La era del robo de identidad
Por
Cecilia Morales
Periodista
El robo de identidad se ha vuelto un crimen cada vez más común durante los últimos años. En El Salvador, a pesar de que las leyes estipulan la protección de la información personal de los ciudadanos, no existe una ley especial que garantice la seguridad de éstos.
Hace ocho meses, Humberto P. comenzó a recibir llamadas de bancos y de tiendas para cobrar préstamos y compras a crédito que había realizado. El problema es que Humberto nunca realizó ninguna de esas transacciones, y tampoco se imaginó que el robo de su billetera pudiera llevarlo a una serie de problemas legales que aún no acaba de resolver.
En septiembre de 2007, a Humberto le robaron la billetera cuando caminaba frente a Metrocentro. “Todo iba en esa cartera: mi DUI, NIT, carné del seguro, una tarjeta de crédito, hasta una foto de mi familia. Y yo que pensaba ¿para qué van a querer mis documentos?”.
Con documentos falsificados, los estafadores realizaron compras y tramitaron préstamos bancarios a su nombre. “Los documentos tenían toda mi información, sólo la foto le habían cambiado. Con eso fueron a los bancos y a otros lugares a hacer trámites a mi nombre”.
En auge
El robo de identidad es un crimen que ocurre cuando la información personal de un individuo es utilizada sin su conocimiento para cometer fraude u otros crímenes. Aunque las medidas de seguridad de los documentos de identificación se vuelven más sofisticadas, también mejoran los métodos de falsificación.
Este tipo de situaciones se vuelve cada vez más frecuente. Según la Comisión Federal de Comercio (Federal Trade Comission, FTC), en Estados Unidos 8.5 millones de personas sufrieron de algún tipo de robo de identidad con fines fraudulentos.
En El Salvador no se tienen datos concretos respecto a esta situación, y temas como la protección de información privada no tienen mucha difusión.
Sin leyes claras
Carlos Ramírez, abogado especializado en temas de fraudes, explicó que en 2004 se reconoció la autodeterminación informativa como derecho fundamental de todos los salvadoreños. Esto consiste en la protección de los datos personales de los ciudadanos y las ciudadanas.
Este reconocimiento permite que un ciudadano se acoja al proceso de amparo si sus derechos constitucionales han sido violados. Sin embargo, este no ha sido efectivo para garantizar la autodeterminación informativa de los salvadoreños.
Casos como la venta de bases de datos de salvadoreños en 2003 por parte de la compañía INFORNET no fueron suficientes para la formulación de la ley especial que protegería la información privada de la ciudadanía.
El problema, explica Ramírez, es que existen vacíos legales que no impiden que suceda el fraude y el robo de identidad. “El ciudadano está desprotegido ante la mala utilización de sus datos. Por eso se necesita una ley especial, para cubrir los vacíos legales, sobre todo con la utilización de las nuevas tecnologías. Debería ir de la mano con una ley de crímenes cibernéticos”.
Instituciones como la Fundación para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) han propuesto un anteproyecto de ley para la protección de datos personales y de la confidencialidad de los individuos. En esta se definen conceptos como la información confidencial y el derecho a la privacidad personal y familiar, y señala a las instituciones públicas como responsables de la protección de este derecho.
Crimen informático
Rosa Quesada, de 39 años, vive en Los Ángeles, y hace un año estafadores realizaron compras a su nombre por un valor de 15 mil dólares. Ella sufrió de otro tipo de robo de identidad. Su información personal, incluidos sus números de tarjeta de crédito, fueron robados por medio de Internet.
“Cuando me llegó el estado de cuenta me aparecían compras que supuestamente había hecho en otros estados. Había comprado electrodomésticos, supuestamente. ¿Cómo iba a probar que no fui yo?”
Rosa explicó que en Estados Unidos se tiene muy presente el concepto de privacidad (privacy), que el diccionario de la Real Academia Española define como el "ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión". “No se refiere sólo a la intimidad, a las cosas personales. Se refiere también a la información que nos identifica y al derecho que tenemos de permanecer anónimos si queremos”, dijo Rosa.
Tanto a Rosa como Humberto se les robó algo muy difícil de recuperar: la privacidad, la credibilidad ante las instituciones, y su propia tranquilidad. Como ellos, los salvadoreños se encuentran vulnerables entre un vacío legal que no protege por completo su privacidad, y la falta de información y educación con respecto al uso de sus datos personales.
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