Tiendas ofrecen comida hecha a la clase trabajadora
Sandra Quintanilla
Redacción
La nueva realidad económica de El Salvador, basada en una mayor apertura a la inversión externa, a través de la llegada de asociaciones empresariales como La Fragua, de la cadena internacional Wal-Mart, condujo a dueñas y dueños de tiendas a un cambio de estrategia. El reto es grande.
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Foto: Sandra Quintanilla |
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La Calle Rubén Darío del Centro Histórico de San Salvador, es una de las calles con mayor cantidad de vendedores informales. |
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Casi a diario, las grandes empresas lanzan novedosas estrategias comerciales, como rifas y diversas promociones para atraer al consumidor salvadoreño. Esto hace que pequeños comerciantes surtan las tiendas con artículos que sí buscarán en el vecindario. “Hoy tengo que salir a buscar los precios más bajos, para que los clientes no se vayan”, mencionó Matilde Delgado, de 58 años de edad, quien ofrece productos de primera necesidad en las cercanías del centro de Santa Tecla, departamento de La Libertad.
Hace un par de décadas, las necesidades de consumo de la sociedad salvadoreña estaban limitadas a las tiendas de barrio, las ferreterías o a la farmacia más cercana. Eran pequeños negocios donde los clientes podían encontrar de todo un poco y recibir el servicio personalizado del dueño del local; además, contaban con las facilidades de pago, gracias a la típica frase: “Anóteme en la lista”.
Otras ventajas que tienen las tiendas pequeñas son la comodidad y la cercanía a las residencias. De esta manera, el cliente evita los problemas de tráfico y parqueo que suponen el acceso a un supermercado. Pero el contraataque de las grandes cadenas ha sido fuerte, y con dos buenas armas: precios más bajos y variedad de productos. De acuerdo al informe “La sostenibilidad versus el alcance a la pobreza en microfinanzas”, de William Bonilla, t ampoco se pueden olvidar las estrategias publicitarias, que logran atraer a muchos consumidores¹.
“Antes se vendía bastante, hoy ni alcanza para surtir la tienda”, aseguró Matilde, mientras atendía a una persona que le compraba huevos, aceite y papel de baño. “Hace unos 20 años, el negocio dejaba utilidades que me permitieron poner a mis hijas a estudiar; cosa que hoy, con mis nietas, veo difícil”.
El desequilibrio
“Una sociedad en la que una pequeña minoría de individuos mejora sus condiciones de vida, pero el resto de la población no consigue mejorarlas, no es una sociedad que se desarrolla. Aun cuando pueda ser una sociedad que crece económicamente”, explicó el especialista de mercado Carlos Reyes, al referirse a la desventaja que tienen los negocios de la gran mayoría frente a las grandes cadenas.
Las tiendas están ubicadas cada dos cuadras en las colonias más populosas de San Salvador, y cada una responde a las distintas necesidades de la gente. A pesar de esta cercanía, operan con diversas formas de distribución, y por tanto, de funcionamiento. En consecuencia, los supermercados fácilmente puedan sacarlas del paso. Si esto sucede, Reyes afirma: “(Será) a un alto costo, pues supone el desaparecimiento de una de las fuentes de ingreso de muchos salvadoreños”.
En El Salvador, se considera que las empresas comerciales contribuyen a la sociedad con el intercambio de productos de calidad, y con la satisfacción de las necesidades de los consumidores. Además, el informe de Bonilla indica que promueven la creación de empleos, y aportan al fisco. En cambio, en medio de la competencia, las ventas de las tiendas han visto caer sus ingresos hasta en un 45%, según la comerciante Matilde. Su nieta, Karla Delgado, dice: “Hoy nos toca cocer frijoles para que la gente que viene de trabajar solo los pase comprando, para que no cocine. Vendemos desayunos, y algunas veces almuerzos”. Matilde comparte la visión de Karla: “A la gente le gusta porque pueden comprar cantidades pequeñas. Muchos compran lo que van a consumir ese día, con lo que ganan a diario”.
Reyes aplaude el ingenio de las pequeñas comerciantes, ya que por ahora, las tienditas siguen cubriendo las necesidades y caprichos de los consumidores arraigados a la cultura popular del país. Estos negocios han encontrado soluciones para mantenerse, “a pesar que su trabajo se ha visto incrementado por la ingeniosidad de los productos y búsqueda de mejores ofertas”, afirma el especialista. |
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