociales, el noviazgo es visto como el preludio del matrimonio. En esa etapa, dos individuos, hombre y mujer, se conocen y determinan, a través de la convivencia, si quieren compartir sus vidas dentro de la institución social que es el matrimonio. A medida avanza la relación van conociendo los defectos y virtudes de quien será su pareja.
Tradicionalmente, el noviazgo era una fase anterior al matrimonio, presidida por la ilusión de satisfacer las necesidades de afecto y la formación legal de una familia. Se entendía, también, como una manera normal en la que los individuos adultos se integraban en la sociedad. Era un tiempo de prueba, de ensayo, de ocasión para el conocimiento de las cualidades psicológicas y morales de la pareja. Todo esto a partir de la situación cara a cara que es cuando en realidad nos enfrentamos al otro.
Según Berger & Luckmann, durante la “situación cara a cara” la subjetividad del otro es totalmente accesible mediante un máximo de síntomas o manifestaciones simbólicas. Además, afirman que en ninguna otra situación se puede reproducir la abundancia de estas manifestaciones que se dan en la situación cara a cara (1999).
Es decir, en antaño las relaciones de novios se desarrollaban sin llegar a establecer una situación cara a cara con el otro. Ello se debía a que los lineamientos establecidos por aquellas instituciones sociales no permitían este tipo de relaciones. “El futuro novio llegaba y hablaba con el ‘tata' de que le gustaba su hija para novia y si era posible y le gustaba como se portaba para esposa”, cuentan las señoras que vivieron en esos tiempos.
En la sociedad salvadoreña, el rol de la mujer, dentro de las relaciones de noviazgos, ha sido pasivo; de modo que se veía como un privilegio para la mujer el que un hombre se fijara en ella para ser su esposa. Sin embargo, para el caso de este ensayo, se verá la doble concepción de noviazgo entre los hombres. “A uno le decían que tenía que hacerle caso en todo al hombre y que él podía hacer lo que quisiera, porque él era el hombre de la casa”, insisten las mujeres. “Uno no podía dejarse tocar por ningún motivo del hombre, porque esto implicaba que ya había una relación más seria con él”.
El noviazgo de antaño implicaba una serie de rituales a la hora de que el joven fuera a pedir permiso de ser el novio de la hija de la casa; “el hombre llegaba a la casa y le decía al papá que le gustaba la hija, pero el papá tenía que decir que no”. Ante esta negativa, afirman las mujeres, el pretendiente tenía que llevar un manojo de leña y que si la mamá o el papá lo utilizaban, cocinaban con ella, significaba que tenía permiso para galantearle a la hija. Esto sin llegar a tocarle ni la mano a la futura esposa.
Es decir que “la situación cara a cara” en la cual se deberían conocer los defectos o costumbres del otro no se llevaba a cabo de manera directa, sino más bien el conocimiento se daba desde la observación de comportamientos dentro del contexto en el que se desenvolvían.
Los mujeriegos
Durante el paso de los años la concepción de noviazgo evolucionó. Hace unos 40 años la concepción de noviazgo anterior cambió un poco. Cuando un joven se sentía atraído por una señorita, éste pedía permiso a los padres para frecuentarla y conocerla mejor. Sin embargo, la doble concepción del noviazgo, por parte de los hombres, continuaba. “A tu tía su novio la engañaba con otras mujeres, pero ella decía que él le prometía cambiar y que a quien quería de verdad era ella”, afirma mi madre al hablar del noviazgo de hace algunos años.
El conocimiento del otro en esta etapa era superficial, debido a que en el núcleo familiar no era del todo permitido que el pretendiente llegara por demasiado tiempo. “Se prestaba a malas interpretaciones, la gente murmuraba y la honra se ponía en entre dicho”, aseguran.
Para las instituciones socializadoras las relaciones entre varones y mujeres estaban vedadas. No se podía entablar una amistad demasiado cercana con alguien del sexo opuesto ya que esto se prestaba a malas interpretaciones.
