El Chat Carnavalesco
Diana Escalante
Periodista
Las nuevas tecnologías de la información se han vuelto parte fundamental de la vida cotidiana. Puede decirse que estos medios informáticos y comunicacionales representan un espacio o contexto sociocultural en el proceso de socialización de los individuos.
Desde la psicología de los medios de comunicación (Del Río, 1996) y desde la teoría de la comunicación y semiología (Gubern, 1992) se ha establecido que estos recursos son mucho más que unos soportes o canales físicos transmisores de información.
Dichos autores plantean que esta tecnología tiene importantes y poderosas implicaciones en la construcción social de la cultura; en los hábitos y relaciones interpersonales y en la configuración de la percepción de la realidad tanto en los sujetos individuales, como en el conjunto poblacional.
Por otro lado, hasta hace algún tiempo, un grupo de especialistas en la materia veían en la red, únicamente, un instrumento que servía a los países para crecer y desarrollarse. Sin embargo, ahora, ya no se puede negar que este medio se ha instaurado como un espacio en donde se dan cita personas de todas partes del mundo. Estas, en tiempo real, interactúan afectiva y emocionalmente con otros individuos.
Actualmente, los usos que brinda el Internet son diversos. Estos van desde la búsqueda de información, la realización de transacciones bancarias y comerciales, la educación a distancia, las actividades lúdicas y la interacción entre personas. Entre las opciones de comunicación con las que cuentan quienes buscan entablar una amistad, un romance, sexo u otro tipo de relación virtual se encuentran: el e-mail, los chat de conversación, el messenger y los newsgroup.
Lo que caracteriza a este tipo de interacción comunicativa, sin duda, es que los individuos no necesitan tener un encuentro “cara a cara” con la persona que está al otro lado del ordenador. Lo que predomina en el medio es carácter de anonimato.
Los sitios de chat son para quienes acceden a ellos el lugar, por excelencia, en donde pueden tener la libertad para mostrarse tal como son; sin prejuicios; sin inhibiciones. Acá no es necesario comportarse de acuerdo a los dictámenes de la sociedad o el Estado, pues cada quien es dueño de sus propios actos.
Amor en línea
La temática central de este ensayo, por tanto, será demostrar cómo se desarrollan y establecen las relaciones sexo/afectivas a través de los chats de conversación en Internet y comparar cómo estos escenarios de interacción virtual poseen características semejantes a algunas expresiones que caracterizaron la cultura popular de la Edad Media ( Francois Rabelais S. XVI ).
En el siglo XVI, durante la Edad Media, las ciudades europeas tenían por costumbre celebrar el Carnaval los días previos a la cuaresma. El evento era festejado con juegos, banquetes, bailes y diversiones en general. La comida y la bebida eran abundantes, pues el propósito era enfrentar la abstinencia -durante el tiempo cuaresmal- con el cuerpo bien fortalecido y preparado.
Durante esta ceremonia, que se extendía por varios días, los pobladores salían de sus casas a vivir su segunda vida, basada en la festividad. Esa que les permitía salir a las plazas públicas a comportarse sin prejuicios de ninguna naturaleza.
En dichos festejos, l as clases populares dejaban al descubierto una visión de mundo diferente a la instaurada por la Iglesia y el Estado. Los comportamientos, durante esta celebración, distaban mucho de ser como en la cotidianidad.
Durante el carnaval no existía otra vida más que esa. Era imposible escapar, ya que no había fronteras espaciales. En el curso de la fiesta sólo podía vivirse de acuerdo a sus leyes, a las de la libertad. El carnaval poseía un carácter universal, era un estado peculiar del mundo: el renacimiento y la renovación en la que cada individuo participaba.
Esta era, según Bajtin (2003), la esencia misma del carnaval; y quienes participaban en dicho regocijo lo experimentaban vivamente. Para él, dicha fiesta era el triunfo de una especie de liberación momentánea, más allá de la esfera de la concepción dominante, la abolición provisional de las relaciones jerárquicas, privilegios, reglas y tabúes. La celebración se oponía a toda perpetuación, a todo perfeccionamiento y reglamentación.
