Portada Multimedia Edición actual    
Ayuda
 
Portada / Noticias

 

 
 

Una vida que hizo historia en el periodismo salvadoreño

Carolina Díaz
Redacción

Tiene ochenta y cinco años. Fuerte. Vigoroso. Está vestido con un pantalón café, camisa verde, con unas sandalias gastadas de mozote, calcetines azules y, rodeando sus muñecas, un reloj en cada mano. Desde el comienzo se muestra amable. Al sonreír, sus bigotes grisáceos se mueven con ligereza, sus labios delgados se estiran con malicia; mientras su voz alegre invita a iniciar la charla.

Foto: Carolina Díaz
Adrián Roberto Aldana a dedicado la mayor parte de su vida a el ejercicio periodístico.

Se acomodó en una hamaca, con el teléfono a la par. “Soy Adrián Roberto Aldana, un hombre inquieto, acostumbrado a saltar obstáculos”, comenzó diciendo. Según relató, nació en el puerto de La Unión, el 7 de enero de 1920. Fue el último hijo del matrimonio Aldana Flores. Su padre Otto Roberto Aldana Murry trabajaba de jefe de muelle en el puerto de La Unión. Su madre Rosario Flores de Aldana fue una mujer dedicada al hogar y al cuido de los niños.

•  No viví mucho tiempo en La Unión, dijo.

Cuando tenía dos años su padre se trasladó con toda su familia al puerto de Acajutla, donde también trabajó como jefe de muelle. “Desde entonces solo he vuelto a La Unión unas seis veces, por tramites, ni familiares tengo allá”, agregó.

Hizo su kinder garden en Acajutla, la primaria en la escuela República de Chile, en San Salvador y la secundaria en el Colegio Don Bosco. Antes de terminar la secundaria se pasó al convento de la orden de las Somascas, donde inició sus estudios sacerdotales. Ahí aprendió latín, italiano, filosofía, letras y teología. “Yo soñaba con ser sacerdote, estaba muy joven, solo pensaba en aprender mucho y conocer Roma”, explicó. Sin embargo su deseo no se consumó. Completó sus estudios eclesiásticos, hizo los votos de castidad, obediencia y pobreza; pero por la edad no pudo consagrarse. Se necesitan 23 años para ser cura, él sólo tenía 19, le dijeron que esperara a cumplir la edad pero decidió renunciar.

“Mis papás estaban de acuerdo con que yo fuera sacerdote. Cuando renuncié, mi papá me castigo”, expresó.

Aconsejado por amistades, “para que se hiciera macho”, Otto Aldana inscribió a su hijo Adrián en el Primer Regimiento de Infantería, ubicado donde ahora es el mercado Ex –Cuartel. Ahí estuvo dos años, consiguió el grado de sub-sargento y se encariñó con la vida militar. Luego, intentó ingresar a la Escuela Militar para seguir su carrera; pero aunque tenía la edad suficiente su estatura lo traicionó. “Me faltaba un centímetro y medio, por eso no pude entrar”, comentó.

Aldana asegura que su estadía en el Primer Regimiento le ayudó mucho a su desarrollo, sobre todo deportivo. Estando ahí, fue campeón nacional de 100 y 200 metros planos, en el regimental, durante las olimpiadas de 1948. Además, practicaba mucho fútbol. Por ello, al salir de ahí se inscribió en el Club Deportivo Cuscatlán. “Me gustaba ese equipo, pero como no me pagaban también lo dejé, pero seguí jugando por mi cuenta”, comentó.

Todos los fines de semana Aldana viajaba a Guatemala para jugar con un grupo de amigos argentinos. Entre ellos estaba “el che” David, “el pibe” Vázquez, Vicente Santa Colomba y otros. “Con ellos también conocí al famoso comandante Ernesto Guevara, el ‘Che', él también jugaba ahí”, narró mientras su voz se elevaba y el brillo de sus ojos iba en aumento. Según dijo, por cuestiones de trabajo ya no pudo ir a Guatemala y perdió contacto con algunos amigos, pues, por ese tiempo el Ministerio de Cultura le dio una equivalencia a sus estudios de teología, letras y filosofía por un profesorado en educación primaria y normal. Así, comenzó a trabajar como maestro en una escuela de Santa Tecla.

“Yo no sabía, pero mi vida de periodista estaba a punto de comenzar”, manifestó entre risas. Luego siguió la charla que más parecía monólogo.

En 1947, cuando trabajaba de profesor, Aldana fue invitado por Guillermo Fuentes Castellanos a un festejo del Día del Periodista, en el diario Tribuna Libre. Ante los colegas de su amigo Castellanos, Aldana recitó el poema Ingrata Mujer, con ello se ganó la simpatía de los presentes . Las propuestas de trabajo no tardaron en llegar. A las pocas semanas, Aldana ya trabajaba en ese periódico, que años después pasó a ser Diario El Mundo.

