El equilibrio nutritivo exige desterrar la comida chatarra
Miriam Hernández
Periodista
Para mantener la salud de los niños y niñas, junto a la de toda la familia, es necesario limitar los alimentos altos en grasas y calorías, dentro y fuera del hogar. Actualmente, el 31% de la población infantil salvadoreña sufre de sobrepeso.
 |
Foto: Carolina Díaz |
|
Frutas y verduras deberían sustituir la comida con mucha grasa y pocas vitaminas. |
|
En los últimos dos meses, el niño Luis Rodas ha logrado perder más de 15 libras. Con una estatura de 1.15 metros y un peso aún de 52 libras, a sus seis años, ya está en manos de los médicos. Sufre de sobrepeso. De mejillas grandes y sonrojadas, él juega con un carro rojo en la sala de espera de la clínica del nutricionista.
Su madre, Ana Luisa de Rodas, aguarda junto a su hijo el turno de la consulta. La mujer explica que el pequeño ha bajado de una a dos libras por semana, aunque recalcó que la lucha ha sido muy dura. Luis tiene que pesar un aproximado de 45 libras. Pero él no es el único paciente en la clínica. El licenciado en nutrición Nelson Reyes atiende de cinco a siete infantes diarios por la misma causa.
“Lo que sucede hoy en día es que muchos niños y niñas no aprenden a comer correctamente, y han incluido en sus dietas una gran cantidad de comida chatarra”, explica Reyes. Generalmente, este tipo de banquetes manejan altos contenidos de grasas, carbohidratos y sales. Por ejemplo, una hamburguesa contiene de 29 a 38 mililitros de grasa (2 cucharas grandes), 32 gramos de carbohidratos y 53 mililitros de sodio (tres o cuatro cucharadas de sal).
Como indica Ricardo Guzmán, médico pediatra del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), los pequeños de nuestro país ven en estas comidas una buena opción, porque son alimentos de preparación rápida. Y es que una hamburguesa, una porción de pizza o un hot-dog se sirve en 15 ó 30 minutos, mientras que preparar algo en casa toma de una hora a una hora y media.
La falta de tiempo de los padres y las madres actualmente también ha llevado a que las cadenas de comida rápida sean muy populares. Es mucho más cómodo para los papás y las mamás tener en su refrigerador provisiones fáciles de preparar, o comprar algo ya hecho. En los supermercados existen pasillos completos dedicados a los famosos churritos o boquitas, a las bebidas enlatadas y a los dulces, chocolates, entre otras golosinas.
La gran influencia que tienen las empresas de comida rápida en los pequeños es motivo de preocupación, no sólo de los padres y madres, sino también para bastantes especialistas en salud, sobre todo hoy cuando la popularidad de consumir estos productos ha incrementado. Asimismo, se han disparado los casos de enfermedades como la diabetes, hipertensión arterial y problemas del corazón.
Desde el norte
Hace más de 50 años que los primeros asentamientos de comida rápida surgieron. Se iniciaron a finales de los cuarenta y principio de los cincuenta en los Estados Unidos. Fue específicamente en 1948 cuando los hermanos Richard y Maurice McDonald abrieron, en San Bernardino (California), su primer restaurante McDonald's: establecimiento en el que se hacían los pedidos sin tener que bajarse del automóvil.
Aunque esta industria fue la pionera en la comida rápida, para la década de los 60 otras empresas como Wendy's, Kentucky Fried Chicken y Pizza Hut iniciaron su expansión hacia Canadá, España y Latinoamérica. De esa forma, se lograron asentar cerca de 30 mil sucursales por empresa en todo el mundo.
“Por mucho tiempo McDonald's se ha asociado con alimentos que engordan, pero prestamos atención a nuestros clientes al ofrecer opciones más saludables como ensaladas y emparedados de pollo”, se defiende en el sitio de Internet Mary Dillon, directora global de marketing de la compañía.
Sin embargo, conocedores y conocedoras del tema no están de acuerdo con la opinión de los productores de estos “manjares”. Según estudios del Departamento de Extensión Cooperativa de la Universidad de California, la comida chatarra ha sustituido una gran cantidad de alimentos nutritivos como las verduras y frutas (ricas en vitaminas y minerales que son buenas para los pequeños) debido a su bajo costo.
Aunque el médico internista Eduardo Vásquez dice que si hacemos una comparación entre lo que gastamos al comprar un combo de comida rápida y lo que podemos adquirir con ese dinero en el supermercado, la diferencia es notoria. Los precios de estos productos oscilan entre los 4.50 y 5.00 dólares.
“Con esos cinco dólares podemos comprar mejor pan para hamburguesas o hot-dog integral, pechugas de pollo o carne de res magra (sin grasa) y ponerle un poco de mayonesa Light”, comenta la doctora en nutrición Margarita de Salazar. Al poner en práctica esas opciones podemos ahorrar dinero, restar calorías a nuestras comidas y continuar disfrutando de este tipo de alimentos.
En este sentido, sustituir los mismos productos por otros con menos valor calórico es posible. Además, combinar el horario de trabajo de los padres y las madres de familia con las horas de comida de sus hijos e hijas también lo es. Se pueden preparar alimentos caseros (sopas, pollo asado, verduras y frutas) que se dejen en el refrigerador para que los pequeños los tomen.
Un futuro enfermo
Desde que miles y miles de restaurantes de comida rápida se han adueñado de las principales avenidas de todo el mundo y específicamente de El Salvador, y de que el consumo de sus productos ha incrementado entre los y las pequeñas, las enfermedades como diabetes, colesterol alto y problemas cardiacos han tomado auge.
