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“El amor no tiene sexo”

Por: Lavinia Artiga
Periodista

Las mujeres han cambiado, van evolucionando día a día, luchando y abriendo sus propios espacios, ya no son como antes. Ya no callan, no se resguardan tras el velo del silencio. Presentan ante el mundo sus percepciones y visiones. Deciden sobre sus cuerpos, sus deseos y como dueñas de sí misma optan por la preferencia sexual que quieren, sin importar criticas.

Foto:Lavinia Artiga

En El Salvador la unión matrimonial entre personas del mismo sexo está vedado, por lo que las instituciones, como la organización Entre Amigos, continúan realizando esfuerzos para cambiar ésta legislación.

Durante mucho tiempo guardaron silencio, se ocultaban del gran dedo que las ha señalado constantemente. Ahora resurgen con fuerza y valor para enfrentar a quienes las juzgan porque se aman y se relacionan como pareja entre ellas. No es la sociedad patriarcal la que está cambiando, sino ellas que han decidido encararla y exigir la libertad que les corresponde.

“Somos libres de amar a quien nosotras deseemos. El amor entre nosotras es tan puro como en cualquier pareja heterosexual y no podemos ser condenadas por amar a una mujer”, expresa Raquel Benítez de 37 años.

El lesbianismo, a lo largo de su historia, se ha considerado como una aberración, un desorden patológico que se da en algunas mujeres por algún trastorno que hayan podido tener en sus vidas. Continuamente muchas personas viven cuestionando la razón de esta preferencia sexual, porque no son capaces de aceptar que es natural.

“Muchas de nosotras, como en mi caso, nacemos con esta preferencia. Es totalmente natural, así como también lo es el heterosexualismo”, afirma Aída González. Por lo tanto, el lesbianismo es simplemente la atracción física, sexual y emocional que pueda sentir una mujer por otra.

El lesbianismo es una expresión de la diversidad sexual que existe en el país y en mundo entero, la cual debe ser respetada por todos. Esto se ve respaldado en diversas legislaciones internacionales como el derecho a la igualdad y a la no discriminación respaldado por la Declaración Universal en sus artículos dos y siete. También en el artículo 6 de la Convención Interamericana Belem Dó Pará.

“No somos fenómenos o algún tipo de rareza. El lesbianismo no es una enfermedad, es nuestra opción por naturaleza. Somos mujeres normales, con vidas normales. Somos amigas, hijas, tías, madres, trabajadoras, profesionales, ciudadanas, en fin, somos mujeres en su máxima esencia y tenemos derecho a ser respetadas. Mujeres que optamos por una preferencia sexual diferente a la impuesta por el sistema patriarcal”, comenta Benítez.

Debido al pensamiento erróneo y heteropatriarcal que existe en la sociedad optar por el lesbianismo implica, para estas mujeres, cargar con estigmas religiosos, morales, culturales y sociales que lo único que han hecho es servir cómo obstáculo para las personas que practican la diversidad sexual.

“La sociedad te lleva a pensar que es mejor ser heterosexual, porque es mucho más fácil y no tienes que luchar contra todo el discurso patriarcal, porque vives dentro del marco de lo que la gente espera”, expresa Iliana Molina.

“A esa chava se le ve la pluma”

El lesbianismo hoy en día ha contraído más visibilidad, lo cual genera descontento y rechazo en algunas personas. Muchas mujeres heterosexuales se incomodan cuando ven a parejas de mujeres expresando su amor.

“Me molesta cuando veo a dos mujeres besándose, es antinatural, no sano. Es una depravación, una forma de desviación sexual y a veces me da una sensación como de asco al ver eso”, afirma Nora Mejía , una contadora de 26 años.

