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UCA recibe alumnado con deficiencias académicas

Por: Margarita Salguero
Periodista

A la falta de hábitos de estudio, apatía hacia la lectura, problemas de redacción y ortografía son dificultades que presentan ciertos estudiantes al ingresar a una formación superior. Esta es una realidad que enfrentan los catedráticos y catedráticas de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), al impartir materias en los primeros años de las carreras.

Foto: Margarita Salquero

El personal docente sostiene que el ingresar a la universidad a una edad temprana influye en el rendimiento académico de los y las estudiantes. .

“No asisten a clase, no van preparados con los libros”, afirmó Roxana Beltrán, encargada de la asignatura de Redacción para las carreras de Psicología, Comunicaciones e Ingenierías.

Pero Alexander Quinteros, alumno de primer año en Ingeniería Eléctrica, sostuvo que siempre que sale de su casa se asegura de llevar consigo “todo lo necesario para recibir las materias del día”.

Guillermo Figueroa, catedrático de Matemática I y II, de la Facultad de Ciencias Económicas, también explicó que las deficiencias que presentan “no es sólo culpa de ellos, sino de los centros educativos de donde provienen.” A su criterio, no les imparte un conocimiento de nivel ni concluyen los programas de estudio.

El grado de exigencia del curso preuniversitario para ingresar a la UCA es otro factor que incide en el bajo rendimiento académico, según Beltrán, porque sólo se convierte en un requisito para asignar una carga académica. Ante esto, los y las jóvenes asumen como innecesaria una buena calificación en ese momento.

“Yo entré a la UCA, porque quiero superarme. Si no empiezo bien desde el principio, se me van a dificultar después las cosas en el camino”, dijo con seguridad Ivania López, de 18 años, alumna de primer año de Economía, quien aprobó el curso con notas satisfactorias.

Lo ideal sería que la nota obtenida determinara el ingreso a la universidad, para que los nuevos aspirantes se aplicaran más en las contenidos, reflexionaron los profesores. La nota promedio en las distintas evaluaciones es de 6 y 7, de acuerdo a los catedráticos y catedráticas que imparten las asignaturas en el curso preuniversitario.

Por su parte, Figueroa aseguró que los y las estudiantes que traen bases mediocres logran aplicarse y superan con satisfacción las debilidades. Como Jessica Meléndez, de 20 años, en el segundo ciclo en Economía. Ella se graduó del Colegio María Auxiliadora, de San Salvador. “En los primeros exámenes salía mal. En mi colegio me gustaba bastante la matemática, pero no me la enseñaron como debía ser”, aceptó la joven. Esta situación la llevó a aclarar sus dudas y asistir a las instructorías para obtener mejores resultados.

Un mayor esfuerzo

Superar las dificultades que traen consigo las nuevas generaciones de los universitarios exige de los catedráticos más trabajo. “Tengo que llevar textos creativos a la clase. Investigar sobre lo que más les gusta para que los temas se impartan de manera personalizada”, comentó Beltrán.

Figueroa demuestra a su alumnado que la matemática no es complicada: “Trato de que la enseñanza-aprendizaje sea una experiencia agradable”.

La Coordinadora del Profesorado a Distancia en Chalatenango, Carmen del Cruz, consideró que es necesario plantear una reforma donde el docente organice grupos de discusión y trabaje en redes para formar de manera integral a los escolares durante el plan básico.

“Yo noto en ellos (los y las estudiantes) un mayor dinamismo, un deseo de salir adelante”, expresó María Esther Chamorro, catedrática de Introducción al Lenguaje de Comunicación Social. En cambio, Beltrán considera que el hecho de que los jóvenes ingresan a la universidad entre las edades de 15 a 17 años interfiere con su rendimiento académico, porque todavía no han madurado lo suficiente: “Están en una etapa aún de descubrimiento”.

Según la Dirección de Informática, anualmente a la UCA ingresan 825 alumnos y alumnas. La mayoría (34.9%) solicita ingreso a los 17 años. En segundo lugar, se ubica un 28%, cuya edad es de 18 años. El 59.8% proviene de colegios privados católicos; 19.2%, de colegios laicos y un 21%, de escuelas públicas.

Agustín Fernández, autor de “Cómo aprender a estudiar y aprender con eficacia”, afirma que en este proceso interviene tanto el profesor como el alumno. “A todos nos gusta aprender, pero no a todos nos gusta estudiar...”, señala el profesional. El defiende que una guía constante es necesaria para motivar al estudiante, sin embargo el docente también reclama un alumnado con ganas de estudiar.

 

 

 

 

 

Un estudiante de primera clase
 

Adquirir los conocimientos para enfrentar la vida cotidiana debería ser un reto para todo universitario. He aquí el perfil necesario para ello:

•  Protagonista de su aprendizaje.

•  Autonomía en el proceso de aprendizaje.

•  Capacidad de dialogar y trabajar en equipo.

•  Capacidad de participación.

•  Motivación y fuerte autoestima.

•  Curiosidad e interés por la investigación.

•  Dominio de las técnicas y estrategias de aprendizaje.

Fuente: Cómo aprender a estudiar y aprender con eficacia, Agustín Fernández, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, C.A, 1999.

   
 
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