Sobrevivir a la incertidumbre
Por
Ana Posada
Periodista
En diciembre del año pasado, más de 1,500 familias de escasos recursos económicos se alojaron en un predio a orillas del bulevar del ejército en Soyapango. Pensaban que el lugar no tenía dueño, pero según la alcaldía del municipio pertenece a una empresa.
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Foto: Ana Posada |
El número de familias aumenta con el tiempo. Empezaron con 650 y ahora son más de 1500. |
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Un grupo que decía ser la Asociación de Ex Combatientes Capitán General Gerardo Barrios engañó a las familias. Después de prometer escrituras para el lote y cobrar entre 12 y 20 dólares, desapareció sin cumplir ninguno de sus cometidos.
Felicia Durán, de 32 años de edad, llegó desde Cojutepeque. Aparte de los doce dólares que dio por lo que ahora no es terreno suyo, no paga ni agua, ni electricidad, por tanto no cuenta con estos servicios. Sin embargo, su mayor problema es que el terreno pertenece a una empresa cuyo nombre la alcaldía de Soyapango negó dar, pero que de un momento a otro podría desalojarla a ella y al resto de habitantes.
“Sea como sea, el lugar tiene dueño, por tanto es propiedad privada y puede ser reclamado cuando este guste”, dijo Félix González, encargado de la comisión urbanística de la alcaldía. Agregó que brindar vivienda no es responsabilidad de la alcaldía del municipio, sino del gobierno central del país, pero que hasta el momento, al menos con esta comunidad, no ha cumplido.
De ser desalojados, las personas no tienen ningún otro sitio a donde ir. Las paredes de cartón o bambú, el suelo de tierray sus pocas pertenencias son lo único con lo que cuentan.
Organización, la solución
Hace un mes las familias se reunieron y formaron un comité de ocho personas. Ahora solo están a la espera de la declaración jurada que un abogado les hizo de manera gratuita. Así tendrán legalidad y podrán actuar no solo ante la problemática del posible desalojo, sino también solicitar ayuda económica a diversos organismos gubernamentales y no gubernamentales.
“Lo primero que vamos a hacer es hablar con alguna organización no gubernamental para ver si, aunque sea con víveres, nos pueden colaborar. Luego ya con la ayuda del abogado ver qué más podemos hacer para poder quedarnos aquí o gestionar que nos trasladen a un lugar con mejores condiciones” ,afirmó el presidente de la comisión Carlos Vanegas.
Además, dijo que no se había organizado antes debido a la falta de información, ya que desconocían la manera en que podían defenderse. “Uno no sabe cómo funcionan las cosas y a veces cree que por no tener dinero no se puede hacer nada, pero ojalápodamos lograr lo que deseamos”, añadió Vanegas.
Ante el nuevo grupo, el miembro de la comisión de protección civil de la alcaldía, Carlos Valencia respondió: “Está bien que se organicen, eso a la larga sirve de mucho. Como dicen, la unión hace la fuerza”.
Solo quieren techo
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Foto: Ana Posada |
Los mensajes que reclaman un hogar son recurrentes en los plásticos que cubres los hogares. |
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“Llegamos aquí con la esperanza detener una vivienda digna y ya no alquilar, porque para uno de pobre, aunque sean diez dólares los que tenga que dar, es mucho dinero” confesó Durán. Ella trabaja en una maquila. Su sueldo mínimo solo le alcanza para mantenerse ella y sus dos hijos menores de diez años.
“Con lo único que les podemos apoyar es con el agua. Una vez por semana les llevamos una pipa para que se abastezcan”, declaró González.
“Uno es pobre y no le queda más que aceptar lo que le toca, pero ya vienen las lluvias y lo único que pedimos es una vivienda digna, o al menos que nos saquen de aquí”, expuso Melissa Mayorga, de 34.
Niñez afectada
La mayoría de los habitantes son niños y niñas menores de 12 años. Mas de la mitad no va a la escuela porque no tiene dinero. Su dieta es a base de tortillas y de una bebida carbonatada que se reparte entre toda la familia porque es lo más barato que pueden comprar para beber.
Con el cuerpo desnudo de la cintura hacia abajo, algunos niños juegan sentados en la tierra. No hay con qué adquirir la vestimenta necesaria. “Qué más quisiera yo que mis hijos tuvieran solo lo mejor. Por eso me angustia tanto que nos puedan venir a sacar, porque si ni siquiera tengo para darle de comer a mis cipotes, entonces cómo espera que pueda pagar donde vivir”, señaló Israel Martínez, de 54 años.
En vista de la situación, niños como Emerson Bolaños, de 10 años, aún asiste a la escuela. Estudia tercer grado y sueña con ser abogado “para que nadie le vaya a quitar lo que es suyo”.
Aún cuando las familias fuesen presionadas para dejar lo que ahora es su hogar, ellas aseguran que no saldrán de ahí a menos que se les lleve a un sitio mejor. “Nosotros acá no le estorbamos a nadie. Si no nos quieren ayudar por lo menos que no nos empeoren las cosas”, manifestó el joven José Santana, de 19 años.
En caso de que la empresa pidiera el terreno, la alcaldía asegura que ellos, por medio de la policía, no utilizarían la fuerza para el desalojo sino el diálogo. “No se trata de hacerle daño a nadie sino de encontrar las mejores alternativas para todos”, dijo Valencia.
“Llegamos aquí con engaños. La autoridad primero debería de preocuparse por encontrar a los estafadores en vez de que nos quiera perjudicar a nosotros que no tenemos la culpa de ser pobres”, concluyó Alicia Beltrán, de 35 años, y madre de siete hijos. |