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La danza también es profesión

Por Ana Posada
Periodista

Ante la falta de recursos económicos, a veces es difícil que los apasionados a la danza decidan tomarla como una opción de vida profesional y ven en otras carreras un exitoso futuro monetario aunque eso implique sacrificar sus sueños.

Foto: Ana Posada

La última obra en que Estela Mena funge como bailarina y directora es “Atrás de tus párpados”.

Ese no fue el caso de Estela Mena, quien desde niña sintió fascinación por la danza, pero a diferencia de otros bailarines, decidió prepararse de manera profesional. Esto le trajo como consecuencia la desaprobación familiar, la cual esperaba que ella estudiara algo “más normal” como medicina, además de las dificultades económicas que este tipo de arte involucra.

Sin embargo, Mena jamás se dio se rindió, ya que su mayor deseo era demostrar que sí se podía vivir de la danza.

Ahora, con 31 años de edad y 17 de trayectoria dancística, se dedica a tiempo completo al arte como bailarina independiente, maestra de jazz y danza contemporánea en el Estudio Danza Humanum Tempore, en el kinder Happy Days y realiza producciones conceptuales que de vez en cuando algunas empresas comerciales le solicitan. Su experiencia es un símbolo y una inspiración en este mes de la danza.

P. ¿Qué es para usted la danza?

E.M. Es lo que me hace feliz. Es algo que satisface mi necesidad de contarle a la gente mi forma de ver el mundo. Es una de las cosas buenas y bonitas que hay dentro de tanta maldad que existe.

P. ¿Cuándo inició en la danza?

E.M. Empecé ya grande, a los 14 años, porque yo tengo lo contrario al pie plano que es el pie cabo y mi mamá por eso mejor nunca me puso desde chiquita. Pero siempre me había gustado. Además, por la guerra, viví un tiempo en Los Ángeles, donde había muchos niños negritos. Ellos tenían un ritmo y una forma de moverse tan natural que a mi gustaba. Pero cuando me fui a vivir a México, ahí me metí a un taller de danza contemporánea. Luego lo dejé y entré al Instituto Nacional de Bellas Artes donde estudié teatro tres años. Ahí llevábamos la materia de danza y fue entonces cuando ya empecé a sentir que aunque me gustaba actuar, la danza era otro rollo. Como descubrí que era buena, me gustaba.

P. ¿En qué momento decidió tomarla como una profesión?

E.M. Fue cuando ya terminó la guerra y me vine para El Salvador de regreso. Acá entré al Teatro de Danza Contemporánea de El Salvador que funcionaba como compañía. Hacíamos giras anuales a Estados Unidos y en estos viajes me di cuenta de que si quería crecer como bailarina tenía que prepararme, porque el nivel que tenían los artistas de otros países no lo teníamos nosotros por mucho esfuerzo y mucho gusto que tuviéramos por la danza. Ellos eran más que egos y ganas de bailar. También, si yo quería algún día cambiar el rumbo de la danza de mi país, si no me preparaba no lo iba a lograr.

Entonces, en una de las giras, aproveché que tenía el boleto para Washington y me fui con 20 dólares a Nueva York. Gracias a Dios ahí conseguí una beca en el Broadway Dance Center donde estudié jazz, contemporáneo, ballet y danza teatro. Después, me fui al Estudio de Danza The Edge enHollywood.

P. ¿Qué dificultades tuvo en este proceso de formación?

E.M. La más grande era el dinero. Tenía le beca pero de algo tenía que comer, vestir y pagar el lugar donde vivía. También la presión de mi famila que me decía que mejor me dedicara a otra cosa, que de “brincar” me iba a morir de hambre. A veces, me frustraba porque veía cómo bailaban los demás y me daba cuenta que lo que yo hacía era menos bonito. Pero en fin, como gracias a Dios era rebelde, me quedé ahí para completar mis estudio y me empezaron a salir trabajos para bailar en compañías, musicales y comerciales donde me pagaban y ya podía vivir de mi danza.

Foto: Ana Posada

Estela Mena actúa sola en su obra “Respira”.