Es conveniente afirmar que la iglesia, la escuela y la familia, instituciones más cercanas a los individuos, jugaban el rol de instituciones sociales que ejercían presión sobre las relaciones sentimentales y la forma de conducirse en la sociedad. En este punto, hay que afirmar que la presión que existía para los jóvenes era grande. Tenían que afirmar su masculinidad mediante el establecimiento del mayor número de relaciones sentimentales. “Si a uno de hombre le gustaba una mujer, y uno a ella era como obligación conquistarla y llevarla a la cama,” afirma un hombre que vivió en esa época. “Entre más mujeres tenías más hombre eras”. La necesidad de afirmación de la masculinidad se traducía en interacciones que reflejaran una personalidad fuerte ante los demás.
Por su parte, las mujeres no podían hacer público ningún romance porque se ensuciaba la reputación. Es decir que la conciencia colectiva atribuía diferentes valores a cada uno de los individuos que la componían. Así, los hombres eran más hombres mientras más relaciones sentimentales tenían y las señoritas por el contrario debían guardar la compostura frente a la sociedad, con respecto a sus sentimientos.
Es importante señalar que el noviazgo siempre ha representado la antesala del matrimonio, pero no deja pasar por alto el hecho de que los hombres manejan dos concepciones de noviazgo. “Antes uno podía tener a la novia formal, con la que se pensaba formar la familia y por otro lado a la amante, la que te daba las satisfacciones sexuales que por respeto no le podía solicitar a mi novia,” comenta un hombre.
En esta época, el rol de la mujer en la relación seguía siendo el mismo: la sumisión ante las exigencias del esposo y la aceptación de las conductas de éste. Era uno de los mandatos principales que en la familia se les inculcaba.
La fragilidad, cosa de mujeres
Al hablar de noviazgo en los senos familiares se utilizaba un lenguaje diferente para cada uno. A los hombres se les enseñaba que se era más hombre mientras más mujeres tenían. Que los sentimentalismos son propios de las mujeres. Mostrar el lado frágil los hacía menos hombres. La conciencia social afirmaba la hombría a partir de la cantidad de relaciones que se lograban establecer.
Mientras tanto a las mujeres se les enseñaba que cuando un hombre las tocaba perdían parte de su inocencia. Las concepciones de la sexualidad eran dispares debido a la cultura machista que existía. Esta consistía en la afirmación constante de la hombría por medio de actitudes y acciones de los hombres tenían como las adecuadas para alguien del sexo masculino.
A lo anterior, hay que agregar la inexistencia de una educación sexual adecuada por parte de las instituciones socializadoras. Hablar acerca de sexo es, hasta la fecha, un tema tabú. La iglesia como institución moldeadora de comportamientos inculcaba en sus miembros y miembras el hecho de que la sexualidad solo se puede vivir dentro del matrimonio.
La iglesia mira al noviazgo como el preludio del matrimonio entre dos personas que “tienen” que compartir su vida “hasta que la muerte los separe”. Estos lineamientos del comportamiento provocan que los feligreses busquen aclarar las dudas que puedan surgir de ese hecho que les está prohibido.
Hasta 1980, las relaciones extramaritales y los hijos producto de ellas eran rechazados por el Estado. Los hijos y las hijas no eran reconocidas como tales por parte del padre, ya que esto tenía costos emocionales para las familias de quienes habían cometido infidelidad.
La subjetividad de cada individuo estaba dictada por las normas de conducta y de comportamientos establecidas por el grupo social o comunidad social dentro de la cual se ha desarrollado como ser social. Ejemplo de ello son las concepciones que se tenían acerca de la imagen que debían manejar los jóvenes frente a su grupo de amigos, incluso ante la sociedad. Machos dominantes con gran aceptación por parte de las señoritas, entre más novias tenían más afirmaban su sexualidad.
En el lado opuesto, a las mujeres se les enseñaba que solo es un elemento más dentro de la vida de los hombres. Los esquemas tipificadores utilizados para establecer las reglas del juego en el noviazgo para las féminas, comprendían conductas de obediencia y total sumisión hacia el hombre. Ellas no tenían derecho alguno a protestar por los comportamientos del futuro esposo, porque él, como macho, tenía todo el derecho de afirmar siempre que se pudiera su masculinidad.
La mujer, en cambio, no podía tener contacto alguno con nadie del sexo opuesto porque la “honra” era lo único importante para ellas. “Llegar virgen al matrimonio era una obligación, y también demostraba que uno era honesta,” afirman quienes pasaron por esa experiencia.
