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Los 200 miércoles de andar poético

Sandra Moreno
Editora

Una fuerte tormenta no quiso perderse la fiesta que habían organizado en los Tacos de Paco, San Salvador, para conmemorar los dos “centenarios” de recitar poesía.

Foto: Salvador Canjura

.La escritora María Cristina Orantes compartió su obra con el público amante de la buena poesía.

Hay poesía en El Salvador. Si usted todavía no lo cree, entonces vaya al restaurante los Tacos de Paco, en la capital, todo los miércoles, porque es el momento en que los y las poetisas suben al escenario y recitan sus obras, mientras la gente devora la comida.

El mejicano Francisco Hildalgo, alías Paco, con delantal y gorro de cocinero no dejaba de sonreír el pasado 18 de octubre. La emoción que lo embargaba casi no lo dejó terminar su discurso, pero sus frases resumían el éxito alcanzado: “han sido más de cuatro años de alimentarnos de versos... Paso a paso, verso a verso, taco a taco”.

Y siguiendo la costumbre de su tierra, Paco mostró al público una placa de reconocimiento al grupo “culpable” de haber logrado 200 miércoles de recitales de poesía, un acontecimiento único en la cultura salvadoreña,: la Fundación Cultural Alkimia.

Era el turno al micrófono de Héctor Ismael Sermeño, quien recordó como más de 100 poetas nacionales, además de los internacionales, han llegado a compartir sus escritos. La idea ya está siendo copiada en Costa Rica. “Nos dijeron que no duraríamos dos meses”, confesó el representante de Alkimia sin poder ocultar una sonrisa irónica para las aves de mal agüero. Sin embargo, no tuvo reparos en agradecer a Paco su entrega a la causa, porque si el miércoles se ha mantenido es por él, “ha visitado a los poetas en sus casas para que vinieran. A veces solo había diez personas en el público, esto cuesta. Es difícil, es complicado...” Su voz fue interrumpida por el fuerte aguacero que llegó para quedarse toda la noche, igual que la gente ávida de buenos versos.

La promesa de Paco y Sermeño de mantener los miércoles de poesía y dar el recital aunque el poeta falte, arrancó un emotivo aplauso. Pero en ese momento sobraban los y las artistas de la palabra. Ahí estaba también el encargado de la logística de la actividad, siempre el tercer día de la semana, William Alfaro. Él jamás olvida el comentario que le hicieron cuando se enteraron de los recitales en un negocio donde las personas llegaban a paliar el hambre con platillos mejicanos.

- ¿Cómo es posible que la poesía se comparta con tacos?-, le acusaron. Alfaro no se inmutó. “La poesía debe estar en cualquier lado”, afirma y por si alguien tenía duda de la importancia que tenía el diploma que recibió de Alkimina por su trabajo dijo: “el año pasado, recibí una placa de reconocimiento como periodista deportivo, pero este diploma vale más para mí”. La ruptura de su voz fue muy bien cubierta por los truenos y la lluvia, la tormenta le daba una descarga de energía que necesitará para seguir navegando en las críticas aguas de la cultura salvadoreña.