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“Nosotros dábamos un trato parejo”

Por Catia Valladares
Periodista

La figura de la enfermera es respetada en el campo de batalla o en el centro asistencial donde están los heridos. Su gremio es protegido por el Derecho Internacional Humanitario (DIH), y esto lo sabe Virginia de Cruz, de 46 años, la secretaria de la Asociación Nacional de Enfermeras de El Salvador y directora académica del Instituto Especializado de Educación Superior de Profesionales de la Salud de El Salvador.

Foto: Catia Valladares

La migueleña Virginia de Cruz atendió a los caídos del Ejército y de la Guerrilla, y mientras vistiera de blanco sabía que no la atacarían.

Hoy nos relata lo que experimentó en carne propia durante la guerra civil de El Salvador, así su historia no quedará enterrada.

Comunica: ¿Cuántos años tiene usted de ejercer la profesión de enfermería?

Virginia de Cruz: Toda mi vida. Yo empecé desde 1975, estudié para auxiliar de enfermera en San Miguel. En 1981, me vine a San Salvador para estudiar en la Escuela Nacional de Enfermería. Mi experiencia real comenzó en 1985, cuando trabajé en el Hospital Nacional de Santa Rosa de Lima, La Unión.

¿Y cómo fue su experiencia en ese momento?

Recuerdo que por las tardes, cuando estaba en el hospital, mis compañeras y yo podíamos escuchar como caían las bombas. Recuerdo que había un lugar, donde se hacía intercepción entre un lugar que se llamaba Corinto, la Ceiba y otro que no recuerdo. Era una especie de triángulo, allí solían mantenerse los guerrilleros. Había días en que las balas podían escucharse a toda hora, y uno tenía que estar alerta. Pero había días más tranquilos, con menos movimiento.

¿Cómo era la seguridad en las carreteras?

Pues, para serle sincera, yo jamás pasé un susto que fuese así muy imborrable. Pero yo recuerdo que nosotros viajábamos desde San Miguel hasta Santa Rosa de Lima, había un desvío que le decían La Cascada, antes de llegar al hospital. Casi siempre paraban los buses los guerrilleros. Ellos nunca nos trataron mal, pero si nos daban como especie de charlas, nos concientizaban, pedían dinero.

Muchas veces quemaron buses ahí. Pero ellos mismos nos decían: “tal día, a tales horas, no pasen por acá, porque aquí vamos a estar nosotros o el ejército”. Muchas veces, el bus paraba, nos bajaba y daba la vuelta; y nosotros nos bajábamos, sabiendo que la guerrilla está de un lado y el ejército del otro. Nos tocaba caminar esos siete u ocho kilómetros hasta el hospital.

¿Y su seguridad, porque usted debía en algún momento estar presente en el campo de batalla para asistir a los heridos?

Yo anduve mucho tiempo acompañando a lo que se le conocía antes como Unidad Rural Comunal, viajábamos en los vehículos con medicina hacia los cantones. En el camino, nos paraban los guerrilleros, y ellos siempre nos respetaron. Muchas veces, ellos nos pedían medicina, y nosotros como médicos no nos íbamos a negar; o nos preguntaban qué podían tomar para este dolor. Ellos siempre nos respetaron. Siempre y cuando anduviéramos uniformados, nadie nos hacía nada. Además, por nuestras obligaciones, nosotros estábamos concientes de que cualquier cosa podía pasar, pero ellos siempre nos respetaron.

¿Cómo era la relación entre los enfermos, cuando había heridos de ambos bandos en el hospital?

Nosotros procurábamos que eso no pasara. Cuando ingresaban al hospital, nosotros éramos cuidadosos en ese sentido. En mi turno, jamás se presentó algún desorden. Nosotros dábamos un trato parejo. Sin embargo, tuve una experiencia que sí me marcó mucho, y todavía la recuerdo como ayer. Hubo una vez que cerca del Hospital se agarraron ambos bandos, y la guerrilla detonó una bomba. Llegaron a nuestro hospital ocho militares heridos. Nosotros de inmediato los atendimos, pero uno de los muchachos llegó bien malherido. La mitad de su rostro estaba completamente destrozado; otro joven tenía sus piernas destrozadas, deshechas; otro tenía heridas y golpes internos. Estaban graves.

