Pido la palabra a mi universidad
Por Natalia Zepeda
Periodista
Estudio en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) y si de algo estoy segura, es que el nuevo reordenamiento vehicular perjudica a la gran mayoría de los estudiantes. En ningún momento me opongo a que existan estrategias que velen por mejorar la atención a los usuarios del parqueo, pero me resisto a que nuestra universidad, reconocida por su calidad y prestigio, no realice la organización básica para ejecutar los nuevos cambios.
El reordenamiento vehicular busca desahogar el flujo de carros que transitan durante las horas pico, según la versión oficial. Aunque, al ver el uso de bandas amarillas que obstaculizan el paso, como parte de las novedosas medidas, tengo que preguntarme por qué nuestra universidad no invierte en mejorar la infraestructura para ofrecernos un mejor servicio de estacionamiento. Al fin y al cabo, los estudiantes pagamos como corderos un “asalto” de 70 centavos de dólar CADA VEZ que necesitamos entrar en vehículo a la UCA.
El primer día del famoso reordenamiento llegué tarde a mi clase de inglés, que empieza a las siete de la mañana, porque al entrar por el lado de Los Próceres se me negó la oportunidad de avanzar hacia los estacionamientos que están frente a los edificios A, B y C. Mientras caminaba a toda prisa hacia mi salón de clase, mi indignación aumentó cuando vi, por el lado del ICAS, la cola interminable de vehículos para entrar al parqueo “prohibido” que se encontraba prácticamente vacío.
Estaba indignada porque no hubo suficiente información de las nuevas disposiciones, previo a su ejecución. Pregunto: ¿Había algún rótulo en la entrada que alertara sobre estas nuevas políticas? La respuesta: no. Aún hoy, sólo se encuentra en cada caseta un pequeño mapa que indica el nuevo reordenamiento vehicular.
Luego de la lección del primer día, a las siete de la mañana, decenas de estudiantes intentan entrar con sus autos por el lado del ICAS y generan dos colas infernales: una que viene de la Escuela Alemana y la formada por los que huyen de la entrada de Los Próceres, sin importarles cruzar la doble línea amarilla con tal de ubicarse en los parqueos frente a los edificios A, B y C. Es cuestión de horas que suceda un grave accidente.
¿De quién será la culpa de los choques? Yo creo que la UCA tendrá parte de ella, por más que sostenga que su responsabilidad con los estudiantes se limita a lo que sucede dentro de las instalaciones educativas.
Entiendo también que se piense que el enojo provenga de los “caprichos” de los estudiantes por no querer caminar hacia sus aulas. No exageran, porque existe. Pero la respuesta en realidad no es esa ante nuestra queja. Primero les sugiero que resuelvan el problema de la seguridad y que ya no se den los asaltos en el famoso “Hoyo” que incluye la desaparición deCD players, cámaras fotográficas y hasta vehículos.
Entonces, ¿es justo que cada estudiante pague 70 centavos de dólar por un mal servicio?
¿Estará realizando bien su trabajo la universidad que busca un cambio social, pero que no logra generar políticas justas que velen por los derechos de sus usuarios? Por hoy, yo lo pongo en duda. |