La realidad es ajena a lo que espera o desea la sociedad, por lo tanto, viven en una constante batalla por validar su realidad y ser reconocidas que tienen el derecho a la diversidad sexual y a figurar como sujetos sociales activos e importantes para el país

“A pesar de la evolución social que se esta dando, seguimos siendo marginadas y nuestra identidad continua siendo desconocida. Es por ello que algunas hemos asumido como una política nuestra propia identidad sexual, en lo cotidiano y en lo público”, explica Claudia Acevedo, una investigadora feminista.

Iliana Molina dice que la discriminación hacia las mujeres lesbianas está presente en todos los espacios, tanto públicos como sociales. Muchas mujeres sufren rechazo hasta de su propia familia y que coartan de esta manera su libertad sexual. Algunas de ellas optan por esconderlo y otras tienen que alejarse de su hogar para poder disfrutar de su vida.

“Es muy doloroso ver como nuestra familia nos dan la espalda, nos ven como fenómenos, nos marginan y señalan por nuestra preferencia. Recuerdo cuando mi mamá se dio cuenta de que soy lesbiana fue una experiencia dolorosa. En sus ojos había desprecio y decepción, ya no me miraba con su mirada dulce y me rechazaba. Por eso tuve que irme de la casa a los 19 años. Ahora nos hemos vuelto a comunicar, pero todavía no acaba de aceptarlo”, comparte Benítez.

También en el ámbito laboral se ejerce la marginación hacia estas mujeres, sólo por ser diferentes y por la idea de que el lesbianismo es un tipo de enfermedad. Se da el caso que las mujeres heterosexuales se sienten incómodas trabajando con lesbianas, porque piensan que las pueden acosar. “Hay mujeres que nos tienen miedo, porque piensan que sólo porque son mujeres las vamos a acosar, pero no es así. El hecho de que seamos lesbianas no quiere decir que nos van a gustar todas las mujeres y muchos menos que las vamos a andar acosando”, asegura Molina.

La discriminación no sólo margina a las mujeres lesbianas, sino que también las expone a grandes riesgos de violencia y de una interminable violación a sus derechos humanos.

El dedo amenazador de la Iglesia

La iglesia, sobre todo la católica y evangélica, es una de las instituciones que más influye en la percepción que tiene la sociedad sobre el lesbianismo y se encarga de transmitir su discurso discriminatorio y acusador a todos los estratos sociales.

Estas sectas religiosas condenan las prácticas lésbicas y las consideran un gran pecado que atenta contra la moral y los principios cristianos. Según dice la Biblia que desde la creación del hombre la heterosexualidad es la única opción cristiana para que una pareja se relacione y forme una familia. “Todo lo demás que no se de esta manera, como Dios manda, es una depravación y, por lo tanto, un pecado”, asegura Virginia Palencia, líder de mujeres evangelizadoras.

En El Salvador, por ser un país altamente religioso, la situación para estas mujeres es mucho peor, porque se tienen que enfrentar al rechazo de la mayoría de la sociedad que las viven enjuiciando y condenándolas por ser “pecadoras”. La Biblia dice que ni los afeminados, ni las mujeres que realicen prácticas de hombres entraran al reino de los cielos. Pero este tipo de discurso contradice al amor incondicional de Dios hacia toda la humanidad y que no hace excepción de personas.

La iglesia asegura no condenar quienes no son heterosexuales, lo que intentan, supuestamente, es comprender y salvar a la persona. “La iglesia trata de reconocer a la persona como alguien que tiene derechos y que son propios. Todas ellas tienen la dignidad de ser hijas de Dios, por lo tanto, tiene que ser respetado”, explica José Alvarado, teólogo Jesuita.

Este discurso presenta una serie de contradicciones, porque al mismo tiempo que dicen respetar a estas personas, les exigen que se abstengan de mantener relaciones de pareja y que sean castos, porque así, a pesar de su preferencia sexual, se mantienen puros.

“La iglesia nos excomulga por ser lesbianas y si deseamos pertenecer a la congregación nos prohíben que tengamos pareja. Eso quiere decir que no respetan nuestra opción y quieren reprimir nuestra libertad sexual, nuestra libertad a amar y ser amadas”, comenta Aída González.

