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El progreso de la desigualdad

Por: Lorena Juárez
Periodista

“Los pobres son pobres porque quieren, que trabajen mucho para no ser pobres”, detrás de este mito popular hay un sistema estructurado que también colabora para que unos ganen y otros pierdan. La pobreza es más que una actitud mental.

Foto:Lorena Juárez

El anhelo de “salir adelante” lleva a muchos salvadoreños a trabajar más de dieciséis horas diarias.

René Monterrosa comenzó a trabajar como vendedor de casetes en la calle. Con los años, su ingenio y trabajo lo han llevado a ser gerente de una empresa que distribuye pintura. Se casó, tiene dos carros, dos casas, su esposa y dos hijos. Moterrosa siempre sigue un lema: “Hay que trabajar duro para llegar lejos”, y lo ha logrado.

La receta se ha cumplido: el trabajo duro es recompensado. De esta y de mil historias más se alimenta nuestra sociedad. El concepto de progreso está más claro hoy que nunca: la manera para llegar lejos es trabajar mucho.

Pero el trabajo no es la única vía para progresar, tiene que ver con el contexto en sí. Según el estudio de Desarrollo Territorial en la Política Salvadoreña (2006), en San Salvador la tasa de analfabetismo en mayores de 15 años es de7.1%, no así en Morazán que es del 33.8%, ¿qué departamento puede tener mejor proyección en educación para obtener un empleo?: San Salvador. La oportunidad no es igual para ambos territorios, tiene que ver con el número de escuelas en el municipio y la calidad de la educación. Por otro lado, los niveles de pobreza en Morazán son de 55.3%, y en San Salvador 24%.

Los indicadores demuestran que en el territorio hay distintas maneras de ver la desigualdad. Pero la percepción en la calle es otra. Blanca Marlene Díaz se levanta temprano todos los días para vender pupusas, comenta: “Sí hay mucha desigualdad, pero igual, uno tiene que trabajar mucho. Delante de Dios todos somos iguales. Si nosotros no trabajamos para producir lo que ellos comen, quién más lo haría”. Lilian Vega, jefa del departamento de Economía de la Uca , ubicada en San Salvador, explica que este pensamiento viene de la economía del libre mercado: “Tú puedes hacer lo que quieras, lees las historias de éxito de el:Economista y lo crees. Las personas sienten inconsciencia. No les pasa por la mente que es falta de oportunidades”.

Vega asegura que todo el contexto fortalece este pensamiento individualista que busca que cada uno se supere. Las instituciones y los medios de comunicación también son responsables, a juicio de Vega, de que este discurso sea predominante.

El sociólogo Ernesto Martel, quien trabaja en desarrollo local con la ONG FAVEMYPE, afirma: “No creo que el destino de las personas sea ser pobre, es una construcción social y económica. La desigualdad no es un asunto que se tenga que trabajar para deshacerla, tiene que ver con cómo está organizado el sistema comercial”.

Martel cuestiona que el progreso tenga que ver con una actitud mental, como hasta ahora muchos de los sectores de la población lo conciben y lo viven. Así, el aliciente para esforzarse es llegar a ese nivel de vida que se ve en los comerciales o en las revistas. Concebir como normal el funcionamiento del sistema ha llevado a avalarlo. Vega sostiene: “La sobrevivencia hace que se avale el sistema, si no, no sobrevivís. No hay manera, o lo validás porque te va bien, o lo validás porque si no te morís”.

Pasar la frontera

El Informe de Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), afirma que las remesas son un factor importante que ayuda a aminorar la desigualdad que existe en El Salvador. Según el informe, en 2006 se recibieron unos $3,315 millones en remesas, “si estos hubieran sido divididos entre la línea internacional de extrema pobreza de $1.08 habría sido suficiente para sacar de la extrema pobreza a poco más de 5 millones de personas”, pero este es un caso hipotético. Porque no son los más necesitados los que reciben remesas, es apenas un 5.7% de los hogares que sí la reciben, de un total de 22.3% a escala nacional. El informe asegura que “de no ser por las remesas, El Salvador sería no solo un país con más población en situación de pobreza, sino más desigual”.

Martel explica que solo pensar en la cantidad de personas que diariamente migran de El Salvador es un signo alarmante de desigualdad. “Un sistema que hace que se vayan unas 700 personas al día te dice algo. No es que tengas que ahorrar ni que tengas que cambiar de actitud, aquí lo que hay que cambiar es otra cosa.”

La concentración de la actividad económica, el acceso al servicio público y la concentración de la población en los sectores son solo algunos indicadores de una desigualdad aparente.

“La pobreza es una condición mental y psicológica: puesto que el grado de decoro se mide por los estándares establecidos por la sociedad, la imposibilidad de alcanzarlos es en sí mismo una zozobra, angustia y mortificación”, según Zygmunt Barman (1999).

Perseguir ese nivel de vida empuja a los trabajadores a esforzarse aún más. Martel matiza que el discurso lo que hace es que “la gente tenga otro pensamiento, es echarle a las personas toda la responsabilidad de que es responsabilidad de ellos, que la gente asuma que es su responsabilidad estar como están”.

René Monterrosa se levanta temprano para trabajar, casi no descansa; sin embargo, dice que todo vale para que sus hijos tengan lo que él nunca ha tenido y él trabaja por ello.

 

 

 

 

Brecha

 

El coeficiente de Gini es la medida de la desigualdad. Se mide de 0 a 1. Cero corresponde a la completa igualdad y uno la completa desigualdad.

Gini mundial: 0.4

Gini Latinoamérica: 0.47

Gini El Salvador: 0.52 (2002)

 

   

Cita

 

“La sobrevivencia hace que se avale el sistema, si no, no sobrevivís”. Lilian Vega, departamento Economía de la UCA.