Solo 25% de víctimas denuncia estafas
Jessica Ávalos
Redacción
26 de febrero. Roxana llegó al banco Cuscatlán de Quezaltepeque para cobrar la remesa enviada por su esposo. Salió del lugar con 300 dólares, dinero justo para los gastos del mes siguiente.
 |
Foto: Jessica Avalos |
| Dinero de mentiras. Los timadores intercalan billetes falsos o pedazos de papel en los paquetes utilizados para engañar a la gente. |
|
Una cuadra adelante del banco vio como a sus pies caía un paquete de dinero. Según sus cálculos se trataba de una buena cantidad porque el billete de encima era de 20 dólares. La emoción le impidió agacharse rápido a recogerlo. Una flaca mujer, sin embargo, lo tomó rápido y con discreción.
En ese momento creyó haber perdido la “oportunidad de su vida”. La otra mujer tenía otros planes y le dijo: “Mire, como las dos lo vimos al mismo tiempo vamos a agarrar la mitad cada una. Véngase, vayamos a un lugar más solo, porque puede aparecer el dueño”.
El deseo de ganar le hizo caminar casi por inercia a un pasaje solitario. Ahí, la mujer le indicó que si alguien venía a preguntar debían decir que ellas no habían visto nada.
No había terminado de hablar, cuando llegó un hombre a interrogarlas. “Buenas tardes, señoras. Disculpen que las interrumpa, pero es que acabo de perder un paquetillo de dinero y pensé que talvez ustedes habían visto algo”, dijo.
“Nosotras acabamos de venir, no hemos visto ningún dinero”, dijo exaltada la mujer. Mientras, Roxana sólo observaba y no podía disimular los nervios.
“Bueno…eso a mi no me consta, pero si me enseñan el dinero que ustedes andan lo podría comprobar, porque el pisto que yo he perdido está marcado con plumón”, agregó el hombre.
La mujer no dudó en sacarse lo poco que ella andaba en su cartera, sin embargo el paquete encontrado lo había escondido en su blusa. Roxana dudaba en sacar lo que acababa de cobrar en el banco, pero la mujer le insistió en que lo enseñara.
Al final pudo más la presión de los dos sujetos y terminó por sacar los 300 dólares. El hombre lo contó. Bastó un minuto más para que apareciera otro sujeto en un vehículo polarizado. En un abrir y cerrar de ojos, Roxana los vio desaparecer, llevándose todo su dinero.
Cultura de la no denuncia
Casos como este se repiten constantemente tanto en la capital como en el interior del país. De acuerdo a datos policiales, el perfil de la gente estafada corresponde a gente de pocos recursos y con un nivel mínimo de escolaridad. Del total de casos que se dan, solo un 25% queda registrado en las estadísticas oficiales.
“La gente no denuncia estos casos porque creen que de nada servirá y después nos echan la culpa de que estos maleantes sigan haciendo de las suyas”, sostiene el Inspector de la regional policial central, Jacobo Vásquez.
“De qué me sirve ir a la policía, si más es el tiempo que pierdo, porque por esas babosadas siempre los dejan libres”, sostiene Santos García, otra víctima más de los timadores.
Los afectados argumentan no denunciar porque la policía no hace nada al respecto. La policía, por su parte, sostiene que no pueden indagar porque la gente no impone las denuncias. La Corte Suprema de Justicia plantea que mientras la Policía no presente pruebas válidas de cada caso no puede hacer nada.
Desconocimiento de la ley
Según Alex Bonilla, abogado penalista, estos casos de estafa simple se están haciendo más comunes principalmente por la desinformación de la población respecto a las leyes que le amparan ante estas situaciones.
El artículo 215 del Código Penal establece: “Quien obtuviere para si o para otro un provecho injusto en perjuicio ajeno mediante ardid o cualquier otro engaño o sorprender la buena fe, será sancionado con prisión de cinco años si la defraudación fuere mayor de 200 colones”.
La ley es muy precisa en señalar que una defraudación mayor a 23 dólares será objeto de penalización. Pero este dato no es manejado por los ciudadanos, quienes prefieren quedar en el anonimato. |