Los sujetos podían mostrarse al mundo tal y como querían, pues no se regían por preceptos éticos o morales. No existían temores a ser excluidos por sus actos o por gustar y pensar diferente a los demás. Esto posibilitaba la creación de una especie de dualidad de mundo. En uno tenían que someterse a las normas de convivencia, y en el otro podían realizarse plenamente como deseaban.
En este contexto, y volviendo al tema de las interacciones a través de la red, se puede decir que el lugar que -en el medioevo- ocupó la plaza pública, ahora ha sido reemplazado por el chat de comunicación. A través de este medio, la gente puede construir identidades y emociones que, muchas veces, no puede crear en la vida real o material.
Según Turkle (1995), para que la realidad virtual sea interesante tiene que emular lo real. Pero también tiene que ser posible hacer en lo virtual lo que no puedes hacer en el real (p.219).
El tipo de relaciones que se establecen en el chat -mayoritariamente- son de carácter amistoso y sexual (Castañeda, 2001). La gente que visita estos sitios, generalmente, lo hace con el propósito de encontrar una persona con la que pueda compartir experiencias.
Basta con que un individuo ingrese a un sitio de chat, digite un nombre (nickname) -que se convertirá en su carta de presentación, pues con él podrá ser identificado por el resto de cibernautas- y empiece a interactuar en un entorno virtual, como si lo estuviera haciendo en la vida real.
Contrario a lo que plantean Berger y Luckmann (1999) respecto a las relaciones “cara a cara”, que es la experiencia más importante que se tiene con “los otros” -en torno a la interacción social en la vida cotidiana- se puede decir que en el chat estas no son necesarias. Es decir, que no forman un impedimento para que las personas establezcan relaciones interpersonales.
No obstante, la falta de esa cercanía visual hace que los usuarios del chat recurran a las auto descripciones como un mecanismo para darse a conocer entre ellos mismos. Por tanto, el ciber espacio -al igual que la plaza pública de la edad media- contribuye a que los navegantes se perfilen con una personalidad o una apariencia que, muchas veces, dista mucho de ser verdadera.
Datos recientes ( Internet y la sexualidad, 2006) muestran que en Internet el 50% de las personas mienten con respecto a su edad, género, apariencia, profesión, estado civil o raza. Se han dado casos, por ejemplo, de personas que se describen de una manera determinada (altos, rubios, delgados, ojos claros, curvas delineadas, etcétera.) aunque son todo lo contrario.
En este sentido, algunos especialistas consideran que con el chat se abren posibilidades nuevas para aquellas personas que se sienten a disgusto con su apariencia física, ya sea por razones psicológicas o reales.
"La gente cuyas desventajas físicas le dificultan tener nuevas amistades, encuentra que las comunidades virtuales los tratan como siempre quisieron que se les tratara, como pensadores y transmisores de ideas y seres que sienten y no como vasijas carnales con una cierta apariencia y una manera de hablar y de caminar o de no hablar o de no caminar" (Stone, 1992).
Puede decirse entonces que los cibernautas se muestran como desearían ser y no, precisamente, como en verdad son. El chat, obviamente, es un medio que les permite a los sujetos mentir respecto a su personalidad, puesto que con ello alcanzan la realización personal, sin importar los prejuicios sociales.
Erving Goffman (1981) señala que, en el chat, los individuos son capaces de controlar su autopresentación ya que en este medio se establece una separación entre la presencia física y la interacción social. Por tanto, las personas tienen la opción de suprimir -en lo virtual- aquellos aspectos o acciones que no le son favorables.
La información a la que se accede en Internet, y junto con ello los espacios que se presentan para el intercambio de experiencias son lugares donde, en primera instancia, no necesitan de un “otro presencial” para transmitir información, es decir, hacerla comunicable (Baron y Byrne, 1998).
En segundo término, las instancias de interacción sincrónica que ofrece Internet no aseguran que el “otro” con quien se interactúa sea realmente quien se presenta, dado el anonimato que existe en este medio.
