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Un peligroso viraje

Vanesa Nóchez
Periodista

Las maniobras indebidas en el centro de San Salvador se han convertido en una situación cotidiana para muchos conductores que a diario transitan por la Alameda Juan Pablo II.

Foto: Vanesa Nóchez

Irrespeto a normas. Motociclista que de forma imprudente se expone a ser envestido por los vehículos que circulan de sur a norte sobre la alameda Juan Pablo II.

En San Salvador, cientos de conductoras y conductores a diario irrespetan las leyes de tránsito ya sea por comodidad, por ahorrarse tiempo, economizar combustible, entre otras. Lo cierto es que a raíz de adoptar estas alternativas se crean nuevos peligros tal es el caso del tramo de la Doce Avenida Norte que une la Alameda Juan Pablo II con la 5ta. Calle Oriente y la Calle Concepción, en pleno centro capitalino. El sitio se ha convertido en un dolor de cabeza para todos y todas las automovilistas, que circulan de oriente a poniente; ya que, para tomar esa ruta, de una forma más rápida, se ven obligados a faltar la ley de tránsito al cruzar las líneas amarrillas que dividen los dos carriles de la Juan Pablo II.

Como cada mañana, Carlos José Ramírez, de 36 años de edad, residente de Soyapango, se dirigía al Centro Escolar Francisco Gamboa, ubicado sobre la 5ta, Calle Oriente, a dejar a su hijo de ocho años. El niño cursa segundo grado y todos los días su padre lo deja a las 7:00 a.m. frente el portón de la escuela, antes de irse a su trabajo. Ese día el reloj marcaba 7:30 mañana. Don Carlos pisó fuerte el acelerador y viró violentamente en un lugar no autorizado. Segundos después, él estaba frente al agente de tránsito Gerardo Tobías Avelar, trataba de justificar el porqué de su viraje en ese punto. Mientras los Comandos de Salvamento trasladaban al Hospital Nacional Rosales a Orlando Franco: su víctima.

El pasado 20 de julio, Orlando Franco, de 23 años, se levantó más temprano de lo acostumbrado, porque era el día de su matrimonio civil. Salió de su casa sobre la Alameda Juan Pablo II, en el Barrio Concepción. Caminó hacia la Alcaldía, ubicada a unas cuadras de su domicilio. Allí lo esperaban su novia Ana y sus suegros. Al llegar a la Doce Avenida Norte vio la calle despejada y se dispuso a cruzarla, sin percatarse de que sería victima de un accidente y que no llegaría a su boda.

“Es que yo ya venía tarde. Entienda, yo tengo que estar a las 7:00 a.m. en mi trabajo. Él se apareció de la nada, y yo traía demasiada velocidad para frenar a tiempo”, se excusaba Carlos ante el agente Tobías. “Entienda que además de violar la ley de transito, atentó contra una vida humana”, le increpó el policía, mientras llenaba la esquela y daba órdenes por radio para que viniera una grúa.

En la Alcaldía, Ana y sus padres resentían la tardanza de Orlando. Entre tanto, el agente Tobías atendía el caso de Carlos, sus compañeros, los agentes Jorge Capacho, Gerardo Anaya y Rosalía Pérez seguían imponiendo multas a los conductores que se cruzaban las líneas amarrillas de la Juan Pablo II. “Venimos acá entre siete y nueve veces al mes, no lo hacemos en un día ni hora específica”, afirma la agente Pérez. Anaya lo secunda diciendo que nunca están a la vista, “Nos ponemos en un lugar estratégico, los autos de los talleres son nuestros aliados. Los conductores si los ven no hacen el viraje, ya que la mayoría son taxistas y vendedores ruteros que son muy rápidos al volante”, explicó Anaya.

Carmen Delgado es vendedora de dulces en la zona de la Juan Pablo II y opina que los conductores hacen mal al cruzar de esa forma tan imprudente, no sólo porque se arriesgan a que los multe la policía, sino porque al final atentan contra ellos, los demás conductores y hasta con los pobres peatones que confiados se cruzan la calle. “Imagínese que lo hacen para ahorrar, dicen ellos, pero la gracia les puede salir hasta más cara”, expresó la comerciante.

El trabajo policial

Foto: Vanesa Nóchez

Viraje prohibido. Repartidor rutero es captado en el momento en que realiza el cruce prohibido para integrarse a la Calle Concepción en San Salvador.

La Policía, por su parte, dice que hacen lo que pueden porque al final quienes salen perjudicados son los que irrespetan las señales de tránsito. El teniente Rafael Rodríguez comentó sobre un accidente del que fue testigo en ese lugar: “Cierto día, por la tarde, como a eso de las cuatro, estaba con un compañero monitoreando el tráfico de vehículos y de repente una señora no se percató de nuestra presencia e hizo el viraje indebido. Ella colisionó con otro automóvil que venía en el carril correspondiente. Y todo por no ir a dar la vuelta de forma correcta. Por eso es que le digo: quienes pierden son los conductores imprudentes”.

