Simple: porque soy mujer
Por
Loyda Salazar
Periodista
¿Por qué los hombres creen que daría mi preciada vida por ellos? ¿Quién, en estos tiempos, alimenta su ignorante pensamiento? No entiendo cómo es posible que a estas alturas de la vida los hombres piensen que lo único que queremos las mujeres al llegar a cierta edad es “jugar a la casita” con ellos. Que mi madre me enseñó a “ser mujer”, es cierto. Sé como ser la mujer que esperan, pero no quiero serlo. Conozco el papel, pero no me interesa interpretarlo.
Qué tan difícil puede ser comprender que no quiero ser el pez grande en un estanque pequeño, sino el pez pequeño en un estanque gigantesco, que apenas y acabe de descubrir. No quiero ser la “barbie”, llena de mil accesorios que sólo sirven para dibujar una fantasía. Y aunque la fantasía pudiera cumplirse, simplemente no lo acepto. No me vendo. No espero pasar el resto de mi vida metida en una casita de cartón de las que fabrican ahora, o en un mini castillo rodeada de inseguridad y soledad. Estoy apenas descubriendo el mundo. Empiezo a extender las alas y a sentir que la leve brisa que sopla en este país puede, a partir de mi esfuerzo, transportarme a lugares donde el viento sopla fuerte y hay suficiente espacio para extender las alas y volar. Y si de algo estoy segura, es de que puedo hacerlo sola.
No necesito a nadie que me contagie sus temores e inseguridades. Para eso estoy lidiando con los míos. No quiero gastarme la vida peleando con quien nunca reconocerá mi lugar. Esa no es mi lucha. La mía es más grande. Mi lucha consiste en demostrarle a la sociedad y a todos ellos que sí puedo vivir sin ser dependiente. Establecer relaciones serias, sin juegos, prejuicios y sesgos, pero marcando una diferencia significativa entre ellos y yo: sin caer en el mal hábito del instrumentalismo. Sin tretas y juegos maliciosos que sólo buscan un momento de desahogo.
¿Qué si soy feminista? Pues, no. Simplemente soy una mujer. ¿Qué busco? Respeto. Espero que algún día esta sociedad salvadoreña, impregnada de un machismo decadente y retrogrado, reconozca mi capacidad intelectual y los conocimientos que poseo. Quiero que esta que es mí sociedad aprenda a aplaudirle a mi género de la misma forma que le aplaude al otro. Quiero que dejen los hombres de mirar a la mujer como a un objeto. Que dejen de aplicarnos las normas del mercado y que paren de comercializar nuestros atributos.
ero cómo cambiar si social y culturalmente validan la forma como nos tratan. A temprana edad se me enseñó a servir. No culpo a mi madre, a ella también le enseñaron. Pero no pretendo cometer el mismo error. La guerra se gana con pequeñas batallas. Alguna recompensa habrá si en el futuro rompo cánones y enseño a mis hijos a vivir esta vida de otra manera. A reconocer que el servilismo sólo trae beneficios para el que está arriba. A entender que darle su lugar a las personas no implica perder la propia posición. Que sepan que el respeto a los demás es la base para construir relaciones sociales. Que los extremos nunca han sido del todo buenos. Que no hay buenos ni malos. Blanco y negro. Fuerte y débil. Hombre y mujer. Que somos personas con necesidades, deseos, aspiraciones, inteligencia, conocimientos, actitudes, disposiciones y predisposiciones particulares. Que no todos podemos ser medidos con la misma vara. No es justo. No es posible.
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