La fortaleza de una madre
Por
John Quintero
Periodista
Las pequeñas y morenas manos de Alicia García, de tiempo en tiempo, secan las lágrimas que fluyen sin esfuerzo por su rostro. Esto sucede cuando remueve en sus recuerdos las duras experiencias que ha soportado en la mitad de sus 64 años de vida. Ella viste blusa, falda y zapatos de luto. Sus cabellos recogidos los cubre una pañoleta blanca en símbolo de paz, no más muertes y la pureza de los detenidos y desaparecidos.
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Foto: John Quintero |
“La lucha de COMADRES ha dignificando la memoria de todos los detenidos y desaparecidos”. |
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Con 23 años de ser enfermera en el Hospital de Maternidad, en San Salvador, Alicia se enrumbó en la intensa búsqueda de su hermano, detenido y desaparecido, después que en 1975 las fuerzas militares del gobierno, presidido por el coronel Arturo Armando Molina, repartiera muerte a los estudiantes que protestaban en la calle Rubén Darío. Los vaivenes de Alicia por las cárceles de El Salvador la hicieron palpar la dolorosa realidad que vivía su país. Entonces, se unió con seis madres que indagaban por sus familiares y empezaron a llevarles ropa, comida y medicinas a los presos políticos.
Los presos políticos necesitan que un organismo independiente cuide que las condiciones de detención sean aceptables y que sean tratados con humanidad y se les brinde la posibilidad de intercambiar noticias con sus familiares. A pesar de esto, las madres hablaron un día con un sacerdote y él les ayudó a ingresar las medicinas a una cárcel, porque el guardia no permitió que ellas lo hicieran.
Los medicamentos eran para un preso político, Gabriel, que había sido torturado con profundas laceraciones en el ano. “El 23 de febrero de 1977 supimos que el padrecito que nos había ayudado ahora era el Arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero”, dice Alicia, agradada. En diciembre de ese año, Monseñor Romero las ayudó a establecerse como el Comité de Madres (COMADRES).
Compromiso de vida
Alicia se comprometió más a buscar a los detenidos y desaparecidos y a defender los derechos de los salvadoreños, pero su vida y la de los suyos empezó a estar amenazada. El 10 de enero de 1978, su hijo de 12, fue capturado por la Guardia Nacional porque llevaba un Nuevo Testamento. Él viajaba en bus después de recibir una clase de catequesis. Lo desaparecieron.
Su hija, de 17 años, en 1980, fue capturada junto a cuatro muchachas al salir del trabajo en una fábrica de ropa. Ella fue la única sobreviviente, pero apareció con los dientes quebrados, sin uñas en las manos y pies, y violada. La joven quedó embarazada de una niña, quien nació en México, mientras estaba en condición de refugiada. Actualmente, la nieta de Alicia es estudiante en una universidad de Canadá, donde reside con su mamá. Ambos viajes fueron gestionados por el Padre “Tavo” y por COMADRES.
Respecto a las personas que no participan directamente en las hostilidades, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) prohíbe, en todo tiempo y lugar, atentados a la vida y a la integridad física o mental, por lo que además del homicidio están prohibidos también las mutilaciones, los tratos crueles, torturas y toda forma de pena corporal.
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Foto: John Quintero |
Mientras su recuperación en México, Alicia recibió apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). |
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Alicia tiene una viva memoria. Recuerda con exactitud fechas, nombres y eventos, como las tres noches que fue detenida, por llevar consigo una lista de desaparecidos salvadoreños, en una cárcel chilena mientras gobernaba el dictador Augusto Pinochet, en 1984. De ahí salió por intermedio del Arzobispado chileno. Ella cuenta su testimonio con voz suave, hace pausas en los momentos más conmovedores y continúa el relato con voz quebrada.
“Que el mundo viva en paz y que las futuras generaciones puedan vivir tranquilamente sin que hayan violaciones a los Derechos Humanos”, es el profundo deseo por el que vive Alicia. Por eso, es capaz de contar al detalle, y por más de tres horas consecutivas, su testimonio; a la vez que sus cortas manos ejemplifican en el aire momentos de mucho dolor.
Testimonio
El 9 de octubre de 1981, unos 20 hombres llegaron a su casa, mientras Alicia cocinaba el almuerzo. “Ahí comenzó el tormento”, recordó la madre con la mirada baja. En efecto, ella fue quemada con cigarros, fuertemente golpeada, ultrajada y violada, delante de su esposo. En ese momento, su niña de 10 años corrió fuera de la casa y escapó.
