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A máxima velocidad en plena ciudad

Edith Portillo
Redacción

“Zúmbale mamo pa' que mi gata prenda los motores (...) Y a ella le gusta la gasoliiina, dame más gasoliiina”.

El estribillo del famoso éxito del reggaetón comienza a retumbar en los parlantes de la unidad de la ruta 44 que, desde hace ocho años, Marvin Paniagua conduce en el tramo desde la urbanización Santa Elena hasta la colonia Zacamil.

Foto: Edith Portillo

La ruta 44 hace su recorrido desde la urbanización Santa Elena hasta la colonia Zacamil.

Son las 6:30 de la mañana y unos 25 pasajeros que abordan la unidad, entre los últimos bostezos que deja soltar el madrugón, se dirigen a sus lugares de trabajo o estudio al ritmo de “La gasolina”.

La pegajosa melodía no solo hace las veces de despertador para los usuarios. Marvin, con sus codos apoyados sobre el timón del microbús y volteando repetidamente la cabeza hacia atrás por la ventana, presiona el acelerador también siguiendo el ritmo de la canción.

“Hey, maje, dale, que ahí viene ya el otro carro (microbús). El aviso del cobrador de la unidad hace mover entonces la aguja de velocidad que hasta ese momento se mantenía en reposo en la última parada de Santa Elena.

La carrera ha comenzado y no es en una pista para autos. Es, como se ha vuelto ya una costumbre, en las calles de la zona metropolitana de San Salvador.

El súbito arranque del microbús hizo que una estudiante, con su maqueta de figuras geométricas en mano, estuviera a punto de caer en el pasillo de la unidad. “¡Ay, no, qué báaarbaro! A estos sí que les vale irlo ‘samaqueando' todo a uno. Enseñe, hija, mejor le voy a llevar”, le dijo una señora a la colegiala, mientras le tomaba la maqueta para que ella pudiera sostenerse mejor.

La ausencia de semáforos en la zona industrial del Plan de la Laguna se convirtió entonces en escenario perfecto para continuar la competencia, sorteando algunas señales de “alto” y golpeando sobre los túmulos, hasta llegar a la parada de la Basílica de Guadalupe, donde la presencia policial obliga al menos a frenar un poco la adrenalina de los motoristas.

El ritmo acelerado se retomó sobre la avenida 49 y el bulevar de Los Héroes, pero la carrera terminó esta vez en el centro comercial Metrocentro. El microbús “rival” se había quedado atrás, esperando que la luz del semáforo cambiara al verde.

El objetivo de la competencia entre los microbuses es claro: llegar antes que l otro a la siguiente parada y subir más pasajeros. “Es que pues sí, a nosotros nos pagan un porcentaje según lo que hagamos (de tarifas de pasaje cobradas) y por eso es entonces la disputa”, reconoció Marvin al final del trayecto.

Según los registros de la oficina de Servicios de Tránsito Centroamericanos (SERTRACEN), hay 4 mil 556 microbuses del transporte colectivo en el país. Y aunque el porcentaje de accidentes de tránsito se redujeron el año pasado respecto de 2004, hay un dato que aún alarma a las autoridades: durante 2005 hubo 92 detenciones de motoristas del transporte colectivo y de carga por manejar bajo los efectos de cocaína o marihuana.

El mismo Marvin admitió que es una práctica utilizada por algunos conductores. Mientras, los usuarios, aun concientes de no recibir el mejor servicio, creen no tener más que encogerse de hombros. Marcela Vides, una pasajera que se conducía en la unidad, lo resume: “El trato a veces es bien yuca, pero igual qué va a hacer uno, no tenemos otra opción que viajar en microbuses”.
 
 

 

 

 

 

   
 

Multimedia

Entrevista con Marvin Paniagua, Motorista Ruta 44
Opiniones ciudadanas
   
 

Lo que dicen los números

4 mil 556 microbuses del transporte público tiene SERTRACEN en sus registros.
27 motoristas de transporte colectivo y de carga fueron capturados en 2005 por conducir bajo los efectos de la marihuana.
65 conductores del transporte público y de carga fueron detenidos por manejar bajo efectos de la cocaína durante el año pasado.