Un golpe de "Hachadura" para los repatriados
Por: Frederick Meza
Periodista
Cuando el inmigrante salvadoreño se baja de su transporte, después de su largo viaje por alcanzar su ”American Dream”, lo primero que advierte es un paisaje desolado, árido... un calor insoportable. A esto se le agrega un río profundo, sucio que divide dos países. Además, un paso fronterizo con policías y agentes de migración. ¿Será el desierto de Arizona? No. Es el desierto de Arizona. Se trata de la frontera de la Hachadura, en el departamento de Ahuachapán, en donde llegan los repatriados procedentes de México. Este escenario se vuelve burlesco, una paradoja, para los inmigrantes que esperan ver este paisaje en otro lado, con otro propósito.
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Foto por Frederick Meza |
Familiares esperan al autobús en donde vienen los indocumentados salvadoreños, detenidos en México. . |
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Tanto los repatriados como sus familiares que les llegan esperar, tienen en la frontera un panorama que obliga a reflexionar cuan provechoso fue el viaje hacia “el Norte”.
Marta, José y Miguel son parientes de deportados y se encontraban en el paso fronterizo con un solo y fuerte propósito: esperarlos hasta saber que se encuentran con bien. Habían partido con el sueño de ir a Estados Unidos, pero su deseo fue truncado en México, en donde les detuvieron. Ahí estuvieron presos durante 10 días, y luego de solventar sus trámites de extradición, les traerían en un autobús procedente de Tecún Uman, frontera entre Guatemala y México. A sus familias les habían avisado que este día (26 de abril) llegarían.
Marta Vega, de 21 años, hermana de dos repatriados, es originaria de la Costa del Sol, departamento de La Paz. Ella estaba desde un día anterior, porque desconocía en qué bus vendría sus seres queridos. “Mis hermanos partieron hace 15 días hacia California. Pero anteayer (lunes 23 de abril 2007), nos hablaron que lo habían detenido. Desde ayer lo estamos esperando, pero no ha venido. No sé qué ha pasado”
No solo ella desconocía qué pasaba, pues los encargados del Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) tampoco sabían nada. Ellos comentaron que estaría difícil que llegara el bus, porque había huelga del sector magisterial en Guatemala, y eso atrasaría el viaje. El día anterior, el automotor se había retrasado por esa misma situación.
“Los autobuses llegan entre las once y una de la tarde. Todos los días vienen uno o más.” explicó Luis Rodríguez, encargado de Comunicaciones de DGME. Los encargados de Inmigración y la División de Fronteras de la Policía se encargan de recibir a los deportados. “Los inmigrantes no se les detiene, ya que ellos han sido capturados por ingresar ilegalmente, no por ningún delito”.
El calor sofocante en este paso fronterizo forjaba con más profundidad la espera de los parientes. José Cañas, habitante de la ciudad de Apopa, al norte de San Salvador, espera a su prima que partió con destino a Houston, Texas. “Ella tiene 25 años, pero no conoce por acá. Si el autobús no viene, pues acá voy esperar hasta que venga. No me importa quedarme a dormir”, comenta Cañas, quien también ha viajado a Estados Unidos.“Yo estuve desde 1992 hasta el 2003. Allá yo tengo trabajo, soy cocinero de un restaurante chino”.
Cañas ha viajado de tres veces de ida y regreso, y recoge en su recuerdo los vejámenes y violencia que sufren los y las compatriotas en su viaje: “Encontrás calzones tirados en el camino. Manos, piernas mutiladas, sangre... toda clase de cosas feas. Para una cipota es muy canijo ver esto, se querrá regresar”, decía en remembranza a su prima. Mientras, Marta, quien está a un lado, mueve su rostro en señal de pensar igual, pues ella también ha viajado. “Yo decidí irme con una amiga, pues acá tenía problemas familiares. En el camino, los policías te quitan el dinero, te estafan.” A la joven la detuvieron en cinco ocasiones seguidas, dejándola sin dinero, y no tuvo más remedio que ir a la oficina de Inmigración. “Ellos –Inmigración- me detuvieron por quince días. Ahí nos entrevistaron, y por no tener papeles no nos trataron bien.”
Estos ex inmigrantes también dicen que el camino de regreso vía terrestre también es duro. “Si bien no te traen maneado, no te permiten parar, siquiera, y es duro venir sentado por 12 horas”, dice Cañas. “Te tratan –los agentes de migración- como delincuente, aunque no lo fueras. Te dicen que no estás en una cárcel, pero vos oís cuando cierran los cerrojos, las cadenas de las puertas... No te permiten hablar, te tienen encerrado y la comida es diezmada. Es terrible.”
Miguel González, otro familiar de repatriado, espera a una prima –María González- a quien también la capturaron en México. “Nosotros hicimos un sacrificio para enviarla. Queríamos que estuviera mejor. Ahora, no sabemos cómo estará. Estamos preocupados,”, dice consternado Miguel.
Se trató de comunicarse con las autoridades de Migración y Aduanas de la ciudad de Pedro de Alvarado, Guatemala, sobre el destino del autobús, pero estos también desconocían su paradero. |
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Todos los repatriados que llegan a la frontera de la Hachadura vienen directamente de México.
Los departamentos de Migración de México en conjunto con El Salvador, hacen los trámites de deportación.
En el año 2005, regresaron 11, 550 indocumentados.
En el año 2006, en la frontera La Hachadura, llegaron 9 mil 24 deportados.
En este año, se ha tenido una reducción de un 20% en relación a los primeros trimestres de los años pasados.
Cada día llegan dos autobuses, con alrededor de 50 a 100 inmigrantes.
A los indocumentados no se les retiene: no mas llegan a El Salvador, son dejados en libertad. |
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