Para la sociedad, el rol de la mujer en el noviazgo se limitaba a aceptar las conductas del novio. Solo en ocasiones extremas los familiares no consentían el noviazgo, porque el hombre era en extremo mujeriego o alcohólico; sin embargo, no eran del todo obstáculos para un posible matrimonio.
Se creía que lo único valioso que la mujer tenía era su condición de virgen, aunque para el hombre tener muchas experiencias sexuales durante el noviazgo constituía un elemento tipificador de su hombría. Además de consumir alcohol, fumar y otra serie de conductas que denotaban “madurez” y libertad de acción eran bien vistas por la sociedad. Y si presentaba un comportamiento distinto se llegaba a cuestionar y hasta afirmar que podía ser afeminado.
Rumores versus reputación
Las sanciones sociales a las que una mujer se veía expuesta, cuando esta generaba algún tipo de rumor en torno a su persona y su “honra” eran el desprestigio y los señalamientos por parte de quienes conformaban su grupo social. Es decir que una señorita no podía, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, dar motivo a rumores o comentarios.
La mujer no tenía derecho de réplica o defensa, debido a que su palabra no tenía ningún valor frente a comentarios de este tipo. Cuando se señalaba a una señorita como “fácil” o de “cascos ligeros”, ya no se tomaba en cuenta para ningún tipo de relación formal con aspiraciones de matrimonio. Ella entraba a la categoría de no adecuada para formar una familia.
En cambio, los hombres que demostraban su “hombría” con vicios -alcohol, fumar- y con una vasta experiencia con mujeres, eran reconocidos como los más indicados para sobrellevar un noviazgo y no se diga un matrimonio.
Era necesario, entonces, mantener una fachada que afirmara tanto la hombría, para los hombres, como la castidad, humildad y sumisión para las mujeres. Era lo que los grupos socializadores esperaban. Ellos, a través de las estructuras sociales, presionaban a los actores sociales a comportarse mediante determinadas formas para poder formar parte de esa sociedad a la que aspiraban, por medio del noviazgo, y posteriormente al matrimonio.
Entonces, las construcciones del self de los actores estaban cargadas por el acopio social, que dictaban los conocimientos necesarios para poder proyectar las conductas sociales esperadas, por las estructuras sociales que las dictaban. A partir de esto cada uno de los miembros de un grupo social manejaba conocimiento específico, adquirido por la distribución social del conocimiento necesario para poder formar parte de ese grupo social (Ritzer, 1993).
La conciencia colectiva se caracteriza por el hecho de ser siempre necesariamente constriñente, coactiva (Rocher, G., 1978); para pertenecer a una sociedad hay que apegarse a las maneras colectivas de obrar, pensar y sentir propias de esa sociedad, y es preciso aceptarlas y practicarlas para lograr ser aceptados dentro de ella.
Es por esto que las funciones dentro de una relación de noviazgo de antes se veían con recelo, ya que cada uno de los novios debía cumplir una función específica para poder reafirmar su pertenencia a ese grupo social y lograr la aceptación del mismo, a través del matrimonio.
La nueva modalidad
En la actualidad, los jóvenes ven al noviazgo desde dos puntos de vista. Por un lado, entienden al noviazgo como una oportunidad de conocer gente, la necesidad afectiva de emparejarse aparece más vagamente en los jóvenes. Cada vez un mayor número de ellos encauza sus impulsos afectivos hacia personas, actividades y esferas de la vida que nada tienen que ver con el constructo denominado amor.
Pero sin importar el tipo de relación, en los jóvenes siempre hay todo un proceso de galanteo y conquista hacia quien se pretende como pareja. Se da una serie de rituales que confirman las pretensiones del novio en potencia. El joven realiza diferentes actividades que en su vida cotidiana no haría. De modo que es capaz de integrar a su realidad social a un actor que pudo haber estado fuera de él.
El joven es capaz de realizar actividades que normalmente no hace. Por ejemplo, salir con el grupo de amigas de la chica para lograr la aceptación del grupo social al que ella pertenece. Al mismo tiempo que integra a la joven a su cotidianidad él también se integra a la vida de ella.