Es por ello que se puede asegurar que, mediante los avances tecnológicos de comunicación, la interacción está dada sobre la base de la ausencia, es decir, sobre un elemento que -hasta hace poco tiempo- ni siquiera se podía concebir o relacionar con los procesos de interacción y de comunicación.
Expresión sexual
Manuel Area Moreira (1998) plantea que con el Internet se ha pasado de una cultura en la que se prohibía y se restringía cualquier muestra pública de conducta o estímulo erótico y se ha entrado a una civilización marcada por la expresión y provocación del deseo sexual como rasgo destacable del entorno cultural en el que se vive.
En este sentido, en la actualidad, es posible encontrar con relativa facilidad imágenes u otras representaciones eróticas que estimulen el deseo y los impulsos sexuales. También es factible contactar y establecer una relación interpersonal y afectiva con distintas personas alrededor del mundo, sin siquiera haber tenido con ellas un encuentro físico.
Se puede decir -apoyados en los planteamientos de Moreira- que se está viviendo una cultura de la sexualidad basada en el hedonismo, en la satisfacción y auto realización del individuo.
Con base en lo anterior, puede plantearse que el mundo del chat les permite a los usuarios -entre otras cosas- demostrar su verdadera personalidad, sus gustos (sexuales, recreativos, temáticos, etc.) y sus intereses en la vida. Lo hacen a través de este medio ya que no hay alguien que les reproche nada. Aquí las creencias o la moral de origen religioso, legal, político o de otro tipo no existen.
En este contexto, se podría explicar por qué los sitios del chat son visitados -en gran medida- por personas con determinados intereses sexuales. No obstante, en la vida cotidiana, en el mundo real, estos deben reprimirlos para no ser juzgados o excluidos por actuar o pensar diferente a como la sociedad se los impone.
En América Latina, la mayor parte de los chat presentan un significativo número de canales de conversación cuya temática gira, explícitamente, en torno al sexo y al erotismo. En las salas de conversación, existentes en el chat, hay zonas de interacción que han sido creadas para personas con preferencias homosexuales, lesbianas o heterosexuales.
Hay otras que ofrecen amistad, noviazgo o matrimonio. En este sentido, gran parte de las charlas e intercambio de mensajes que se dan a través del chat son de naturaleza afectivo-sexual, esa es su finalidad. No obstante, en aquellos canales cuya denominación no es explícitamente sexual, este tema suele estar presente y es motivo de conversación, sobre todo en las charlas privadas.
Los usuarios, por tanto, saben que accediendo al chat podrán -grupal o individualmente- hablar con otros sujetos que persiguen conversar sobre cuestiones amorosas, sobre el placer sexual, sobre el intercambio de fotos eróticas o sobre la posibilidad de establecer un contacto físico real.
Tras el primer contacto virtual casi cualquier cosa es posible. En Internet, el flirteo y las insinuaciones son ingredientes básicos. La seducción pausada y sin prisas puede convertirse rápidamente en una conversación directa y en propuestas sexuales (Cooper, 2000).
En las conversaciones en grupo la mayor parte del contenido es trivial e insustancial. Apenas existe, en ellas, un hilo conductor. Cada usuario envía mensajes cuya finalidad principal es divertirse o pasar el rato. Sin embargo, la riqueza comunicativa de las conversaciones privadas es muy alta.
Las pláticas privadas, siempre que dos usuarios así lo quieran, suelen resultar hacia el plano de los afectos y sentimientos. Con relativa facilidad se establece un tenue, pero real lazo afectivo y de confidencialidad con la persona con la que se conversa.
En muchas ocasiones, surge -espontáneamente- un grado de confianza inhabitual en la realidad ya que se le cuentan a una persona desconocida cuestiones concernientes a la intimidad personal. Esto se explica por el anonimato existente en este tipo de conversaciones. Nadie conoce a nadie. Lo único que le otorga al individuo una personalidad o identidad es un sobrenombre.
Por otra parte, como en las celebraciones carnavalescas antiguas, los cibernautas también pueden ver realizadas sus fantasías con la ayuda de la tecnología. Tanto el hombre como la mujer pueden estar con la persona que siempre han deseado. Un individuo que -en el mundo real- no se siente satisfecho sexualmente con su pareja, puede llegar a estarlo si interactúa con otra persona a través del chat.