Y nosotros los atendimos a todos por igual, pero, como eran militares, nos calló la llamada del Hospital Militar que los iban a llegar a traer en helicóptero. Entonces, nosotros lo que hicimos es que clasificamos a los enfermos por “esperanza de vida”; es decir, nosotros preparamos a los pacientes que con una intervención quirúrgica podían sobrevivir. Cuando aterrizó el helicóptero, entonces entraron los militares que eran de alto rango y ellos lo que hicieron es que se llevaron a los militares de alto rango, y nos dejaron a los soldados, a los más desvalidos en el hospital.

O sea, a ellos no les importó el estado de salud. Ellos fueron a recoger a sus militares de alto rango, y dejaron a los soldaditos. Nosotros hicimos lo que pudimos, algunos se nos murieron en la sala de operaciones, y hasta después llegaron en helicóptero a traer los restos de los soldados. Pero lo que más recuerdo fueron las palabras del soldado que tenía su cara deshecha: “La otra semana yo iba a desertar del ejército, porque me iba a ir con mi hermano a vivir a Estados Unidos, ¿por qué me tuvo que pasar esto?”. Murió por desangramiento, mientras lo operábamos.

A pesar de que debe ser imparcial y atender a los heridos sin importar el uniforme, ¿cómo combatía sus temores internos, porque también tiene una ideología, una inclinación por alguno de los dos bandos?

No le voy a mentir, así como habían compañeras que eran guerrilleras, así también teníamos compañeras que trabajaban en el Hospital Militar. Pero, a nosotras, se nos enseña el amor por la vida, y eso es algo que se entiende, se interioriza, se vive hasta que se está viviendo en carne propia. Yo tengo y siempre tuve mis preferencias políticas, pero trabajo es trabajo y una vez con el uniforme blanco, rojo y verde, el que fuese, hay que tratar con amor al enfermo que está en cama.

¿Conoció de algún secuestro de doctores o enfermeras en el conflicto?

No. Los compañeros que tenían sus inclinaciones políticas bien arraigadas, pues ellos prestaron sus servicios a sus compañeros que combatían. Había muchos doctores y enfermeras que anduvieron combatiendo. Ellos, cuando no estaban de turno, prestaban sus servicios a sus compañeros o les facilitaban medicina.

Durante su preparación profesional, ¿recibió información acerca del Derecho Internacional Humanitario?

Lo que pasa es cuando yo era joven y estudié eso, el conflicto no estaba tan agudizado. Se agudizó de 1985 para arriba. Pero sí recibimos de clases de Derechos Humanos y, sobre todo, de los derechos de los pacientes y nuestras obligaciones.

Usted es la directora académica del Instituto Especializado de Educación Superior de Profesionales de la Salud de El Salvador, ¿en el plan educativo actual las estudiantes reciben información sobre DIH?

Sí, hoy es bien completa la enseñanza, procuramos que ellas estén al tanto de todo lo relacionado con derechos.

 

 

 

 

El curso hecho para el personal humanitario

 

En 1986, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) diseñó el curso HELP (AYUDA, en español) para mejorar la profesionalidad de las personas encargadas de la asistencia humanitaria en situaciones de urgencia.

El curso HELP se divide en dos módulos:

  • HELP I

Health Emergencies in Large Populations

(Salud y emergencias en grandes poblaciones).

La finalidad de este primer módulo es proporcionar las herramientas de salud pública necesarias para la toma de decisiones pertinentes en situaciones de urgencia respecto de grandes grupos de población.

El curso busca que las organizaciones humanitarias adopten conceptos comunes en materia de salud pública, a fin de que se puedan coordinar mejor los programas efectuados en situaciones de urgencia.

  • HELP II

Health, Ethics, Law and Policies

(Salud, ética, leyes y políticas)

E xamina cuestiones de la salud relacionada con las actividades humanitarias.

Se proporciona un panorama de los principales instrumentos jurídicos, especialmente el derecho internacional humanitario y el derecho de los derechos humanos, códigos y declaraciones deontológico que sustentan la toma de decisiones en las operaciones humanitarias.

   
 
Vínculos
 


Asosiación Nacional de Enfermeras de El Salvador


Comité Internacional de la Cruz Roja