El talento infantil se ahoga en el país
Por: Johnny Benítez
Periodista
Quienes trabajan con niños en el fútbol hablan que El Salvador es próspero en jugadores habilidosos. Ante esto surge la duda sobre la canalización de ese talento, porque actualmente ocupamos el puesto 135 en el ranking de la Federación Internacional de Fútbol, producto de la escasez de resultados positivos en competencias internacionales.
 |
Foto: Johnny Benítez |
Hacia dónde va el fútbol depende de hacia dónde se trabaje con los jóvenes. Argentina y Brasil exportan jugadores de tan sólo 16 años hacia las mejores ligas europeas |
|
Óscar López, de diez años, cursa el sexto grado en el colegio San José de Santa Ana. Acude a entrenarse tres veces por semana. Sus instructores aseguran que tiene “talento nato” para el fútbol. No obstante, el joven deportista comenta: “Yo quisiera algún día jugar en el FAS, pero mis papás dicen que mejor piense en estudiar”.
Esta historia es común, según Julio Alvarado, entrenador de Óscar. En sus más de diez años como profesor de deporte ha sido testigo de muchos casos similares. Y es que para el docente, uno de los factores que hacen más difícil el trabajo con niños son los padres y madres de familia.
Alvarado asegura que el principal promotor de que el deporte no se vea como parte integral en la formación del niño son los mismos papás y mamás.
“Lo primero que hacen cuando sale mal en las notas es quitarle el deporte,” cuenta el preparador. Incluso considera que son capaces de convertir la motivación en presión para sus vástagos: “muchas veces, quieren que el hijo sea lo que ellos no fueron como deportistas, y le exigen de forma poco pedagógica lo que hace más daño que bien al cipote”.
Pero este no es todo el problema. Las condiciones económicas, la falta de recursos, apoyo e infraestructura adecuados tienen influencia en el desarrollo de los talentos. “Los muchachos con mejores condiciones económicas dejan de jugar, porque para sus papás el fútbol no tiene futuro. Para aquellos con más dificultades, el problema es que deben dejar de jugar, porque tienen que trabajar o ayudar en sus casas”, dice Alvarado.
El “hobby”
Carlos Martínez, de 44 años, instructor deportivo del Liceo Latinoamericano de Santa Ana, agrega que junto al factor socio económico de los pequeños en nuestro país no se cuentan con suficientes canchas, para poder explotar el talento y el entusiasmo propios de la edad. A esta circunstancia, le añade que el fútbol en general es visto “como un hobby” y, por lo tanto, no cuenta con recursos ni apoyo para las divisiones inferiores.
Eduardo Salala, encargado de las divisiones inferiores del equipo Alianza, en San Salvador, es más específico sobre este último punto. Para el “profe”, quien tiene bajo su dirección cerca de 50 jóvenes, la situación llega a tal grado que los directivos del Club lo dejan trabajar en total libertad, porque “a ellos no les interesan las divisiones inferiores”.
El trabajo está pensado hacia el domingo que hay partido, y los recursos van en función de los títulos. Nadie invierte para el futuro. De hecho, el equipo “albo” posee cuatro categorías inferiores, de las cuales tres son campeonas de los torneos en los que participan. Pero “los jugadores sobresalientes de dichas categorías no son observados ni tomados en cuenta por el primer equipo”, expresó Salala. Es mas, el sitio web del equipo no dedica ningún espacio a divisiones inferiores.
Ante este desalentador panorama, Martínez asegura que la solución se puede dar por pasos, y estos no son tan complicados como se cree: “Con 20 mil dólares podes tener las divisiones inferiores de todos los equipos. Le pagas 2 mil dólares a cada técnico de los 10 equipos, y vas a tener en cada sede más de 30 ó 40 jóvenes que serían potables para la institución”.
Afirma que sin organización no se puede abordar este problema que tiene tantas causas. “Es lógico que la gente pierda la confianza en el fútbol cuando no ve organización. Por eso es que a los 13 ó 14 años se pierden los talentos. Ahí es donde los papás te marcan el límite”, afirmó Martínez.
Tampoco escapa a la crítica de los entrevistados el estereotipo creado del jugador de fútbol, que se deja llevar por la juerga y la bohemia. El caso más emblemático que se conoce: Jorge “Mágico” González.
El deporte rey en el país parece estéril al progreso, ya que factores como motivación, apoyo, organización, orientación y recursos no aparecen en el camino de la formación de los niños. Ellos tienen el potencial para ser futbolistas profesionales y al mismo tiempo personas íntegras que den orgullo a El Salvador. Los que trabajan con la niñez lo saben: el talento nace y se encuentra, pero con el paso del tiempo se ahoga y se desperdicia. |
 |
|
| |
La gestación de la nueva generación de jugadores exige una alianza entre la familia y los clubes de fútbol
-Apoyo positivo de los padres y madres de familia.
-Evitar la ansiedad de triunfo en las competencias, ante todo el deporte se debe disfrutar.
-Más espacios para la práctica y el entreno.
-Apoyo de las estructuras profesionales del fútbol a las ligas inferiores.
-Fomentar la disciplina y la responsabilidad como llaves del éxito. |
|
| |
|
|
| |
|
| |
|
|