Alicia, vendada y atada de manos, fue obligada a abandonar la casa para recibir más tortura. Ella tenía cinco meses de embarazo y le golpeaban el vientre con patadas y con las culatas de los fusiles. Como consecuencia abortó y luego cuatro hombres la violaron. Además, estuvo amarrada a una cama de hierro por varios días, la sometieron a un cuarto frío y la encadenaron por el cuello.
Durante las tres semanas de cautiverio, siempre recibió choques eléctricos, inclusive en los pechos y la en la vagina. Antes, los torturadores le aclaraban que le hacían todo eso “por ser subversiva”. En conjunto, las 98 COMADRES archivaban casos de personas asesinadas, denunciaban actos de injusticias del gobierno, descubrían cementerios clandestinos y manifestaban abiertamente su descontento con las políticas que se estaban aplicando en los 80´s.
Ella siempre estuvo rezando para salir con vida y, sobre todo, para que no le pasara nada a su familia. Finalmente, la dejaron desnuda, atada y vendada en una calle donde unas personas cubrieron su cuerpo y la enviaron a su casa en un taxi. Varias semanas después, una parroquia, la Comisión de Derechos Humanos y el Comité de Madres le dieron ayuda económica para viajar a México, donde permaneció un año y siete meses en el Hospital de la Mujer. Los torturadores con los golpes le habían descompuesto un riñón.
Fe
Alicia mantiene la fe que adquirió en su natal Santa María Ostuma, departamento de La Paz. Cada martes se reúne con la comunidad cristiana a la que pertenece: Cristo Salvador. Y, día a día, da la Comunión a los enfermos del Hospital de Zacamil, en San Salvador. Alicia cree que sus familiares torturados y asesinados están con ella y que Monseñor Romero no la ha dejado sola en los momento más duros.
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Foto: John Quintero |
“No queremos venganza, sino que no se vuelva a repetir”, explicó Alicia García al público que presenció la grabación de su testimonio. |
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“Uno ya no atiende a lo que le puedan hacer, porque el daño ya es mucho”, aclaró Alicia. Un año después de la firma de los Acuerdos de Paz de El Salvador, en 1992, recibió la noticia que su hijo Juan Carlos, de 16 años, lo encontraron muerto con las manos quebradas y sin la piel del pecho y espalda. Él manejaba el pick up de Alicia y la acompañaba en los movimientos de COMADRES. Actualmente, uno de los asesinos está tras rejas salvadoreñas y los otros dos son prófugos en Estados Unidos. Esta madre está muy segura que el problema más grande de El Salvador es la falta de justicia.
La violación, prostitución forzada y cualquier forma de atentado al pudor, la esclavitud y la trata de esclavos en todas sus formas, así como las amenazas de realizar tales actos son prohibidas por el DIH.
Viajes
Alicia habla sin fineza, pero con seguridad por sus conocimientos de los derechos de las personas. Es serena y mantiene humildad a pesar de sus viajes por el mundo. Por medio del gobierno italiano, recorrió, durante seis meses, países como España, Bélgica, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra e Italia. En el Día Internacional de la Mujer (8 marzo de 1983), habló en el Vaticano con el fallecido papa, Juan Pablo II. “Me dieron 15 minutos y hablamos dos horas. Me preguntó de mi vida, la iglesia en El Salvador, los estudiantes, los campesinos, la guerrilla y un montón de cosas”, comentó Alicia.
Aunque hay una herida abierta, Alicia dice con ironía que está enferma porque nunca ha sentido odio por sus agresores. “Si uno tiene odio, uno mismo enferma su alma”, concluyó la abuela de 22 nietos y tres bisnietos.
Alicia está convencida que vale la pena luchar. Vivió fuertes momentos “pero todo esto por saber la verdad, por exigir justicia y el reparo de las víctimas”, manifestó y concluyó con una clarividente expresión: “Dura o como sea es parte de la historia y no se puede callar. Los jóvenes tienen que conocer esta parte de la historia”. |
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Memoria histórica en imágenes |
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Pro-búsqueda, en apoyo de la Pastoral Universitaria de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), realizó el pasado 9 de mayo, la filmación del testimonio de Alicia García. |
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Según el coordinador de la Pastoral Universitaria, Mario Trejo, no sólo se trata de saber de historia sino de humanizarnos con testimonios como el de Alicia. |
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El Jardín de Rosas, en el Centro Monseñor Romero, fue el escenario para la grabación. |
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Asistieron alrededor de 15 personas, la mayoría jóvenes. |
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Aún no hay fecha de publicación del material videográfico que constituye parte de la memoria histórica de El Salvador. |
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