Las personas, en el chat, pueden adoptar una personalidad o adquirir unas características que en nada se parecen a las que poseen en la vida real o, peor aún, que jamás llegarán a tener. Moreira (1998) explica que, la mayoría de veces, la identidad de las personas evoca -entre otros aspectos- a la literatura; a la ficción; a los animales; a elementos de la naturaleza y a referentes eróticos e informáticos.
Por tanto, no es raro, entonces, encontrar en las salas de conversación a un Shakespeare, un Quijote o Casanova. A una tigresa, un toro, un león; una luna, un sol. A un “súper caliente”, a un pornowoman... y la lista es interminable. En el ciber espacio cada persona escoge cómo quiere ser reconocida por los demás. (1998).
Prueba de lo anterior es la utilización de una diversidad de nicknames o apodos. Estas auto denominaciones que hacen los cibernautas son importantes, pues, con ello, buscan que los demás los reconozcan a través del ciberespacio. Como dice Cortázar (1998): “La elección del nick es la primera autopresentación del yo mismo (Self) que realizamos ante los demás miembros del chat” (p.137).
En este contexto, se puede concluir que aunque los visitantes del ciber espacio poseen la posibilidad de mostrarse físicamente -mediante fotos o videos- las personas siguen utilizando otros recursos para recrear o construir una identidad ficticia.
Por ejemplo, colocan fotografías de artistas, caricaturas, imágenes retocadas digitalmente etc. No obstante, el elemento más importante de la interacción es el formato textual. Por ello, se puede expresar que la sexualidad se recrea diferente; los usuarios inventan y reinventan formas discursivas que funcionan como interacción social.
El escape
Por otra parte, las personas que a lo largo de su vida han sido educadas o encausadas en base a los valores morales o religiosos; o a las que se les ha impuesto una relación o pareja con la que no poseen afinidad ven en el mundo cibernético la oportunidad de ser y sentir lo que en la vida real se les ha negado.
Se puede decir, entonces, que el chat -en la era actual- cumple la misma función que en el siglo XVI, durante el carnaval, desempeñaba la máscara. El tema en torno a esta figura era el más complejo y lleno de sentido de la cultura popular, puesto que expresaba el regocijo de las transformaciones y la negación de la identidad de quienes participaban en dicha fiesta.
La máscara pronunciaba la alegría de las sucesiones y reencarnaciones; el sentido único y la negación de la estúpida autoidentificación y coincidencia consigo mismo... Era una expresión de las metamorfosis que permitían encarnar el principio del juego de la vida. Establecía una relación entre la realidad y la imagen individual, elementos característicos de los ritos y espectáculos más antiguos. (Bajtín, 2003).
Al respecto, Goffman (1981), también plantea que “nuestro rostro físico es suplido por una máscara para representar nuestro papel escogido durante el encuentro en el mundo virtual” (p. 138). Se puede inferir, por tanto, que los sitios del chat acercan al individuo a lo que él busca y prefiere. Por este medio tecnológico, cada persona tiene la oportunidad de ponerse un disfraz; de reinventar su identidad ante los demás.
En la misma línea, Cortázar (1998) le atribuye mucha importancia a este tópico, puesto que considera que con el sólo hecho de que una persona se adjudique un sobrenombre, para ser identificado por los demás, ya se crea una fachada que puede utilizarse -en la red- como mejor convenga. “Lo importante es destacar la <<idealización del yo>> proyectado a los demás para ser más atractivos a ellos.” (p.141).
Asimismo, el chat les brinda a los usuarios abundantes datos e información que, inevitablemente, influyen y condicionan la configuración de sus creencias, valores y visiones en torno a sí mismos y a la realidad que les rodea.
Esta es otra prueba de que las relaciones virtuales se asemejan a las expresiones propias de la cultura popular medieval. Por tanto, puede demostrarse que el chat produce un nuevo modo de relacionarse entre los individuos que se oponen a las relaciones diferenciadas y dominantes de la vida diaria.
