Tras la búsqueda de los y las desaparecidas
Johamy Jérez
Periodista
Entre los valores fundamentales para el ser humano están la verdad y la justicia. De lo contrario, se vive en la mentira.
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Foto: Johamy Pérez |
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Las familias que buscan a sus parientes exigen al Gobierno salvadoreño que juzgue a los culpables de sus muertes, durante la guerra. |
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Juana Cisneros Ticas era enfermera graduada y trabajaba en el Hospital Psiquiátrico, de San Salvador. El 12 de septiembre de 1982, cerca se las cinco de la tarde, luego de terminar su turno, se dirigió hacia la parada de buses con un grupo de compañeras. Un carro blanco se acercó a ellas. Cinco hombres armados bajaron del vehículo y observaron los rostros de cada una de las enfermeras. Se detuvieron cuando vieron a Juana y dijeron: “esta es la puta que buscamos”. Desde ese día, su hija Ana Cisneros no sabe nada de ella. “Tengo ya 24 años de buscarla”, cuenta.
La desaparición forzada, en nuestro país, fue una de las actividades que en la guerra más daño provocó y sigue provocando a las familias salvadoreñas. Políticamente, este tema no se trabaja. Pues, para el gobierno es mejor el perdón y el olvido.
En marzo de 1993, pasado un año de los Acuerdos de Paz, la Comisión de la Verdad investigó algunos hechos violentos ocurridos en la guerra. Lograron entregar un informe con 25 mil nombres de desaparecidos y desaparecidas al Estado. Tenían la esperanza que se haría justicia. Luego de cinco días de entregado el documento, el gobierno del Presidente Alfredo Cristiani decretó una Ley de Amnistía General. Esta dejó en la impunidad todo tipo de violaciones a los derechos humanos, incluyendo la desaparición forzosa de niños, niñas y adultos.
Hay muchos salvadoreños que al no encontrar apoyo en el gobierno decidieron presentar 2,600 casos de desapariciones forzosas a la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Ella recomendó al Estado investigarlos. Últimamente el ente internacional ha estado preguntando al gobierno sobre los avances de las investigaciones, y como era de esperarse, no hay respuestas.
Un olvido injusto
Guadalupe Mejía, del Comité de Familiares de Víctimas de las Violaciones, CODEFAN, siente que al gobierno no le interesa el tema, “ya pasaron varios años y no hay voluntad de querer cumplir con las recomendaciones, el gobierno nos dice que para qué seguir abriendo heridas, que es mejor ‘borrón y cuenta nueva'”, explicó.
Para el diputado del FMLN Herberth Amaya, de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, no hay decisión política por parte del Estado para resolver este tipo de problemas. “Es bien claro, al gobierno no le interesa. El gobierno no quiere resolver el problema, porque tuvieron una parte activa en la guerra. Es un partido, cuyo fundador, Roberto D'Aubuisson, también organizó a los escuadrones de la muerte. Están vinculados indiscutiblemente al Ejército y a estos casos de las desapariciones forzosas de niños, niñas, estudiantes, obreros, sindicalistas, maestros y muchos mas”, expresó el político.
Las desapariciones más grandes de niños y niñas se daban en las masacres. Sobretodo cuando la Fuerza Armada tenía órdenes de hacer “tierra arrasada” que consistía en matar todo lo que se movía. Al finalizar este tipo de actos quedaban algunos niños y niñas con vida, y muchos militares se quedaban con ellos y ellas o los entregaban a ciertas organizaciones que los ponían en adopción para otros países. Hay familias extranjeras que pagaron hasta 10 mil dólares por un menor.
Mario Sánchez, de Pro-búsqueda, dice que muchas de las adopciones fueron legales pero siempre hubo de por medio la corrupción de los funcionarios públicos y abogados, porque para ellos era una entrada de dinero. Para Sánchez el hecho de que los niños y niñas adoptadas no conozcan su verdadera realidad es dañino. “Muchos jóvenes de otros países nos encuentran por internet, nos escriben que quieren saber quiénes son sus verdaderos papás. Hay un momento determinante en el que el joven se anima a saber su verdadera realidad, desde ese momento se les acompaña y para ellos es liberador,” comenta.
Para todo ser humano es importante saber de dónde viene, explica el Psicólogo Óscar Vásquez, catedrático de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Los jóvenes adoptados siempre buscan su origen, aunque los padres y madres adoptivos lo oculten. Otros que saben que son adoptados pero que no saben su verdadera realidad tienden a construir un vacío que muchas veces no caza con la realidad.
La esperanza
Tanto para las personas que fueron desaparecidas forzosamente como para los familiares, es una situación extremadamente difícil. Mejía aún busca a su hijo: “las heridas están abiertas, porque acá no ha habido verdad, no habido justicia. Cuando uno pierde un familiar, esas heridas no sanan. Creo que sanan cuando hay justicia, reparación y verdad, pero como no lo hay”, expresó.
“Nosotros como seres humanos tendemos a cerrar capítulos. Cuando una familia sufre una desaparición forzosa de uno de sus miembros no hay la posibilidad de acabar con ese capítulo, este queda abierto. Aunque pasen mucho años y pensemos que ya está muerto, necesitamos enterrarlos, en la voz de las madres: necesitamos un lugar donde irlos a enflorar, necesitamos saber que pasó”, señala el psicólogo Vásquez. Entonces en ese momento inicia el cierre del capítulo. Mientras no tengan esa certeza, el duelo siempre queda abierto y es como tener una herida que va cicatrizándose alrededor, pero por dentro se sigue abriendo.
Roberto Martínez, quien vivió en tiempos de guerra en una casa de seguridad, donde residían transitoriamente hijos e hijas de combatientes guerrilleros para ser protegidos, perdió el rastro de su familia a los cinco años, debido a que la Fuerza Armada descubrió la residencia donde él vivía. Después, ya adoptado, vivió muchos años sin saber nada de su madre biológica.
Por medio de Pro-búsqueda, Roberto a los 18 años se reencuentra con su familia biológica. “Al principio, yo no lo quería aceptar. Le echaba la culpa a mi madre de que me había abandonado y sentía todo un sentimiento de culpabilidad hacia ellos. Pero en el proceso psicológico aquí en Pro-búsqueda me di cuenta que nadie tenía la culpa, que fue nada más la situación de la guerra,” explica.
Martínez pertenece hoy a la directiva de Pro-búsqueda, “me siento comprometido a seguir ayudando para encontrar hasta el último niño desaparecido, si es posible”.
El psicólogo Vásquez recuerda que el sufrimiento de los desaparecidos y las desaparecidas como el de las familias comenzará a terminar cuando se abran todos los archivos para saber dónde quedó toda esa gente desaparecida. No por revancha, sino para ayudarles a poder cerrar el capítulo y poder seguir con su vida, ya con una certeza de lo que sucedió. Si está vivo, dónde está, y si está muerto, dónde quedó.
| Adopciones hechas en tiempos de la guerra |
País |
Cantidad de adopciones |
Sin destino |
2340 |
Estados Unidos |
2500 |
El Salvador |
160 |
Italia |
339 |
Francia |
269 |
Canadá |
45 |
Suecia |
11 |
Suiza |
10 |
Alemania |
8 |
Inglaterra |
61 |
España |
18 |
Países bajos |
38 |
Total |
5799 |
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