| Crónica Una inauguración a medias
Lyl Álvarez
Redacción
La semana del comunicador 2005, denominada “Mirá, Escuchá y Proponé”, quedó públicamente inaugurada el pasado lunes en una tarde poco soleada. Los reunidos en el llamado “bosque de Arquitectura” esperaron durante más de hora y media los concursos y una “batucada” con solo cuatro integrantes.
Ya comenzado el medio día los jóvenes encargados de la inauguración agregaron un poco de humor al posesionarse del micrófono, mientras ponían música y realizaban una que otra dinámica para llamar la atención de las personas que pasaban por la entrada peatonal. “¡Quién quiere un balde de cerveza!” gritaban los locutores para intentar que más personas se acercaran al recinto. Pasó la hora prevista para la apertura y las caras de angustia se dejaron notar. “Ya casi estamos listos para empezar” gritaron, mientras por grupos de cuatro o más, los estudiantes se retiraban desilusionados.
Para no permitir que más presentes se alejaran del lugar, lanzaron el concurso mejor evaluado del momento. Por una cerveza, una señorita tenía que cambiar su blusa por otra de color rojo. Los invitados se veían unos a otros para estar al tanto de quién sería la valiente chica que haría aquel espectacular “show”. “Yo, yo” dijo una sonriente y nerviosa joven, quien se levantó y se dispuso a realizar la prueba, no sin antes ser rodeada por un grupo de compañeras que impidieron mostrar alguna parte voluptuosa de su cuerpo, ante los curiosos ojos de los espectadores del sexo masculino.
“Lo logró” dijo un “bicho” que se había levantado del suelo para no perderse ni un detalle.” ¡No se vale!” dijo otro ante la imposibilidad de ver el busto de la joven.
Era la una de la tarde, el hambre atacaba con dureza. En ese momento, La inauguración se redujo a los anuncios de la fiesta por cinco dólares en el sonar de las bocinas, a la música de rock pesado y a la espera eterna de una batucada fantasma. Como era de esperar, en un abrir y cerrar de ojos la multitud se desesperó y poco a poco tomaron la decisión de abandonar el lugar.
“¡Hey! ¡No se vayan!” gritaba el animador Walter López “vamos a regalar más cerveza...” y sin más que decir le dieron un silencio profundo al micrófono. Los “chicos con rastas” se acercaron al lugar con tambores y baquetas anunciando el“son brasileiro” que pondría alegría a los estudiantes vestidos de rojo.
“¿Estamos listos?” preguntó López. “¡Venga!” y sonó el pito y el tambor. Cuatro personajes que antes de comenzar inhalaron un cigarrito y se disponían a dar el toque tan esperado al “bosquecito”. Pero no lo lograron. Ellos se convirtieron en cuatro músicos que no alcanzaron a levantar los ánimos ni mover las caderas de nadie. |