En el carnaval, la conducta, la actitud y la palabra del hombre se liberan del poder de toda situación jerárquica que suele determinarlos diariamente. No hay escenario ni divisiones entre espectadores e intérpretes. Todos comulgan con la acción. No se contempla ni se representa, sino que se vive, se existe mediante la vida carnavalesca, la que está desviada de su curso normal, es la “vida al revés”. (Ragusa, 2005).
Por otra parte, se sabe que -en la edad media- la eliminación provisional de las relaciones jerárquicas entre la burguesía y los habitantes daba lugar a que en la plaza pública se establecieran formas de comunicación inconcebible en situaciones normales; es decir, en la vida cotidiana.
Por ello, se construían formas especiales del lenguaje y de los ademanes que, sin duda, acortaban la brecha que existía entre los individuos que se mantenían en comunicación. De esta forma, se veían liberados de las normas corrientes de la formalidad y de las reglas de conducta. Esto llevó al surgimiento de un lenguaje carnavalesco.
Esta nueva representación de la comunicación produjo cambios de sentido y anulación de ciertos términos que se encontraban fuera de uso. En este contexto, se observa que con los salones de chat -varios siglos más tarde- todavía se producen casos similares.
Morales (2001) ejemplifica que cuando dos personas crean vínculos de amistad, la distancia que las separa se reduce y las condiciones de comunicación verbal cambian completamente: se tutean, emplean diminutivos, utilizan apodos y explotan los adjetivos calificativos injuriosos que adquieren un sentido afectuoso.
En síntesis, puede decirse que estas personas no necesitan suavizar el lenguaje que utilizan, ni es necesario que se muestren cohibidos al interactuar en la red con los demás. Por tanto, el chat les ofrece la libertad de emplear palabras y expresiones inconvenientes, que no se encuentran dentro de los márgenes del “buen decir”.
En este sentido, puede deducirse que la interacción social cibernética puede explicarse a través del uso del lenguaje y de los símbolos. Estos permiten comprender y dar a conocer el entorno y las implicaciones -objetivas y subjetivas- que tienen que ver con quienes frecuentan los sitios de conversación.
Algunos recursos que posibilitan el intercambio de información, entre los individuos que visitan el ciberespacio, son las impostaciones de voz, los gestos, signos y símbolos dotados de significado y sentido. Estos se encargan de demostrar algunos estados de ánimo, emociones y actitudes hacia los otros.
Ejemplo de lo anterior es el uso de diversos iconos gestuales (caras sonrientes, lágrimas, labios, corazones, etc); el uso de palabras groseras y los comentarios con doble sentido.
Por ello, el proceso mediante el cual los sujetos transmiten información a los otros potencia la interacción social. Esto por el establecimiento de códigos comunes que dan un cierto significado a los objetos materiales e inmateriales de la vida.; entonces, los sujetos pueden establecer un ordenamiento de la vida social de forma tal que ésta adquiera un sentido y una orientación. (Rocco, 2003)
De modo que, puede decirse que el Internet contribuye a la reducción de barreras interpersonales , así como a la superación de los estereotipos y prejuicios que se dan en la cotidianidad. En el chat -al igual que en el carnaval de la cultura popular- las privaciones, leyes y limitaciones que determinan el camino de la vida corriente -de la vida cotidiana- se ven disminuidas.
Los cibernautas sienten libertad; se rebelan contra los miedos, las jerarquías y las normas de comportamiento y convivencia. A través de este medio se excluye toda desigualdad entre los individuos, se intercambian experiencias y se promueve el contacto libre de culpa.
Referencias
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Gubern, R. (1992) La mirada opulenta . Gustavo Gili, Barcelona (2 Edición revisada). Citado en : http://webpages.ull.es/users/manarea/Documentos/sex-internet-master.PDF Consultado el 23 de septiembre de 2006.
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http://www.elmundo.es/elmundo/2006/05/16/sexo/1147770410.html Consultado el 20 de septiembre de 20006.
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Ragusa, S. (2005) Carnaval: el disfraz como cadena de sustituciones
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Rocco, G. (2001) Estudio del establecimiento de relaciones íntimas mediadas por
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