Un ritual de afirmación que se da durante el coqueteo es que los amigos del joven lo acompañan a las citas con la chica. El que su grupo social presencie las citas de ese miembro confirman la pertenencia del mismo al grupo.
El hecho de que un actor social perteneciente a un grupo específico manifieste o afirme sus capacidades como miembro activo de un determinado grupo le confiere un grado mayor de pertenencia a éste, a través de la aprobación de los otros.
La necesidad de aceptación provoca que los jóvenes establezcan relaciones afectivas con el sexo opuesto. “Es una presión constante, cuando ves que tus cheros tienen novia, buscas la manera de conseguirte una para seguir formando parte del grupo”, afirman jóvenes consultados.
Y es que las diferentes presiones a las que suelen ser sometidos los jóvenes en la actualidad provocan que estos establezcan relaciones que nada tienen que ver con sentimientos afectivos. Sostienen que si el grupo de amigos se da cuenta de que hay una señorita que le gusta a uno de sus miembros, éste debe llevar a cabo las acciones necesarias para lograr establecer una “relación” afectiva con ella, a fin de reafirmar las capacidades o cualidades que lo hacen parte de ese grupo.
Cada grupo social tiene conductas establecidas que los identifican como miembros activos. Ejemplo: en un equipo de deportistas todos practicarán algún tipo de deporte que los haga partícipes de esa comunidad. Así, los jóvenes se preocupan por afirmar su masculinidad frente a la comunidad social a la que pertenecen, mediante el establecimiento de relaciones con el sexo opuesto.
También hay otras intenciones detrás del noviazgo. “Es como un experimento”, afirma uno de los entrevistados. Conocer a otras personas antes de pensar en establecer una relación seria, es otra de las razones por las que en ocasiones los hombres de hoy buscan noviazgos pasajeros.
Es interesante saber que algunos de los entrevistados piensan que el noviazgo durante la juventud es “solo una etapa, es como un pasatiempo”. Sin embargo, para Ritzer esta concepción del noviazgo es solo una forma que la sociedad tiene para moldear el self de sus miembros. Es decir, la capacidad que los actores sociales tienen para proyectarse fuera se sí y aprehender la realidad y sus exigencias (Ritzer, 1993).
Dentro de este tipo de noviazgo, en el que los sentimientos no están del todo comprometidos, las relaciones premaritales se ven como un requisito importante. “Tus amigos siempre te van a presionar para que vos te acostés con tu novia,” confiesa el joven actual. “Y esa va a ser una de las presiones que siempre vas a tener,” argumenta otro de los entrevistados.
Se da entonces la existencia de las instituciones sociales, entre los que se distinguen los círculos de amigos, que establecen mecanismos de presión para que cada uno de sus miembros realice diferentes actividades que los confirmen como pertenecientes a ese grupo o para ser aceptados en él. “A veces vos andas con una chava, porque hay presión de parte de tus amigos para que andes con ella, si no lo haces dirán que sos ‘culero' o algo así,” acepta un joven. Ese tipo de coacciones provocan la infidelidad.
Los jóvenes afirman que la infidelidad es algo que ellos no pueden evitar, debido a la presión que ejerce el grupo de amigos. En referencia a este punto Mead (1934/1962:262) afirma que existen instituciones sociales opresivas, estereotipadas y ultra conservadoras, que mediante su negación más o menos rígida e inflexible…aplastan o eclipsan la individualidad. Este concepto se puede aplicar en el caso de los círculos de amigos porque las presiones que ejercen sobre sus propios miembros pueden llegar a ser demasiado grandes.
Es importante señalar que no necesariamente tienen que ser conservadoras, de hecho creo que si una institución social ejerce este tipo de presiones no siempre serán a favor del individuo.
Por otro lado, para la mujer actual el significado del noviazgo no difiere mucho de antaño. Aunque con algunas variaciones. Ahora las mujeres tiene libertad para elegir con quien establecerán un noviazgo.
La concepción que la sociedad maneja acerca de la concepción del noviazgo ha cambiado. Ahora se concibe al noviazgo como el periodo durante el cual una pareja se conoce y busca establecer vínculos sentimentales e intereses mutuos; de acuerdo a esto, en un futuro cercano pueden llegar a contemplar la idea de contraer matrimonio.