Según el Sub-Director Juan Pacheco, de la delegación Centro de San Salvador, ellos como autoridad no pueden controlar esta situación debido a su poco personal. Dado que la solución en ese lugar sería que los automovilistas sigan la ruta correcta respetando las señalizaciones, aunque eso les ocasione inconvenientes. “La gente por evitarse incomodidades quieren hacer lo que se les ocurre, y después viene lo peor, ya que a veces hay hasta muertos por infringir la ley de tránsito”, agregó.

El irrespeto a las señales de tránsito es un problema latente y muy común en el país, sobre todo en la capital. “El inconveniente que se da en la Alameda Juan Pablo II no es la excepción, ya que es un mal de años”, dijo Félix Novoa, representante de la Dirección de Tránsito, y también agregó que antes la molestia era menor, pues toda la Doce Avenida Norte era casi un mercado. La avenida estaba repleta de vendedores de tortas, y eso hacía que los automovilistas tuvieran mayor precaución al transitar por dicha arteria.

El asunto se ha agudizado desde hace unos cinco años para acá, con el reordenamiento de la capital, impuesto por el ex alcalde Héctor Silva, opina el delegado Novoa. A esto hay que sumarle el crecimiento de la flota vehicular que existe en la capital, y por si fuera poco el desconocimiento de las normativas que se deben cumplir al ser conductor. La gente cree que infringiendo los reglamentos de tránsito se soluciona el caos vehicular, pero es al contrario, se agudiza el desorden.

Algunos de los conductores que realizan ese viraje prohibido son personas que vienen al Centro Escolar Francisco Gamboa, que tiene años de estar sobre la 5ta. Calle Oriente. Son personas que por economizar combustible están dispuestas ha crear su propio “desvío” y evitarse conducir más.

“Yo hago el viraje en la Juan Pablo, porque así no gasto tanto combustible. Son muchos los niños que llevo y el desviarme por la ruta correcta me llevaría demasiado tiempo. Mire si son años los que llevo en esto del transporte escolar, antes daba dinero ser transportista pero ahora con la gasolina tan cara no me tiene cuenta, y yo necesito ver como hago para evitar gastar tanto”, sostuvo Henry Turcios, transportista escolar.

La ruta correcta es complicada, pero para evitar problemas vehiculares es la mejor opción, aconseja el delgado de tránsito. El conductor responsable debe hacer lo siguiente: tomar en la Juan Pablo la Décima Av. Norte hasta empalmar con la Once Calle Oriente, al llegar al semáforo de la Octava cruzar a la izquierda, para tomar nuevamente la Juan Pablo baje dos cuadras y encontrará nuevamente la Doce Av. Norte.

Los multados

En su mayoría, los conductores multados por la PNC son taxistas, profesores del Centro escolar, vendedores ruteros, padres de familia, entre otros. “Yo a la hora de poner una esquela lo hago con el fin de que los automovilistas respeten las leyes de tránsito”, aseguró el agente Beltrán.

Según Roberto Canales Delegado, del Ministerio de Transporte, las esquelas impuestas en este lugar representan casi el 5% de las multas en el centro de la capital. Asimismo,

Elizabeth de Molina, propietaria de la distribuidora “Bycle”, ubicada en la Alameda Juan Pablo II y la Doce Av. Norte, opina que los conductores deberían respetar las señalizaciones de tránsito, para así poder crear una cultura de responsabilidad a la hora de conducir y evitarse multas que generan un gasto innecesario para el bolsillo.

“Yo hace poco iba a hacer ese viraje, pero alcance a ver la patrulla y mejor ya no lo hice, porque esos policías son fregados”, comentó Salvador Pérez, taxista de la zona.

Los policías llegan sin avisar y aunque desde el mes de agosto a la fecha no se han registrado más accidentes, muchos conductores expresan su deseo de que las autoridades de tránsito avalen el viraje en ese lugar, dado que facilitaría sus rutas. “Nos ahorraríamos tiempo y gasolina”, dice Mario Estrada, vendedor rutero y usuario de esa “vía alterna”. Por su parte, el Vice-Ministerio de Transporte informó que esta medida solicitada es imposible, pues el permitirla generaría mayor congestionamiento sobre la Alameda Juan Pablo II.

Mientras tanto, los conductores siguen arriesgándose a cruzar las líneas divisorias de carril de la Juan Pablo aunque por ello obtengan una infracción.

 

 

 

 

 

 
Las Cifras

Alrededor de 200 esquelas son impuestas a los conductores que realizan el viraje indebido en la Juan Pablo II.

El costo de la Infracción es de $57.14 y puede llegar a ascender a los $100.

Aproximadamente diez conductores son multados por las autoridades que monitorean la Doce Avenida Norte al realizar el viraje indebido sobre la Juan Pablo.