Un arte transparente en vías de extinción
Jessica Ávalos, Rose Mary Castellón yCarol Salazar
Redacción
Hace 35 años, Carlos Céspedes viajó de Perú a El Salvador con su maleta llena de sueños y siguiendo a un amor perdido. Casado y una vez establecido emprendió un proyecto que busca desde niño alcanzar: poseer un taller de elaboración de vidrio. Su padre trabajó toda su vida en una fábrica de ese tipo y cada día le decía a su hijo cuánto deseaba tener su propio taller. Pero su padre murió sin ver realizado su anhelo, por lo que don Carlos se empeñó en hacerlo posible.
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Foto: COMUNICA |
Diferentes diseños se fabrican en este taller, producto de la imaginación y destreza de los artesanos que ahí laboran. |
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Antes de partir hacia El Salvador, Céspedes conoció en su natal Perú a Francisco Arango, un experimentado obrero guatemalteco, quien quiso ser parte del proyecto.
Fue así como el 15 de agosto de 1984, los hornos de “Artesanías en vidrio” como se llama el negocio, se calentaron por primera vez. Desde entonces esta cuna de figuras de cristal permanece en el Km. 21, autopista a Comalapa, con muchas historias en su interior y con la esperanza de seguir vigente por muchos años más.
Creatividad y destreza extrema
El proceso para elaborar artesanalmente cualquier pieza de vidrio comienza con la fundición. Céspedes afirma que ellos compran el “challe”, es decir las sobras de vidrio o envases defectuosos que salen de las embotelladoras. “Lo que nos interesa sea que se vidrio soplado. No importa de qué color o forma sea, porque en la fundición todo queda como atol”, afirma Céspedes.
Después de haber separado el vidrio según el color, se lava minuciosamente hasta que se seca. Luego se carga el horno, elaborado con ladrillos refractados que resisten a altas temperaturas. “Cada ladrillo cuesta $ 90.00 porque es especial para que resista los 1000º C durante la fundición”, explica el peruano.
Un elemento muy importante durante la producción es el diesel, pues éste, mezclado con el aire proveniente de una turbina, genera el calor suficiente para derretir el vidrio. La fundición dura aproximadamente entre 11 y 12 horas continuas. El mínimo descuido puede resultar fatal. “Si acaso hay un apagón y la turbina se apaga tenemos que cerrar rápido la llave de la tubería, pues si pasa mucho tiempo puede haber una explosión”, comenta Francisco, mejor conocido como don Pancho.
Posteriormente se extrae una porción del vidrio ya fundido y comienza a elaborarse la pieza. Un dato curioso es que para el único producto que tiene molde es para los vasos. De lo contrario, desde el florero más exótico, pasando por lujosas copas y lámparas de techo, hasta un hermoso cisne, se hace utilizando únicamente la creatividad y ese dominio tan singular que muy pocas manos poseen. Pinzas, barras de hierro y el aire de sus pulmones son sus instrumentos. “Se requiere que el personal esté altamente capacitado para saber lo que va a hacer”, apunta Céspedes.
Una vez elaborada la pieza, para lo cual disponen de no más de cinco minutos, según el tipo, se coloca en los temples (hornos calentados a una temperatura de 700º C aproximadamente) para que el vidrio no se reviente, pues tiene que enfriarse poco a poco. Pero, ¿cómo calculan la temperatura si no poseen instrumentos especiales? Pues hasta ese detalle es artesanal. Don Pancho afirma que basta con colocar una hoja de papel periódico al interior del horno y contar con los dedos, si enciende al contar tres o menos ya está listo.
El taller tiene más demanda durante el mes de febrero y el último trimestre del año. Los propietarios de pequeños negocios son sus principales clientes, aunque de vez en cuando reciben pedidos de empresas más grandes, en especial para la época navideña
Vidrio que cautiva
Tiendas y mercados son actualmente los sitios en donde las figuras de vidrio se muestran a los salvadoreños. A nivel nacional existen por lo menos 200 negocios a los que se les proveen dichos artículos. Estos van desde tiendas en centros comerciales, hasta negocios dentro de los mercados.