Se supone que durante esta etapa los dos actores sociales que han acordado tratarse para conocerse mejor establecen comportamientos “adecuados” para un noviazgo y para un mejor conocimiento.
Es interesante ver que las mujeres establecen parámetros para elegir a un compañero sentimental. Estos suelen fijarse pensando en la formalización de la relación. “Es una necesidad estar con alguien,” afirma una de tantas mujeres que espera encontrar al hombre indicado.
Es como si hombres y mujeres habitaran mundos diferentes, en ciertos aspectos. Una señorita busca a un hombre emocionalmente estable, que sea maduro, responsable, independiente e inteligente. Estos parámetros son los más representativos para una relación amorosa. Mientras, los hombres siguen manteniendo una doble definición del noviazgo; por un lado, buscan sexo, placer, afirmación frente a su grupo social y por el otro estabilidad, confianza, apoyo, amor y seguridad. Es decir, el noviazgo por compromiso y estabilidad emocional; y el otro, que le proporciona placer y afirmación masculina.
Y es que, incluso hoy, las instituciones socializadoras siguen insistiendo en que el noviazgo para la mujer debe ser el preludio del matrimonio o cuando menos de una relación formal y estable. Empero, se ha logrado comprobar que las relaciones de noviazgo para las mujeres son más importantes debido a la importancia que ellas les atribuyen. “Es cuestión de realización personal,” sostienen quienes pretenden tener noviazgos serios y formales.
Al hacer un contraste de la definición de un noviazgo y las relaciones premaritales las mujeres explican que estas se dan “solo” cuando hay complementariedad en la relación, aunque afirman que lo ideal es que estas se den dentro del matrimonio.
Para la mujer existen otras actividades que son importantes a la hora de establecer la relación cara a cara con el otro. Conocer sus gustos, sus defectos y también compartir actividades de la vida cotidiana: conversar y compartir situaciones diarias contribuye al conocimiento del otro.
La proyección del self que las mujeres hacen también se hace por medio de la convivencia. “Incluso con esto vos no sabes o no estás segura de lo que te vas a encontrar cuando te cases,” afirman.
La infidelidad femenina
En todo caso, cuando se da la infidelidad por parte de la mujer, esta suele ser porque ella realmente siente afecto hacia el otro. Los vínculos tipificadores que establecen para cometer infidelidad tienen que estar sustentados en el sentimiento. “Muy por despecho le podes ser infiel a tu novio, pero lo harás con alguien que vos hayas establecido lazos sentimentales previos,” argumentan.
Por su parte, los hombres a pesar de la concepción de noviazgo por compromiso con el grupo de amigos, también lo siguen concibiendo como el preludio del matrimonio. Estos parámetros se establecen a partir de la persona que se elegirá como pareja. “Si sabes que la chera a la que le querés caer es fácil, lo haces para ‘tirártela' y luego poder decir que vos también fuiste algo de ella. Es más te sirve para tener el criterio suficiente para buscar a una persona con quien pensás formalizar”, arguyen
También, suelen justificar la infidelidad y las relaciones casuales con frases como: “Por no perder oportunidades”, “Estar con alguien mientras te sale otra cosa”. argumentos como estos son los que los jóvenes de hoy utilizan para sustentar el machismo. “Es falta de educación y también por la cultura machista que existe en la sociedad,” defienden.
Es interesante ver las diferencias que los jóvenes tienen acerca de relaciones afectivas que pueden establecer o establecen. Para decidir acerca de la pareja, los jóvenes toman en cuenta cuestiones importantes como: la seriedad de la candidata, la lealtad y la confianza, estos son elementos básicos para quienes quieren establecer relaciones estables.
Al hacer un contraste con épocas pasadas nos damos cuenta que en ese aspecto las cosas no han variado mucho. Sin embargo, es importante hacer notar que los elementos que más importaban antes eran los económicos y el nivel social en el que se movían los futuros esposos. Ahora, por el contrario, los jóvenes se detienen en detalles o requisitos enfocados en la convivencia diaria. Y la aceptación de la pretendida.
