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Con una herida del pasado

Por Olivia Villalta
Periodista

Ana Lilian Aragón, originaria de Salinas de Sisiguayo, en Usulután, actualmente se dedica al despacho de buses en Tamanique, en La Libertad.

Madre soltera de seis hijas, vive con el recuerdo que marcó su vida desde los ocho años. “No tengo a mi familia por culpa de la guerra”, comentó una vez, con ojos tristes y nostálgicos. Aragón aun sobrevive de la herida que le causó masacre del 2 de mayo de 1982.

Foto: Olivia Villalta

En una visita al Parque Cuscatlán, San Salvador, Ana Lilian Aragón aprovechó la llegada para buscar a su “amá”, en compañía de una de una de sus seis hijas.

El cantón Salinas de Sisiguayo forma parte del municipio de Jiquilisco, aledaña a la zona costera de la Bahía de Jiquilisco. Este fue el escenario donde se desarrollaron múltiples asesinatos a manos del de los Batallones Atonal y Atlacatl, con la ayuda de la Tercera y Sexta Brigada, según el Informe de la Comisión de la Verdad.

“Fue un día por la mañana, no recuerdo qué día, cuando nosotros nos levantamos como las nueve de la mañana, cuando se empezó a llenar de soldados el lugar donde nosotros vivíamos. Todos andaban de verde, andaban bien armados”, relató Aragón.

La Comisión de la Verdad registró que los militares efectuaron una jornada de cateos en las viviendas, donde hubo ejecución de las familias residentes. Se contabilizaron 19 personas fallecidas, entre ancianos, niños y mujeres que fueron agredidas física y sexualmente.

A sus ocho años de vida, Aragón tuvo suerte. “Yo estaba bien pequeña. Yo me empecé a afligir cuando vi que empezaron a golpear a mi mamá, me fui a agarrar de ella (del abdomen); también cuando vi que maltrataron a mi hermana y a mi hermano, cuando los agarraban del pelo, los aventaban al suelo, cuando los golpeaban como palos, que le pegaban en la cabeza, en todos lados. Luego que después que los maltrataron, entraron a mi mamá y a mi hermana. A ellas sí las violaron, porque gritaron dentro de la casa y las encerraron. No sé cuántos hombres fueron, pero todo el lugar se llenó de soldados”, constató.

Aragón, con tristeza, dio a conocer los nombres de su familia que estuvo con ella en el suceso. Su mamá, Gertrudis Melgar, de 40 años; su hermano, Santos de 16; su hermana mayor María de Jesús, de 14 años; Isabel, de 12, Dinora, con siete y Nelson, de dos años.

Según los relatos de Aragón, Melgar convocó a toda la familia dentro de la casa, en presencia de los militares, para seguir sus indicaciones. Sus hijos obedecieron acostarse en fila en el suelo para esperar los disparos. Aragón quedó “cruzada”, a diferencia de sus hermanos. Fue entonces que los soldados fusilaron a la familia. Aragón recibió esquirlas y, en un “repaso” que les dieron, una bala llegó hasta su hombro izquierdo, dejándola gravemente herida, lo que causó un desmayo en el momento.

Después que los soldados abandonaron el sitio, Aragón relató que Melgar se levantó con la cara “desquebrajada”, para ver cómo quedó su familia. Ana Lilian sólo logrótocar la mano de Aragón yfue que ella murió inmediatamente.

Foto: Olivia Villalta

Aragón, madre de seis hijas, sostiene que a pesar de tenerlas no llenan el vacío que su familia le dejó al morir en 1989.

Con lágrimas en los ojos, Aragón quiso hablarle a su familia y no escuchó su voz. Describió que Nelson, el menor y su otra hermana, Isabel, quedaron vivos, pero como no recibieron ayuda, fallecieron más tarde.

Luego, Aragón huyó en búsqueda de ayuda hasta que unos parientes, que residían a tres horas de distancia, la acogieron en su casa para curar sus heridas y esperar que su otro hermano mayor, de 18 años, se responsabilizara de ella los años siguientes.

“Es un a herida que nunca, que al menos a mí, nunca se me va a olvidar. Quedará tachada en mi corazón y es algo que no voy a olvidar. Es algo que queda dentro del corazón, uno queda completamente dañado en su alma”, reflexionó.

Sin embargo, su vida giró en cuanto la Asociación Pro Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos facilitó, en el año 2001, un encuentro con su tío materno: Natividad Melgar, quien en ese año tuvo la inquietud de localizar a su sobrina. Fue en el Distrito Italia, en Tonacatepeque, departamento de San Salvador, el lugar del encuentro familiar.

Aragón a la fecha se siente esclava de su trabajo, con una familia numerosa que mantener, ella da todo por apoyar la causa de las víctimas de la guerra. “Yo quisiera que esto, algún día no quedara impune. Me da mucho coraje que hasta el momento mi familia esté impune; porque yo no quiero eso. Me duele mucho, porque igual tengo seis niñas, pero a mi no me llena ese vacío que siento de mi familia, de mi madre”, expresó con tristeza.

“La gente no sabe de mi caso y por eso yo me siento bien orgullosa que me entrevisten. Eso que mi mamá me están viendo y están felices de que esté aquí y no quieren ellos que los deje impunes”, afirmó.