Debido a estos discursos que se manejan en el contexto social es que la discriminación hacia las lesbianas toma fuerza y asienta sus bases. De aquí es donde surge la lesbofobia y la violencia hacia estas mujeres.

“Sí, la iglesia discrimina en cierto sentido. La iglesia se mueve en una sociedad y esa sociedad tiene ciertos parámetros políticos, morales y culturales y es aquí donde uno encuentra las raíces de la discriminación y ésta se manifiesta en todas las instituciones sociales”, expresa el teólogo Alvarado.

Lo que los hombres dicen también discrimina

Los hombres también juegan un rol dentro de la marginación de las lesbianas. Primero, se da por el machismo predominante que considera a la mujer un objeto que tiene a su disposición. “Muchos hombres nos agraden, violentan y nos discriminan, porque no encuentran en nosotras una posibilidad de poder tenernos. Les gustamos, pero nosotras no les hacemos caso y eso es lo que los enfurece”, explica Molina.

El otro caso en que se presenta el discurso sexista, es cuando comentan que una pareja de lesbianas les parece sexy y provocativo. “Me gustaría ver una pareja de mujeres haciendo el amor, no me molesta, me agrada. Estoy de acuerdo con eso y creo que la mujer es buena madre. Ahora imagínese dos mamás, es casi perfecto”, comenta Enoc Mejía de 27 años.

La discriminación radica en que los hombres ven a las mujeres como puro objeto o medio de gratificación sexual y esto denigra la dignidad de las mujeres. “Cada quien con sus preferencias, las respeto, aunque es un poco sexy, desde el punto vista erótico sexual. Pero no me parece una buena relación para lo que es la base de la sociedad”, expresa Manuel Flores de 24 años.

“Nosotras exigimos ”

Raquel Benítez, así como muchas otras mujeres lesbianas, comenta su deseo de ser respetadas y valoradas sin importar cual sea su preferencia sexual. “Nuestra preferencia sexual no mide nuestra capacidad, no somos menos inteligentes por ser lesbianas. No hay ningún estudio científico que pruebe que tenemos menos capacidad que las otras mujeres. Nadie puede probar que no podamos sobresalir. Las lesbianas no tenemos ningún impedimento para ser lo que queramos”, asegura Iliana Molina.

Lo que ellas exigen a la sociedad es que se respeten cada uno de sus derechos como seres humanos, como sujetos sociales y como mujeres. Desean disfrutar su dignidad humana en toda su dimensión, sin ser coartadas y excluidas por su opción sexual. Desean tener una vida integral en una sociedad incluyente y que respete la diversidad sexual.

“Queremos vivir en un mundo libre de prejuicios engañosos que nos someten en las garras de la discriminación”, expresa Benítez

 

 

 

 

Mitos y estereotipos
 

A lo largo de los años se han ido atribuyendo a las lesbianas una serie connotaciones y características no se acercan poco o nada a la realidad.

•  Creer que todas son rudas y excesivamente masculinas debido al hecho de que no pueden conseguir un hombre, lo cual no es cierto, porque las lesbianas poseen una gran variedad de aspectos físicos y psicológicos al igual que todos.

•  El pensamiento de que las mujeres son lesbianas porque han tenido malas relaciones con los hombres, lo cual es incorrecto, porque el lesbianismo no tiene ningún vinculo con el odio a los hombres.

•  Las relaciones lésbicas se caracterizan por ser muy promiscuas. Esto se contrasta con el hecho de que aproximadamente tres cuartos de las población lésbica posee una pareja estable
   
El respaldo de la CEDAW
 

•  El artículo 5 de la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) estipula que los gobiernos son responsables de implementar medidas apropiadas para erradicar los estereotipos culturales que resulten en subordinación de las mujeres, haciéndolas más vulnerables a las amenazas de violencia.

   
 
Vínculos
 

Lesbofobia: término invisibilizado

 

El mal es la homo/lesbofobia