P. Si ya su progreso como bailarina había comenzado ¿por qué regresó a El Salvador?

E.M. Sentí que acá iba a ser más útil. Casi siempre las personas no cree en el arte salvadoreño, entonces yo dije “si nadie lo puede ver, entonces yo debo empezar a valorarlo y darle oportunidad a la gente de El Salvador”. Mi deseo era demostrar que sí se puede. Hasta el momento trabajo en ello. Estoy formando gente y, aunque ha sido un esfuerzo de años, yo puedo decir que vivo de la danza, que me da comer y que soy feliz haciendo lo que me gusta. Lo mejor es que lo he demostrado en mi país, en ese que nadie creía y que tal vez aún no creen.

P. ¿Qué de especial vio en El Salvador para valorarlo de es manera?

E.M. Que somos un país donde suceden tantos problemas que de alguna manera necesitamos desahogarnos de una manera creativa. Nos empapan de ideas para hacer cosas diferentes que, por muy buenos bailarines técnicos que sean los extranjeros, no las tienen. Es algo especial que solo acá existe.

P. ¿Por qué es difícil que la gente crea en la danza?

E.M. Porque lo ven solo a través del dinero. Yo sé que es importante, sobre todo en un país del tercer mundo como lo es este, pero pienso que uno puede tener mucho dinero y no ser feliz. Además, hoy en día cuánta gente ha terminado carreras como Administración de empresas, es decir, ahora ya no solo es exclusivo de los artistas estar mal. Yo siempre he preferido estar sin dinero haciendo algo que me guste.

P. ¿Cómo se puede lograr que la danza también sea un medio donde se gane dinero?

E.M. Para empezar con la preparación, porque la danza también es una profesión como cualquier otra, lo que pasa es como la mayoría de bailarines lo toman como pasatiempo y se dedican en serio, por ejemplo a ser digamos químicos, cómo esperan que los que no se dedican a danzar los tome en serio. Luego con un medio baile que hagan quieren que se les llenen los teatros cuando en realidad un esfuerzo total no han hecho para ofrecer algo de verdad bueno. El público se merece respeto y calidad. Entonces, una vez que se empiece por la formación y a bajar los egos infundados, ahí se va a empezar a notar el cambio, el trabajo va a ser más vendible y así se podrá vivir del arte. Pero ese es un proceso de años y cuestión de cada uno.

P. ¿Qué opina de los que se dicen bailarines sin tener una formación profesional?

E.M. Pues es como decir que uno es pintor, porque quién no ha hecho un dibujo en su vida.

P. ¿Cuál es el cambio que la danza necesita en El Salvador?

E.M. Conciencia tanto de bailarines como del público en general de que los artistas no somos ni vagos, ni gente que no tiene nada qué hacer, al contrario que, como todos, nos esforzamos por conseguir algo y que aunque seamos solo algunos, tenemos nuestra profesión. También, que la danza vale y es una opción para el futuro.

P. ¿Qué meta quiere lograr a través de su trabajo como profesional en la danza?

E.M. Llegar a representar bien a El Salvador fuera. No como los pobrecitos después de la guerra, sino por nuestro esfuerzo y creatividad. Que la gente diga “esos bailarines de ese de ese país tan chiquito tiene una buena propuesta”.

 

 

 

 

 

Amplia formación y experiencia
 

Estela Mena recibió una formación tanto en El Salvador como en otros países. Además ha pertenecido a diferentes grupos dancísticos.

Es actriz, bailarina y profesora de jazz y contemporáneo.

En México, estudió teatro en el Instituto Nacional de Bellas Artes y Danza en la Universidad Autónoma de México donde participó en las compañías de danza y teatros Gebert Darlen, Danzoteer, Albatros y Ballet Latino. Estuvo becada en el Broadway Dance Center en New York y en el Estudio de Danza The Edge en Hollywood California.

Fue parte del grupo de danza de la UCA y de la UES dirigido por Francisco Castillo y perteneció a la Compañía de Teatro de Danza Contemporánea de El Salvador dirigido por Miya Hisaka y Francisco Castillo. Ha participado en presentaciones en México, Nicaragua, El Salvador, USA, Italia y España. Formó parte del VivraJazz Studio desde 1995 hasta 2003.