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Sobrevivir de su extinción

Por Karla Henríquez
Periodista

En El Salvador, muchos habitantes de las zonas costeras sostienen su economía con la cacería de tortugas y la venta de huevos, caparazones y carne de esta especie, a pesar del grave peligro de extinción en el que estas se encuentran.

Foto: Karla Henríquez

Pedro Castillo se dedica a la comercialización de mariscos y huevos de tortuga desde hace 10 años. Sostiene a cinco hijos y a su esposa.

Playa Las Flores, La Libertad. El silencio de la costa se interrumpe con el sonido del oleaje. Son las cuatro de la mañana. El sol todavía no sale. La luz de una lámpara ilumina el camino en la arena. Pedro Castillo, habitante de la zona, camina descalzo cuidando de no hacer mucho ruido. Su objetivo: llegar a los nidos de las tortugas, en la orilla del mar, para desenterrar los huevos que han puesto.

Castillo no va solo. Lo acompaña Salvador Martínez, ambos se dedican a la comercialización de mariscos y huevos de tortuga en el Puerto de La Libertad y sus alrededores.

Sus huellas marcan la oscura arena, mientras hablan en voz baja. No quieren asustar a las tortugas que salen a depositar sus huevos. Ellos aseguran que los mejores meses para recolectarlos son agosto y septiembre. “Ahorita no es época porque en estos meses en medio del año es que se aparean, pero siempre encontramos unos cuantos huevos”, dice Martínez, casi susurrando.

Durante su búsqueda, se encuentran a dos personas más. Esta vez son un hombre y una mujer. Ellos también se dedican a la comercialización de mariscos. Se saludan con la otra pareja, en voz baja, y siguen el mismo camino. Dos caminan al frente y los otros dos atrás.

La marea está baja y en la arena quedan las huellas como testigo de la caminata de los tortugueros. Mientras caminan, Gloria Ávalos, tortuguera desde hace ocho años, cuenta que las ventas no andan bien. “Tengo cuatro hijos que mantener yo sola y ahorita no se está vendiendo; ni los fines de semana logro sacar los gastos que tengo”, dice con un gesto de preocupación. Además de vender huevos de tortuga, comercializa pescado y camarón. Su producto lo vende a pequeños comercios cercanos a la costa.

Mina de oro

“¡Mirá, ya hallé el nido!”, exclama Castillo y a la vez alumbra en la arena un hueco de cuarenta centímetros de diámetro aproximadamente. Los cuatro se asoman y alumbran el blanco. Con las manos, Martínez y Saúl Recinos, el otro acompañante, desentierran el hueco, mientras los otros dos les alumbran. “Este sí está algo lleno”, dice con euforia Recinos refiriéndose al nido. La emoción se les nota en el rostro. “Hoy sí la hicimos,” continua.

Foto: Karla Henríquez

En los mercados de San Salvador, los huevos de tortuga tienen gran demanda. Cuando no es temporada la docena de huevos oscila entre los cinco y seis dólares.

Las uñas de las manos se les llenan de arena. Los tortugueros escarban y poco a poco encuentran los huevos. “Sacálos de tres en tres para no destriparlos”, le ordena Ávalos a Recinos. A la vez, llenan las redes que llevan como costales. “No se ven tantos huevos como quisiéramos, pero algo es algo”, dice, conforme, Castillo.

Los dos sacos que llevan no se llenan y por más que los tortugueros cavan el agujero ya no encuentran más huevos. “¿Cuántos contaste, Chamba?, pregunta Castillo; el otro, le contesta que desenterraron a penas 85. El producto encontrado lo dividirán en partes iguales.

Según datos del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), las tortugas ponen de 50 a 200 huevos; y de 100 tortugas que logran nacer solo diez vuelven al mar, por las condiciones en las que se encuentra la playa en la que nacieron y porque son cazadas para usar su carne como carnada y sus caparazones para productos ornamentales.

“No creo que hayan más nidos acá cerca”, dice Ávalos. Los tortugueros acuerdan regresar el día siguiente, a la misma hora, solo que esa vez irán a diferentes playas, El Majahual, por ejemplo. Los cuatro saben que esa playa está protegida por las autoridades. De hecho, es una de las zonas que el MARN en coordinación con la Fundación Zoológica Nacional de El Salvador tiene protegida en contra de la cacería y búsqueda de huevos de tortuga. Sin embargo, no es impedimento para que ellos busquen su mercancía.

“La necesidad puede más. Sí sabemos que se están acabando pero de eso vivimos nosotros y si la gente los busca qué le podemos hacer”, explica Martínez.

Destino final

Es mediodía en el Puerto de La Libertad. Hay varios visitantes. Muchos buscan mariscos frescos para llevárselos a sus casas. En las afueras del muelle, está Martínez, y su hijo de seis años. Ambos llevan en las manos una especie de vara. En ellas, han colocado bolsas con huevos de tortugas. Cada una contiene doce. La mercadería la recogió durante la semana.

Un señor alto y de tez morena se le acerca y le pregunta que a cuánto vende la docena de huevos. Martínez responde que a cinco dólares. El comprador trata de regatear, ofreciendo tres. Luego de la negociación, los dos acuerdan que a cuatro dólares y el comprador se va con su docena de huevos. “No la puedo dar a menos porque ni es la época”, puntualiza mientras mete el dinero en una bolsa canguro.

Más adelante, en la playa El Sunzal, Ávalos ofrece su producto en un restaurante. Comenta que los huevos de tortuga son los que más le piden, sobre todo por los extranjeros que visitan esos lugares. Al igual que su colega, Ávalos vende a cuatro dólares la docena de huevos, aunque si el pedido es grande le rebaja un dólar.

El día termina y Martínez y Ávalos no terminaron todo el producto. Sin embargo, en la madrugada regresarán como habían acordado. El día siguiente les promete más venta e irán en busca de más nidos de tortugas para desovar. En fin, de eso depende su economía.

 

 

 

 

 

Una iniciativa para proteger la especie

 

Aunque la venta de huevos de tortugas sea la fuente de ingreso de muchas familias, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) está preparando una estrategia para lograr que se incuben el mayor número de huevos. La institución ha apoyado y asesorado el funcionamiento de corrales de incubación en toda la costa del país, como en playa Bola de Monte, Barra de Santiago El Majahual, San Diego, Península San Juan del Gozo, El Cuco, El Icacal, El Tamarindo, entre otras.

 

Fuente: Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

 
   
 
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