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Obras de mitigación en La Lechuza: La seguridad a prueba

Paola Sosa
Redacción

Las lluvias de finales de mayo se cargaron los trabajos que el ministerio de Obras Públicas realiza para minimizar el impacto del invierno. Hace dos semanas, las obras en la quebrada la Lechuza, sobre la alameda Manuel Enrique Araujo, en San Salvador, se vieron severamente afectadas y reducidas a escombros. Las excavaciones, los cimientos y hasta la maquinaria fueron arrastrados por la corriente del río Arenal.

El 8 de junio una nueva tragedia llegó a las obras de reconstrucción. El obrero Gabriel Franco de 30 años murió soterrado luego de que un paredón se derrumbara sobre él y otros dos de sus compañeros de trabajo, los cuales fueron rescatados con vida por los cuerpos de socorro.

Según algunos empleados, ellos ya habían notificado a sus superiores del riesgo al que se exponían, sobre todo de la vulnerabilidad del suelo tras las fuertes tormentas que habían azotado al país en esos días. Los obreros se quejaron de la vibración que producen los automóviles que circulaban en el carril de la alameda que no fue cerrado para la realización de las obras. No fueron escuchados.

Los trabajadores estaban en condiciones de riesgo y no fue sino hasta después de este accidente que se les brindó una póliza de vida por 10 mil dólares y se colocaron vigas de acero para anclar el talud del que se desprendió la tierra que sepultó a Franco.

Las comunidades, en riesgo

Los residentes más próximos a la zona han sido evacuados de sus casas para evitar un incidente mayor. Tal es el caso de María del Rosario Peña, quien espera que las obras de contención le brinden mayor seguridad a su familia.

“Cuando fue el huracán pasado (Stan, octubre 2005) pensé que me moriría ahogada; si la casa se me llenó todita de lodo”, aseguró Peña.

Pero no todos opinan igual que ella. Emérito Guadrón piensa que los trabajos únicamente harán que toda el agua desbordada del río fluya por otro lugar y afectará a otras comunidades.

Las primeras casas que colindan con la construcción están prácticamente en el aire, ya que las lluvias junto con las obras han erosionado el suelo.

Aunque en esas viviendas por el momento no habita nadie, el temor de los propietarios es que con el más mínimo movimiento se desplomen y nadie se responsabilice. “Yo me salí de la casa por seguridad”, relata Amanda Montes, otra vecina del lugar. “Yo no me regreso hasta que no me la dejen bien y no me importa de quién sea la responsabilidad”, agregó.

Obras no pararán

Pese a lo ocurrido, el ministro de Obras Públicas, David Gutiérrez, dijo que la muerte de Franco no fue por culpa de la falta de seguridad en la zona y añadió que las obras no se detendrán.

Según los estudios realizados por el MOP y Multipav ( empresa responsables de las obras que no se ha pronunciado por lo sucedido), se concluyó que la tierra es estable, pero que para evitar nuevos accidentes harían menos inclinada la pendiente de los taludes, así como también se anunciaron otros refuerzos en medidas de seguridad los cuales aún no se han hecho públicos.

Los proyectos se desarrollarán en 140 días aproximadamente y, según el MOP, se realizan las 24 horas del día bajo lluvia o sol. Los trabajos tendrán a un costo de 2.7 millones de dólares y consisten en la demolición de la bóveda existente y construcción de caja doble rectangular de concreto, muros antes del cauce, edificación y reparación de cabezales, losas  antes de la entrada, muros guarda niveles y conformación de taludes.