Ancianos dicen: “Estoy para servirle”
Por: Nataly González
Periodista
Rosa de Ayala, de 63 años, como todos los días sale de su hogar a las 8:30 de la mañana, rumbo a su lugar de trabajo; encomendando su vida al creador, aborda el autobús que la llevará a su destino: el supermercado de Hiper Mall, las Cascadas, en la carretera panamericana y la avenida Jerusalén. Su máxima fuerza es servir a los demás, y ganar su dinero honradamente, aunque esto le cueste un desprecio.
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Foto: Nataly González |
Rosa de Ayala, es una de las catorce empleadas del proyecto esperanza, destinado alos adultos mayores |
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En el capítulo 20, versículo 29 del libro de los proverbios, de la Biblia se lee : “La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez” Eso, es así, llegar a una edad pasada de los 60 años, es de mucha admiración, respeto y como dicen por allí “las canas son de sabiduría”.
Mientras suena en los parlantes de todo el supermercado “Te extraño, porque vive en mi tu recuerdo, te olvido a cada minuto lo intento…” la canción de Ricky Martín, Ayala, con tono suave hace su oferta “¿va a pasar la carreta?”, mientras espera la respuesta de una señora de porte promedio, y con gafas obscuras, comienza a empaquetar los productos que “Paty” la cajera va “chequeando”.
“Estoy para servirle”, se lee en las camisas de color blanco de siete adultos mayores que hacen todos los días, la misma tarea, servir como empacadores para ganar unas cuantas monedas en virtud que sus pensiones no cubren todos sus gastos.
“El dinero no me alcanza, soy sola y mantengo una hija, aquí me pagan por cuatro horas y me sale más dinero cuando la propina es buena”, sostiene Irma Servellón de 68 años.
Cabizbajos, muy cansados, rostros con arrugas y el reflejo de manchas en la piel por el pasar de los años, y bajo la consigna de que en la vida “hay que ser útil” los adultos mayores sin mayor dificultad desarrollan su trabajo y se convierten en un ejemplo para muchos jóvenes.
No todo es un lecho de rosas
“Llevo dos meses de trabajar aquí, a veces el maltrato de las personas es insoportable, no mas hay que aguantarse, ya que la necesidad nos hace callar” dice Servellón.
Nadie se da cuenta, pero una mala mirada, una voz exigente o simplemente un “no tengo monedas” representa para estos servidores pasar un mal día.
Pero la esperanza es lo último que se pierde y siempre están a la espera que un cliente más “bondadoso”, se presente y les haga recobrar el optimismo, y así, juntar su pasaje para el regreso a casa o guardarlo para su cafecito de la tarde.
“Sigo trabajando porque en mi casa hay necesidades, y yo no quiero ser una carga para mis hijos, suficiente con que me aguanten” explicó Raúl Guardado, otro de los empleados de empaques quien ya pasa de los sesenta años.
Con ese comentario solo se viene a la mente aquella canción tan sonada para el día del padre “Viejo mi querido viejo, ahora ya caminas lento como perdonando el tiempo” con la cual muchos lloran, otros ríen, al celebrar con sus padres ese día.
En ese ambiente y con esta lección de que “si no trabajas no comes” o “la necesidad nos lleva a trabajar” se puede asegurar, que cuando se visite el “súper” y aparezca uno de estos laboriosos señores y señoras vestidos con su camisa blanca y el letrero que dice: ¿le puedo ayudar en algo? o “estoy para servirle” se le responda con mucha alegría y respeto, o simplemente diciendo “gracias”. |
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Cuando se llega a la vejez |
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Cuando la vejez ingrata
arranca nuestros cabellos,
o va colocando en ellos
débiles hilos de plata.
Cuando la vista perdida
vaga en vano por doquiera,
buscando la primavera
venturosa de la vida.
Cuando el hombre en fin su incierto
rumbo sigue, y triste ve
que tiene bajo su pie
un hondo sepulcro abierto.
Si algún anciano doliente
cruza por tu lado un día,
¡descubren, hijos míos,
las arrugas de su frente!
Nunca con frases livianas
muevan el labio indiscreto,
nunca falten al respeto
que se merecen sus canas.
Si hoy con intento egoísta
apoyo al viejo negamos,
cuando en su edad nos veamos,
¿quién será báculo vuestro?
Iralda Cousín |
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