Edwin Batres, es propietario de una tienda de artesanías en el centro comercial Metrocentro de Santa Ana. Desde 10 años atrás vende artesanías en madera, pero hace cinco años, se motivo a adquirir figuras de vidrio. Empezó a observar que su clientela, en especial las amas de casa, se sentían atraídas por la belleza y elegancia que denotan los floreros, copas y lámparas de cristal. “Una cosa que me motivó a vender artesanías de vidrio fue ver cómo estas estaba sustituyendo a la madera en esa época. Creo que lo que más llamo la atención fueron los colores que se utilizan, porque son atractivos y acordes a la luminosidad” señala el experto en creaciones artesanales.
Pero aunque existan lugares donde comercializar las artesanías, todavía existen muchas limitantes en cuanto al reconocimiento de las mismas. Una de ellas, según señala “don Pancho”, es la falta de una marca. Hasta el momento estos artesanos no poseen una, por el alto precio económico y por los extensos requisitos que se les pide a los pequeños empresarios, especialmente a los que poseen talleres artesanales. “Tener una marca requiere de mucho tiempo y dinero, y realmente nosotros no tenemos ninguno de los dos”, agrega.
“Nosotros le damos apoyo a los artesanos. Les damos financiamiento, pero no para producir. Es un fondo de inversiones para apoyarlas a obtener su reconocimiento”, expresa, Rafael Ibarra, Director de la Fundación Promotora de La Competitividad de La Micro y Pequeña Empresa (CENTROMYPE).
Bajo incertidumbres y miedos, el Tratado de Libre Comercio (TLC) se ha convertido en una esperanza para lograr expandirse y llegar a reconocerse oficialmente: “El TLC nos ayudará a salir del país ya que también ellos (extranjeros) vendrán y nos comprarán”, afirma con esperanza Céspedes.
El Tratado comercial será una oportunidad y también se convertirá en un desafío, pues esto exige, para el propietario y miembros de ésta microempresa, ampliar el taller (siempre con utensilios artesanales), capacitar al personal, y sobre todo contar con transporte de carga, para llevar pedidos a todos los lugares.
Es aquí donde surge el problema, que desde hace año y medio está afectando a este taller: el alto precio del combustible.
Economía quebrada, sueños fundidos
El alza en los precios del petróleo también se ha hecho sentir en el pequeño taller. No sólo por la movilización del producto, sino porque es la materia prima con la que los hornos se ponen a funcionar.
Según Céspedes, la producción se ha parado desde hace año y medio, pues la demanda por parte de los compradores ha disminuido debido al alto costo de la gasolina. “Teníamos clientes de Ahuachapán, pero como subió el combustible ya no vienen, y si vienen lo hacen una o dos veces al año” señala.
Ellos fundían el vidrio con diesel a una temperatura de 1200 grados centígrados, durante doce horas. Pero la necesidad por disminuir los costos les ha hecho buscar nuevas alternativas. Han empezado a realizar pruebas piloto con aceite quemado para reducir el impacto de los altos precios del combustible.
No se han quedado de brazos cruzados, pero es imposible que sus bolsillos no se resientan. Con el diesel producían unas 300 piezas diarias, con el aceite solo podrán producir unas 200. Esto implica que las ganancias disminuyen, así como el salario de las diez personas que trabajan en el taller.
Los artesanos creen que ni la microempresa, ni el gobierno les da el apoyo necesario. “Yo creo que al gobierno lo que le interesa es que uno no los moleste, pero que sí les de ganancias”, afirma Céspedes.
El deseo de Céspedes de expandir su negocio está a punto de quebrarse si ninguna institución no les brinda apoyo. Así como un día fundieron cientos de figura en el taller de sus amores, así también se pueden fundir los sueños que con tanta ilusión un día imaginaron.
“Si la situación no mejora, lo único que quedará en mis manos serán muchas cicatrices y una más grande en mi corazón por ver cómo mi negocio se hace pedazos”, termina “don Carlos”, mientras mirá con sus ojos húmedos las marcas de heridas que han dejado los años. |