El cardiólogo Raúl Castillo sostiene que la diabetes es la enfermedad más común entre los infantes, seguida por dificultades del corazón. “La mayoría de niños viene por problemas de cansancio y fatiga, cuando hacen alguna actividad física pequeña”, revela.
El caminar o correr unos cuantos metros de distancia o practicar algún deporte son actividades físicas que se convierten en inconvenientes para los niños y niñas del siglo XXI. Andrea Fuentes, de nueve años, asiste al Colegio Cristóbal Colón, en la capital, y acepta que la clase de educación física no es precisamente su favorita.
Los jueves, a las 9:30 de la mañana, empieza su tormento. La clase dura una hora y en ese tiempo debe elegir si practica voleibol o basketball. “Me gusta ver deportes, pero hacerlo yo, no”, expresó con timidez la niña.
Andrea posee un notable sobrepeso. Su andar lento y pesado limita su desenvolvimiento físico en la clase, y su cansancio es más destacado que el de sus compañeros y compañeras. Por el contrario, Carlos Guerra, también de 9 años y amigo de Andrea, dice que su clase preferida es precisamente física, porque se divierte con sus demás amistades.
Para que el ejercicio sea un elemento positivo para los chiquillos y chiquillas, lo importante es que se diviertan al momento de hacerlo y no que lo vean como un castigo o una obligación. En nuestro país, el 31% de la población infantil salvadoreña sufre de sobrepeso y un 6,3% de obesidad, de acuerdo a los estudios publicados por Internacional Obesity sobre El Salvador.
Es decisivo manejar niveles de azúcar en la sangre adecuados. Un niño o niña entre la edad de cinco a nueve años debe tener entre 60 y 100 los niveles de glucosa en sangre, de lo contrario se considera un paciente con diabetes tipo 1 o tipo juvenil. Cuando un pequeño presenta síntomas de orinar con más frecuencia, tomar mucha agua o sentir la boca reseca es un llamado de alerta para los padres y las madres.
En cuanto a la presión arterial, los niveles adecuados de un infante deben oscilar entre los 90 sobre 60 ó 100 sobre 70. Al sobrepasarse, los riesgos son infarto, derrame cerebral, daños al riñón y en la retina de los ojos, afirma el doctor Castillo.
Y aunque se han postulado varios mitos que afirman que estas enfermedades son sólo padecidas por los adultos, estudios del Baylor College of Medicine en Houston muestran que a nivel mundial, incluyendo centro y sur América, el número de instituciones médicas que trata casos de infantes con diabetes se ha triplicado y los casos han aumentado hasta en un 30%.
Ambas patologías se tratan con medicamentos y constantes chequeos médicos. La diabetes es la más complicada, y aunque no tiene cura puede controlarse. El pequeño paciente puede vivir una vida relativamente normal, empero, no podrá disfrutar de alimentos azucarados o demasiados grasosos, como lo hacen otros infantes de su edad.
El cambio es ahora
Se ha demostrado que el cambiar nuestra forma de comer mejora nuestra salud. Todo empieza desde el hogar, la primera escuela. Alimentarse de forma diferente no significa dejar a un lado lo que más nos gusta. Actualmente contamos con una diversidad de productos dietéticos: galletas, dulces, batidos, yogurt, gelatinas, sorbetes, pan simple, entre otras.
La doctora de Salazar aconseja que los padres y las madres deben ser los primeros en dar el ejemplo. El dejar de comer entre comidas es una buena alternativa o el abstenerse de comprar gaseosas y golosinas para la semana también es efectivo. “En lugar de poner pollo frito en el refrigerador, pongan frutas congeladas o en gajos. Así comerán de lo que hay y se acostumbrarán a ello”, explica la médica.
Al final, el prevenir enfermedades y el sentirse mejor de salud ha impulsado a Luis y a su mamá a ponerse en control con el licenciado Reyes. Las siete libras que aún le faltan por bajar son su reto. La botella con agua lo acompaña y el pantalón flojo, por el peso que ha perdido, son fiel reflejo del esfuerzo que realiza. |
|
 |
|
| |
| ¡A comer saludable! |
El sitio de Internet: www. EatFit. Net ofrece divertidas sugerencias para niños y adolescentes, indica algunas formas de cómo alimentarse bien:
1. Las mejores boquitas para los niños son las derivadas de los cinco grupos de alimentos, por ejemplo frutas y verduras.
2. En lugar de golosinas u otros alimentos grasos ponga en el refrigerador pedazos de jícamas, brócoli, coliflor, zanahorias y apio bien lavados.
3. Parta trozos o rodajas de manzana, melones, peras, gajos de naranja o cualquier fruta y déjelos al alcance de sus hijos.
4. El yogurt es una buena alternativa, pero fíjese bien en el nivel de azúcar. También la leche descremada puede ser una buena opción.
5. Consuma jugos con un 100 % de concentración. Evite las bebidas prefabricadas que contienen altos niveles de azúcar.
6. Haga licuados con leche baja en grasa o con la fruta favorita de sus hijos.
7. No compre boquitas con grasa ni sal hechas de tortillas con picante, cebolla, cilantro y crema.
8. Consuma galletas y pan tipo integral con poca grasa y azúcar.
9. Establezca un horario para las comidas.
10. Trate de consumir de todo un poco. Todo con medida, nada con exceso. . |
|
|
| |
|
|
| |
|