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Trabajo doméstico infantil, una práctica de negación de los derechos de la niña

Jazmín Castaneda
Periodista

El perfil psicológico de las niñas sirvientas es el propio de las maltratadas y constantemente acechadas por el abuso y la explotación. Son estigmatizadas por la sociedad considerándolas sin educación, pobres y necesitadas, ya que se tiende a ver el trabajo doméstico como una labor de baja categoría y de poca importancia.

Foto: Andrea Pinto

Las menores enfrentan las exigencias del grupo familiar de que deben trabajar y dar un aporte económico.

De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el fenómeno tiene un comportamiento de concentración que va desde la periferia al centro. Es decir, comunidades más remotas y pobres proveen de servidoras domésticas a otras de mejores condiciones económicas y sociales. En este sentido, las ciudades mejor ubicadas en la escala nacional de pobreza se convierten en las principales demandantes de trabajo infantil doméstico y sus principales oferentes, los municipios menos favorecidos.

El trabajo infantil doméstico tiene lugar cuando los niños y las niñas desarrollan tareas domésticas en la casa de una tercera persona, el empleador o empleadora, en condiciones de explotación: horarios de trabajo prolongados, sin ningún salario o una remuneración insignificante, y cuando no han cumplido la edad mínima de admisión al empleo (14 años). Ayudar en las tareas de su propio hogar no es considerado trabajo doméstico infantil siempre y cuando no se interfiera con su educación o tiempo de recreación.

“Yo solo le digo a la señora que mucho trabajo me pone, que estoy muy cansada, que todavía estoy muy chiquita para que me exija mucho trabajo,” contó Alejandra, de 13 años. El trabajo doméstico infantil es una actividad básicamente femenina. De 110 casos, estudiados en El Salvador por la OIT en el año 2001, 103 (93.6 por ciento) eran niñas. Al 2006 la tendencia se mantiene. Por lo general, ellas son de poca escolaridad y originarias de la zona rural y suburbios semi urbanos; además pertenecen a grupos familiares que han tenido actividad migratoria como consecuencia de la pobreza extrema, la conflictividad político- militar y la devastación provocada por eventos naturales, huracanes y terremotos. Entonces deben trabajar como estrategia familiar de supervivencia. “Yo comencé a trabajar desde los diez años. Trabajo para ayudar a mi mamá”, confiesa Alejandra.

Ley para cumplir

El convenio 138 de la OIT, el cual ha sido ratificado por el Estado de El Salvador, establece una edad mínima de admisión al empleo no inferior a la edad de finalización de la escolaridad obligatoria y el requisito de haber cumplido los 15 años. En la práctica, por lo general, se fija la edad mínima en los 13 o 14 años. En los países que han establecido la edad mínima general en los 14 años, como El Salvador, la edad mínima para realizar “tareas ligeras”, suele ser a los 12 años. Ada Adalazo, del Ministerio de Trabajo, afirma que estas actividades no deben afectar su salud física ni mental de la niñez.

El Salvador, como Estado miembro del sistema de las Naciones Unidas, es suscriptor de la Convención de los Derechos del Niño, con lo cual queda comprometido a realizar las adecuaciones necesarias en el marco legal y a crear y fortalecer la red institucional para su cumplimiento. En esta línea, según la Constitución de la República, en el artículo 38 , numeral 10, los menores de 14 años y los que habiendo cumplido esa edad sigan sometidos a la enseñanza obligatoria en virtud de la ley no podrán ser ocupados en ninguna clase de trabajo. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo podrá autorizar su ocupación, cuando se considere necesaria o indispensable para la subsistencia de los mismos o de su familia.

Las seis horas

La jornada laboral de los menores no podrá ser superior a las seis horas diarias y 36 horas semanales. “Me obligaban a levantarme a las cinco de la mañana a preparar el desayuno de los patrones, a hacer las cosas de los niños, a hacer todo el trabajo de la casa: barrer, trapear, la planchada. A veces me sentía cansada y me sentaba, entonces ellos decían: ´¿qué estás haciendo? Busca algo que hacer´. A modo que no pudiera descansar”, expresó María Beltrán, quien trabajó como doméstica en su infancia y agregó: “yo ahorita, cuando veo niñas jugar, que tienen su muñeca, pienso que me hubiera gustado jugar, porque yo no pude disfrutar. Sí jugaba, pero a escondidas de mis papás y con pedazos de palo”.

Walter Rivas, de la OIT, sostiene que este tipo de trabajo quita oportunidades, castra la vida de las niñas. Las jornadas laborales empiezan a las cinco o seis de la mañana hasta las diez u once de la noche, con mucha presión psicológica, trabajo físico y con pocas posibilidades de estudiar, y a veces hasta con abuso sexual. También se carece de contratos. El acuerdo con el patrón es de forma verbal. El salario devengado por la menor lo recibe, en la mayoría de los casos, el papá o la mamá, porque es su contribución al sostenimiento del grupo familiar.

El trabajo de las niñas comprende labores de limpieza, cuidado de niños, niñas, ancianos, ancianas y personas discapacitadas. La lista sigue con el planchado de ropa, preparación de la comida, entre otros. “A mí me toca planchar, la señora me enseñó. Grandes guacaladas de ropa que me tocan planchar. De allí, me toca lavar la ropa de la niña y la de ella”, señala Alejandra.

La pobreza casi siempre constituye una situación propicia para el temprano ingreso de los niños y las niñas al mundo del trabajo. Se estima que en América Central y República Dominicana unos 170 mil niños y niñas trabajan en el servicio doméstico. El 87 por ciento son niñas, procedentes de familias numerosas y pobres. En la mayoría de países, los empleadores y empleadoras buscan niñas o mujeres, no varones para las tareas domésticas, porque se considera como un “trabajo de mujeres”

“Lo que a mí me agota es que haciendo las cosas esté renegando por las cosas que no he hecho bien, que se lo vuelva a hacer, y se lo vuelvo a hacer. Me dice que no hasta que quede bien. Me hace repetirlo, por lo menos, cuatro veces; si no, me manda a que le ayude con la niña, a que le lave la ropa y ella se pone a ver tele”, comenta Alejandra.

Inseguro e inhumano

El trabajo doméstico es considerado como una de las prácticas más inseguras e inhumanas por el tipo de riesgos físicos, psicológicos y sociales que implica, sin embargo en El Salvador no es aceptado como una de las peores formas de trabajo infantil. Existe un Comité Nacional formado por todas las carteras del Estado: sector laboral, Gobierno y sociedad civil, representada por organizaciones no gubernamentales, que decide qué actividades se consideran como peores formas de trabajo infantil.

“El Salvador es suscriptor del convenio 138 –referente a la edad mínima incorporación al trabajo- y del 182 – referente a las peores formas de trabajo infantil- de la OIT, sin embargo, nosotros, como organismo de las Naciones Unidas, no nos corresponde tener un rol normativo ni interventor en la sociedad salvadoreña, solo un rol de coordinación y de plantear al país los problemas. Entonces, son los Estados y sus instituciones los responsables de velar por los derechos”, explicó Rivas.

El trabajo doméstico infantil es una actividad invisibilizada, fomentada y tolerada por la sociedad. Niega derechos básicos como la educación, salud y recreación a muchos niños y, en especial, a las niñas. Es deber de la sociedad y del Estado velar por su bienestar y óptimo desarrollo, por tanto Alejandra espera algún día que se le respeten sus derechos.