“¿Qué si estudié para periodista?”, preguntó, sonriendo de lado y con la mirada fija. “No” – contestó. Entonces explicó que sus estudios sacerdotales eran suficientes para ejercer el oficio y que, además, él contaba con la astucia necesaria para ejercerlo bien. Al instante, sacó de su pantalón una billetera café; de ahí extrajo una libreta pequeña, de papel bond, repleta de letras azules. “Fíjese bien”, sentenció. “Esta es mi vade mecum” (Siempre va conmigo, tradujo del latín). Según dijo, en cada página hay un caso; pues, cada cosa interesante que oía la anotaba, luego, hacía sus investigaciones. Así, obtuvo éxitos hasta que se jubiló.

Como periodista vivió muchos eventos importantes en la historia, por ejemplo: la revolución cubana. Mientras trabajaba en El Diario de Hoy, fue enviado a Cuba, para cubrir el fin de la dictadura de Fulgencio Batista. Allá se encontró con su viejo amigo “el che” Guevara, quien lo ayudó a obtener información de primera mano.

- En ese tiempo tuve que mentir, dije que había conocido al doctor Guevara en La Habana. Ni con mis papás comenté de Guatemala, porque entonces se pensaba que todo el que era amigo del “Che” era comunista; yo no lo era. En verdad nunca he creído en la política, la veo solo como una industria para conseguir buenos puestos, declaró.

Según relató el mismo Aldana, solo estuvo en la fortaleza La Cabaña, en Cuba, durante una semana. A pesar de que su amigo, el “Che”, lo invitaba a quedarse por más tiempo. “Yo le dije que no podía, que en San Salvador me esperaban mi mujer y mi hijo de cuatro años”, comentó. Entonces el famoso guerrillero le pidió que saludara a sus viejos amigos y se despidieron.

El primer hijo de Aldana tiene ahora 55 años. Se llama Ítalo Bruno. Él es el fruto de la unión de Aldana con Ernestina Rivas Palacios. Nunca se casaron, pero vivieron juntos hasta que ella murió. Al poco tiempo, Adrián Roberto Aldana se acompañó con Dominga Martínez, quien le dio una hija: Claudia Aldana.

Ítalo Bruno comenta que desde que él y su hermana eran pequeños comprendían la vida de su padre y lo admiraban. Sin embargo, Dominga, la madre de Claudia, no pensaba lo mismo. Al respecto Aldana comenta que era una vecina la que mal aconsejaba a su mujer, diciéndole que ella necesitaba un hombre de tiempo completo, no un periodista que anduviera de arriba para abajo. “¿Cómo le iba a dedicar las 24 horas del día sin perder las noticias?, se pregunta el periodista. De ese modo los problemas se intensificaron y llegó la separación. “A mi nunca me tuvo del pelo nadie, yo necesitaba total libertad para ejercer el periodismo”, aseguró.

De repente, el entrevistado dio un giro a la plática y dejando su vida familiar volvió a hablar del periodismo. “Después de la revolución cubana dejé El Diario de Hoy, mi meta desde que me metí al periodismo era llegar a La Prensa Gráfica”. Según él, dicho medio ofrecía más prestaciones, más garantías; incluso más prestigio. “Ahí trabajé más de 35 años, redactando, tomando fotos, hasta que me jubilé”, señaló.

“Como fotógrafo fui bastante bueno”, presumió. “En 1969, una de tantas veces, dije que iba para Juayúa y me fui hasta Tegucigalpa, Honduras. Para la gente del lugar, yo era un hondureño más, así me enteré de los pormenores del ataque contra El Salvador que se estaba organizando en ese país. Con la ayuda de unos contactos, pude volar sobre el aeropuerto Toncontín, donde fotografié a los 192 aviones a propulsión a chorro que nos atacarían. Esa foto sirvió de referencia para que el gobierno salvadoreño atacara ese punto exacto y defendiera nuestra patria. Así, mi foto fue decisiva en el desarrollo de la guerra de las Cien horas”, narró.

Como la anterior, Aldana cuenta interminables anécdotas que fueron el material de los tres libros que publicó: Lo que no se pudo decir (1960) , Aventuras y desventuras de un periodista salvadoreño (1984) y ¿Quién mató al Che? (1996).

En la actualidad, once años después de su jubilación, descansa en su casa el periodista Aldana. El hombre de baja estatura y grandes historias que, en 1995, fue denominado por La Prensa Gráfica, como el mejor periodista salvadoreño de todos los tiempos. La modesta vivienda, ubicada en Mejicanos, impacta desde lejos. Un escarabajo, verde, estacionado al frente, anticipa con letras y dibujos la personalidad y vida de su dueño. Luego, la pared principal, que es una enorme bandera de Italia, en honor a su abuelo paterno, incrementa la curiosidad. El interior de la casa tampoco es común. Está abarrotado con las fotos, las placas y medallas que apoyan las palabras del personaje. Ahí, junto a la puerta, agitando la mano, Aldana despide a su invitada. “Vuelva pronto, y dígale a sus amigos que me visiten”.