A partir del establecimiento de valores tipificadores, que le dictan al individuo lineamientos sobre qué es lo adecuado o lo ideal, desde sus propias perspectivas y según la sociedad para determinadas acciones, en este caso el noviazgo, los jóvenes logran establecer relaciones en las que seleccionan a quien podría hacer mejor el papel de novia o futura esposa.
Las señoritas que se toman como novias para formar una familia que esté dentro de las exigencias de la sociedad son muy diferentes de las que los jóvenes frecuentan para establecer relaciones casuales y sin compromisos reales.
La candidata “ideal” es una de las categorizaciones que hacen los jóvenes a la hora de definir a su pareja ideal. Esta debe ser responsable y sobre todo alguien en quien el hombre pueda confiar, afirman los mismos individuos.
La reputación de la futura novia sigue siendo importante para los hombres. De acuerdo a los consultados, esto se debe a los parámetros que aún hoy en día siguen estableciendo las instituciones sociales. El qué dirán sigue jugando un papel importante a la hora de seleccionar a la pareja ideal.
Sin embargo, el hecho de que una mujer se sienta afortunada porque un hombre se ha fijado en ella para que sea su novia, ya no constituye un elemento importante a la hora de aceptar la petición de noviazgo. Es decir, la sociedad ha evolucionado de manera tal que ahora es la mujer quien elige ser o no la pareja sentimental de un hombre. En la actualidad, las familias o los padres de los novios no intervienen en el inicio de una relación de noviazgo como en épocas pasadas.
La vida cotidiana, entendiendo esta como la realidad interpretada por los hombres y llena de significados de un mundo coherente (Berger & Luckmann, 1999), es uno de los elementos que se toman en cuenta para establecer las cualidades que convierten en ideal a una pareja.
La interacción, para Mead, es el proceso en el que se desarrolla y se expresa la capacidad de pensar de un actor social. Según algunos jóvenes consultados el noviazgo es una buena forma de conocer a muchas personas y conocer los defectos de cada uno, “aunque se tiende a ver más el defecto de la otra persona que los propios”. Es acá donde nos damos cuenta que para definir con quien se compartirá la vida partimos del mundo intersubjetivo, porque establecemos diferencias entre la vida cotidiana y otras realidades o situaciones de las que tenemos conciencia (berger & Luckmann, 1999). Pero es una buena terapia de socialización es decir que para establecer relaciones afectivas los jóvenes llevan a cabo procesos de selección y eliminación.
Pero, ¿cómo llegamos establecer los parámetros que nos permiten seleccionar? Es en la medida en la que las instituciones sociales nos "domestican" como vamos adquiriendo lineamientos o reglas que determinan nuestro desempeño en la sociedad. “La educación es el proceso mediante el cual los hábitos comunes de la comunidad (institución) se ‘internalizan' dentro del actor” (Ritzer, 1993). En otras palabras desde pequeños nos enseñan qué tipo de persona podemos tratar y cuál no. Los esquemas tipificadores impuestos o adquiridos nos enseñan a hacer elecciones por eliminación.
La escuela es una de las instituciones sociales que te dictan formas de comportamiento dentro de la sociedad. Le enseñan al ser humano desde pequeño que está bien y que está mal, como deben conducirse por la vida. Le enseñan a pensar al niño y esto al final termina determinando al self de cada uno.
Pienso que en la medida que el individuo observa a otra persona y la convierte en objeto de observación, ésta puede determinar el grado de complementariedad que se pueda dar entre dos individuos del sexo opuesto, que buscan establecer una relación formal. Y esto se da porque cada actor social se proyecta en las demás personas a fin de poder saber exactamente las necesidades que se le presentan, respuesta espejo (Berger & Luckmann, 1999).
Y es que son los grupos sociales los que determinan los comportamientos de los individuos dentro de la sociedad. Así, dependiendo de las necesidades de cada individuo serán, también, las expectativas que tenga con su posible pareja.
De modo que se puede afirmar que aún siguen existiendo dos definiciones de noviazgo para los hombres: el formal, por compromiso y afecto, y el de las relaciones casuales que le sirven como elementos de afirmación de su hombría y su self. Relaciones que a veces establece con el fin de ser aceptado dentro del grupo social y la comunidad a la que pertenece o quiere pertenecer. |